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Una hermosa forma de conocer el país

   
 

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Mauricio (izquierda), con un grupo de voluntarios en Peñas Blancas, Costa Rica.

   

Mauricio Artiñano, costarricense, se confiesa un veterano del voluntariado. Su afición por plasmar la solidaridad en ayudas concretas inició cuando estaba en el colegio y un profesor de Estudios Sociales llevó a su grupo a construir con Hábitat. En este afán de levantar paredes y hacer realidad esperanzas de familias necesitadas ha realizado actividades de voluntariado en México, Nicaragua, El Salvador, todo Costa Rica y siempre con Hábitat.

Considera que para conocer un país hay que ir más allá de las atracciones turísticas o los bellos paisajes. “Hay que ir a las comunidades pobres, conocer sus necesidades, trabajar mano a mano con familias que anhelan contar con un techo”, dijo Artiñano durante su última aventura de voluntariado en su tierra natal. “Esa es la otra Costa Rica, y que Hábitat invita a conocer al tiempo que se trabaja solidariamente por un buen propósito”.

Este año, para su cumpleaños, decidió que quería festejarlo con un día de voluntariado con Hábitat. Envió un correo a sus amigos invitándolos a unirse a su particular celebración. Diecinueve de ellos aceptaron, algunos ya lo había acompañado a sus labores voluntarias en otros lugares, y otros inauguraban su primera aventura constructiva.

“Realmente fue una bonita experiencia, ensuciarse por un buen propósito como este deja una gran satisfacción”, dijo un voluntario. “Además, Hábitat nos organizó una reunión con los representantes de la Asociación de Desarrollo del lugar, que nos contaron de las necesidades que tiene su comunidad y de las obras que han hecho. Fuimos a visitar varias y eso fue importante para el grupo, porque conocimos más nuestro país a través de esa vivencia”.

La visita también contó con una buena zambullida en la poza del lugar, ofrecida por el río Peñas Blancas, que alivió los esfuerzos de la construcción que realizaron durante el día.

Aun cuando la solidaridad se convirtió en su ejercicio profesional, como Encargado de Voluntariado de la Asociación de Empresarios para el Desarrollo de Costa Rica, Artiñano comenta que cada experiencia de voluntariado es diferente y siempre es una hermosa forma de conocer el país, dondequiera que se realice. “Las vivencias del voluntariado enriquecen más allá de la ayuda directa a familias y hogares necesitados, hacen personas más conscientes que disfrutan ensuciarse para hacer un mundo mejor.”