Hábitat trae esperanza a familias en Veracruz

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Alfredo Morales Rosas trabaja en la construcción de su nueva casa Hábitat.
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Por Heather Wilkinson
Celsa Crisóstomo Lira y su esposo Alfredo Morales Rosas habían perdido la esperanza de alguna vez ser propietarios de una casa. “Mi esposo quien es taxista recibe un sueldo tan bajo que no nos alcanza jamás para obtener una casa,” dice ella. Sin embargo, la esperanza de la familia renació cuando fueron seleccionados para convertirse en una familia socia de Hábitat para la Humanidad. “Desde el primer momento, sentí algo muy bueno con Hábitat,” ella recuerda.
Los tres hijos de Celsa — Eliécer de 7 años, Montserrat de 5 años y Esteban de 3 años — están particularmente emocionados con la nueva casa. “Entienden que estamos construyendo su casa. A todo el mundo le han contado que se van a cambiar de casa. Verlos tan felices nos hace felices a nosotros como padres.”
Una casa de Hábitat significa mucho más que un techo sobre la cabeza. Tener propiedad sobre una casa provee estabilidad y fortalece a las familias. Celsa dice que ella y su esposo están aliviados por salir de su casa alquilada. “Vivimos actualmente en renta y es muy caro. Cuando uno menos piensa te piden la casa y hay que cambiarse de nuevo. Eso nos ha pasado mucho. No hemos podido estar estables en un solo sitio. Pero gracias a Dios, ya no va a ser así. Tendremos nuestra propia casa.”
Trabajar con Hábitat ha sido una lección de dar y recibir para Celsa y su familia. “Trabajar con las familias ha sido muy bonito. En Hábitat nos han enseñado muchos valores, como el de compartir, aprender de Dios. Creo y estoy segura que ahora creemos más en Dios. Antes no éramos tan unidos como familia.”
Para Celsa y su familia, la experiencia de Hábitat llega más allá del lugar de construcción. “Para mi ha sido maravilloso ser parte de este proyecto. Estoy inmensamente agradecida con Hábitat. Tengo la esperanza de que Hábitat nos dé la oportunidad de llegar a más familias para que esto no se quede aquí.”