| La publicación de Hábitat para la Humanidad Internacional | 2003/2004 |
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Construyendo más que casas en Chiapas
En muchos lugares del mundo, el papel neutral y no discriminatorio de Hábitat para la Humanidad en comunidades divididas con frecuencia transforma la organización en una fuerza catalizadora para la reconciliación, como lo evidencia su labor en Irlanda del Norte, Sudáfrica y otros lugares. Hábitat también está trabajando eficazmente en la región históricamente dividida de Chiapas (México) al mismo tiempo que mantiene su principio fundacional de no tomar partido en favor de grupos religiosos o políticos. Este estado mexicano del sur ha estado hostigado durante mucho tiempo por contiendas políticas, religiosas y étnicas. En 1994, un afiliado Hábitat comenzó a construir en esta conflictiva región. Inicialmente se asoció con las comunidades desterradas, fundamentalmente formadas por evangélicos y un grupo menos numeroso de católicos. Poco a poco, el número de familias que construían viviendas de Hábitat en estos asentamientos creció.
Con el tiempo, Hábitat comenzó a construir con organizaciones y comunidades evangélicas, como Bautista Grande, en el municipio de Chamula. La participación de este grupo en actividades y cooperativas solicitadas por el municipio ofreció una muestra tangible de su enfoque ecuménico. De acuerdo con Manuel Pérez Porras, coordinador de programas del afiliado, la comunidad Bautista Grande ha unificado los esfuerzos de varios grupos con opiniones divergentes y también ha construido en asociación con Hábitat la mayoría de las 445 viviendas de Hábitat del afiliado. Durante las sesiones de capacitación con posibles familias socias y otras comunidades, el afiliado San Cristóbal, dice Porras, ha utilizado como modelo la ética de trabajo y coexistencia con otras creencias (especialmente las “tradicionalistas”) características de la comunidad Bautista Grande. A nivel personal, Porras dice que ha hecho muchos descubrimientos como resultado de su interacción con las familias socias de Hábitat de esta área. “He aprendido que uno debe conocer cada comunidad, respetar y adaptarse a sus manifestaciones de unidad y además fortalecerlas”. Una membresía variada dentro del comité regional también demuestra el deseo del afiliado de romper las barreras y fomentar el entendimiento. Tanto católicos como “tradicionalistas” y evangelicos trabajan juntos con éxito, dice Porras. Sin duda queda trabajo por hacer, pero se ha sembrado la semilla de la reconciliación y esperamos que continúe creciendo por todo Chiapas. Building More Than Houses in Chiapas In many parts of the world, Habitat for Humanity’s neutral and non-discriminatory role within divided communities often transforms the organization into a catalyst for reconciliation, as evidenced by its work in Northern Ireland, South Africa and elsewhere. Habitat also is working effectively in the historically divided region of Chiapas, Mexico, while maintaining its foundational tenet to take no sides. Chiapas has long been beset by political, religious and ethnic strife. In 1994, a Habitat affiliate began to build within this conflicted region. Initially, it partnered with ostracized communities, largely comprised of Evangelicals and a smaller number of Catholics. Soon, the number of families building Habitat houses in these settlements grew. Over time, Habitat began working with organizations and evangelical communities, such as Bautista Grande, within the municipality of Chamula. This group’s participation in municipality-requested activities and cooperatives demonstrated tangible proof of its ecumenical approach. According to Manuel Perez Porras, affiliate program coordinator, the Bautista Grande community has unified efforts among various groups with divergent opinions. It has also built a majority of the affiliate’s 445 Habitat houses in partnership with Habitat. During training sessions with prospective homeowners and other communities, the San Cristobal affiliate, says Porras, has used Bautista Grande’s work ethic and coexistence with other faithsparticularly the “traditionalists”as a model. On a personal level, Porras says he has made many discoveries as a result of his interactions with the area’s Habitat homeowners. “I’ve learned that one should get to know each community, adapt and respect their manifestations of unity and reinforce them,” he says. A diverse membership within the regional committee also demonstrates the affiliate’s desire to break down barriers and build understanding. Catholics, “traditionalists” and Evangelicals are all working successfully together, says Porras. The seed of reconciliation has been planted and, hopefully, will continue to grow throughout Chiapas. |
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