La publicación de Hábitat para la Humanidad Internacional | 2003/2004
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La participación local es esencial para la labor de Hábitat
La participación local es esencial para la
labor de Hábitat


La participación de
familias socias tales como los Morales de Santa Cruz de Yojoa, Honduras (esta página) y voluntarios tales como el grupo marista de El Salvador (página opuesta) es esencial para el éxito de Hábitat
.

Cuando el fundador y presidente de Hábitat para la Humanidad, Millard Fuller visitó Guatemala a finales de los años setenta, vio algo que ya le había conmocionado en Estados Unidos y África: familias a las que habían dejado sin hogar los desastres
naturales, matrimonios en peligro por la inseguridad de viviendas poco sólidas construidas con sobras de madera y niños sin un lugar seguro para dormir.

Fuller decidió hacer algo respecto al problema y en 1979 nació Hábitat para la Humanidad Guatemala. Francisco Mendoza Calín y su familia se mudaron a la primera vivienda de Hábitat de América Latina en marzo de 1980.

“Nos ayudaron porque nuestra vieja casa se derrumbó con el
terremoto” indica. “Cuando se construyó la vivienda estábamos muy contentos por la gracia de Dios y la ayuda de Hábitat”.

Lo que comenzó como un esfuerzo para ayudar a la familia Mendoza Calín en Aguacatán (Guatemala) se ha extendido hasta incluir a más de 50.000 familias de casi todos los países de América Latina y el Caribe. Desde julio de 2001 hasta junio de 2002, los voluntarios y socios beneficiarios construyeron 6.353 viviendas en la región, más de 17 viviendas por día.

La clave del crecimiento de Hábitat en América Latina y el Caribe según Torre Nelson, vicepresidente de dicha área, es el liderazgo local. En lugar de gobernar desde un punto central, Hábitat deja la autoridad para la toma de decisiones en manos de los miembros de la comunidad.

“Los grupos locales deciden qué constituye una vivienda digna” dice Nelson. “Estas son las personas que seleccionan los criterios para ser propietario de una vivienda de Hábitat y que trabajan con las familias para asegurarse de que las casas que construimos juntos sean más que simples edificaciones. Recaudan fondos, reclutan voluntarios y proporcionan el liderazgo y la visión sobre cómo se puede eliminar de nuestras comunidades la vivienda infrahumana”.

La participación de la iglesia, otra parte importante del éxito de Hábitat en América Latina, con frecuencia se centra en la Semana Santa y en un evento llamado “Construyendo sobre la Fe”. En el año 2002, cerca de 1.000 voluntarios construyeron 46 viviendas en Costa Rica durante Semana Santa y más de 200 iglesias construyeron 166 viviendas en Guatemala, México, Honduras, Bolivia, El Salvador y Paraguay durante el evento “Construyendo sobre la Fe” del año 2000.

La amplia participación de la comunidad continúa siendo una necesidad para vencer los retos que afronta la región. Uno de ellos es la adquisición de terrenos adecuados para la construcción, es decir, terrenos que estén cerca de las oportunidades de empleo pero no en una montaña con gran pendiente, en el lecho de un río seco o con riesgo de deslizamientos de terrenos y terremotos.

Otro desafío es buscar nuevas formas de extender la oferta de proporcionar viviendas dignas y asequibles a la gente con ingresos más bajos. Incluso con las ventajas de un préstamo sin intereses y mano de obra voluntaria, las viviendas de Hábitat todavía quedan fuera del alcance de algunas fami-lias. El programa “Ahorro y Construcción” permite a las fami-lias formar grupos, unir sus recursos y construir sus viviendas por etapas para reducir el impacto económico de pagar por la casa entera de una sola vez.

“Las herramientas tradicionales que Hábitat para la Humanidad ha utilizado todavía son muy efectivas para satisfacer las necesidades de muchas familias, pero una sola solución nunca puede ajustarse a las necesidades de todos” dice Nelson. “Tenemos que buscar continuamente formas nuevas e innovadoras de asegurarnos de que todo el mundo tiene acceso a una vivienda sencilla y digna”.

La urgencia es real: La Organización de Naciones Unidas estima que 200 millones de personas por toda América Latina y el Caribe vivían en la pobreza en el año 2000. Sin embargo, el avance de Hábitat también es significativo y la capacidad para crecer aún más está aumentando. Hábitat trabaja por toda la región en distintas comunidades, desde ciudades grandes hasta pequeñas aldeas, pero con un propósito único: cambiar vidas y construir sueños, casa por casa.


Por Rebekah Daniel

Local Involvement Key to Habitat’s Work, by Rebekah Daniel

When Habitat for Humanity founder and president Millard Fuller visited Guatemala in the late 1970s, he saw something that had already touched his heart in the United States and Africa: families made homeless by natural disasters; husbands and wives strained by the insecurity of flimsy scrap-wood houses; children without a safe place to sleep.

Fuller decided to do something about the problem, and in 1979, Habitat for Humanity Guatemala was born. Francisco Mendoza Calín and his family moved into the first Habitat house in Latin America in March 1980. “They helped us because our older house fell with the earthquake,” he says. “When the house was built, we were very happy for the grace of God and Habitat’s help.”

What began as an effort to help the Mendoza Calín family in Aguacatan, Guatemala, has expanded to include more than 50,000 families in nearly every country in Latin America and the Caribbean. From July 2001 to June 2002, volunteers and homeowners built 6,353 houses in the region—more than 17 houses per day.

The key to Habitat’s growth in the Latin America/Caribbean area, according to LAC area vice president Torre Nelson, is local leadership. Instead of governing from a central location, Habitat puts decision-making authority in the hands of community members. “Local groups decide what constitutes a decent house,” Nelson says. “They are the people who select the criteria for homeownership, and work with the families to make sure that the houses we build together are more than just buildings. They raise funds, recruit volunteers and provide the leadership and vision for how poverty housing can be eliminated in their own communities.”

Church involvement, another important part of Habitat’s success in Latin America, often centers around Holy Week and an event called “Building on Faith.” In 2002, nearly 1,000 volunteers built 46 houses in Costa Rica during Holy Week, and more than 200 churches built 166 houses in Guatemala, Mexico, Honduras, Bolivia, El Salvador and Paraguay during “Building on Faith” in 2000.

Wide community involvement remains a necessity to meet the challenges facing the region. Acquiring land suitable for building—land that is close to employment opportunities but is not on a steep mountainside, in a dry riverbed or at risk from mudslides and earthquakes—is one of them.

Another challenge is seeking new ways to extend the offer of decent, affordable housing to people with lower incomes. Even with the advantages of a no-interest loan and volunteer labor, Habitat houses are still out of reach for some families. The “Save & Build” program allows families to form groups, pool their resources and build their houses in stages to lessen the financial impact of paying for an entire house at one time. “The traditional tools that Habitat for Humanity has used are still very effective in addressing the needs of many families, but one solution will never fit the needs of everyone,” Nelson says. “We need to continually look for new and innovative ways of making sure that all people have access to simple, decent housing.”

The urgency is real: The United Nations estimated that 200 million people throughout Latin America and the Caribbean lived in poverty in 2000. However, Habitat’s progress is significant as well, and the capacity for even more growth is increasing. Across the region, from large cities to tiny villages, Habitat works in many different communities, but with a singular purpose: to change lives and build dreams, one house at a time.

 

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