La publicación de Hábitat para la Humanidad Internacional | 2002/2003 |
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6 Cochabamba, Bolivia
Entre altas tasas de interés e ingresos mensuales de menos de $200 US, la familia Verdúgüez sólo podía pagar el alquiler de 2 cuartos pequeños en una casa de adobe desvencijada. Las paredes tenían grietas, el estuco se caía, y cuando llovía se filtraba agua por el techo. Rómulo, de 45 años, y Adela, de 41 años, se esforzaron al máximo para crear un lugar adecuado en donde sus 6 hijos, de 3 a 21 años, podían dormir. Sin tener un baño interior, la familia tenía que salir por la calle para accesar a baños y duchas públicas usados por 80 personas más. Cada persona tenía que pagar 32 centavos por cada uso. El agua del sistema público estaba disponible sólo una vez por semana. A pesar de las dificultades de su vida, la familia Verdúgüez trabajó duro para convertirse en propietarios de una casa de Hábitat. "Trabajando con otras familias para construir nuestras casas me ayudó a crecer como ser humano," dice Adela. "Reconozco el valor de la amistad . . . Nuestra casa, como todas las casas de Hábitat, es fruto de un esfuerzo común." Después de trabajar en asociación con otros propietarios durante 3 meses, la familia Verdúgüez se mudó a su casa de Hábitat en 2001. 7 Santa Cruz, Bolivia Lorenzo Tórrez cree que ganó no solamente una casa sino también una comunidad al convertirse en propietario de una casa de Hábitat. "Cuando me instalé en mi casa alquilada, no saludaba a nadie. Cada vecino hacía su vida y estaba receloso de los demás," recuerda el Sr. Tórrez. "Ahora saludo a todo el mundo. Nos miramos el uno por el otro y nos reunimos para fiestas de cumpleaños, graduaciones y Navidad. Me encanta vivir aquí y sentir que pertenezco de verdad a una comunidad." El Sr. Tórrez es presidente de la junta directiva de Hábitat de Santa Cruz.
Cuando se casaron hace 15 años, Juana y Miguel Cubilla ya soñaban con una vida mejor. Se mudaron de una choza frágil con techo de paja a otra choza de madera más resistente con techo de estaño. Sin embargo, se convirtió de pronto en un hogar inseguro cuando los agujeros en la madera sirvieron de invitación a las ratas, cucarachas, mosquitos y arañas a convivir con los Cubilla y sus 3 hijas. "Teníamos que salir para ir al baño," dice Miguel. "El baño no tenía techo y cuando llovía había que llevar un paraguas." Hoy se ríen al recordarlo, pero los problemas fueron realmente serios durante los 6 años que vivieron bajo estas condiciones. Con la ayuda de Hábitat de Paraguay, los Cubilla terminaron su casa de ladrillo en 2000.
Ademar de Souza y su esposa Valderene pagaban casi la mitad de sus ingresos para alquiler una vivienda. Cuando se subió la renta hace 2 años, no la podían pagar. Construyeron entonces una choza que medía 4 x 3 metros de madera, cartón y plástico de desecho. Aquí vivieron con su hija de 7 años, Samara. El baño "privado" de la familia era una letrina exterior cubierta por un plástico negro atado a unos árboles. A fines del año 2000, cada miembro de la familia soñaba con mudarse a su casa de Hábitat. Ademar, que trabaja de noche, añoraba una casa fresca para dormir durante el día. Valderene quería tener un baño interior, una cocina de gas y espacio suficiente para cuidar de sus hijos. Samara anhelaba un dormitorio decorado con flores. Los sueños de la familia de Souza se hicieron realidad en enero de 2001, unas semanas después del nacimiento de su hijo Fernando. 10 Non Pariel, Guyana Antes de mudarse a su casa de Hábitat, Monaselle Allen vivía con sus 8 hijos y 8 nietos en un apartamento de sólo un dormitorio. No tenía ni electricidad ni baño y tenía que traer agua del jardín. Cuando llovía o se bañaban los vecinos de arriba, el agua se filtraba por el techo, fluyendo sobre las paredes y el suelo. Monaselle confiesa que aunque hubo momentos en que pensaba que no podía terminar su casa de Hábitat, valió la pena. Ahora dice, "Si alguién me puede animar, y al final logro tener un hogar sano y seguro, ¿por qué no lo voy a hacer por alguién más? De esto se trata la vida. De esto se trata el cristianismo. Todos debemos ayudar al prójimo." Un año después de terminar su casa, Monaselle Allen sigue desempeñándose como voluntaria de Hábitat. (regresa al mapa) |
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