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El Salvador celebra la casa número 2.000

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Un casa típica en El Salvador.

El 21 de agosto del 2002, cuando Julio Segundo dio un vistazo hacia afuera por la puerta principal de su casa, se percató de una escena muy inusual. Había sillas desplegables por toda la calle al lado del parque, usualmente un lugar muy transitado. Se veían pasar hombres y mujeres con cámaras. El servicio secreto merodeaba por su casa observando una pequeña cortina colocada al lado de la puerta. Julio ojeó lo que había debajo de la cortina y sonrió. Ahí escondida se encontraba una placa que explicaba toda la conmoción. En ella se podía leer la frase: “Hábitat para la Humanidad El Salvador, Casa 2.000”.

Julio vive en la Casa 2.000 con su esposa Gloria, y sus tres hijos, Julio, Gloria y Cecilia, en Nuhuizalco, Sonsonate. La familia Segundo fue honrada en esta entrega especial de casa junto con la familia Chaves, la primera de todas las familias en recibir una casa de Hábitat en El Salvador.

“Nunca nos imaginamos que llegaríamos a 2.000 casas de Hábitat”, dijo Gumercindo Chaves. “Hay tantas organizaciones que llegan y luego se van. Pero esta creció”.

Antes de pasarse a su casa de Hábitat en 1992, Gumercindo y su esposa Berta tenían cinco niños y vivían en una casa tan lejana que le tomaba a Gumercindo alrededor de dos horas para llegar al trabajo. Ellos eran propietarios de un lote que les había dado otra organización, pero nunca habían cumplido el sueño de poder construir en él. Hábitat ayudó a que ese sueño se hiciera realidad.

También estaba presente en la celebración el Vicepresidente de El Salvador, Carlos Quintanilla Schmidt, quien comparó la vida en El Salvador con una cita del teólogo William George Ward, la cual dice: “Los pesimistas se quejan del viento; los optimistas esperan que el viento cambie; los realistas ajustan sus velas”.

“Estas familias, con la presencia de Hábitat para la Humanidad, no esperaron que el viento cambiara, sino que a ellas se les mostró una puerta… Estas familias fueron más allá, y tomaron una actitud realista, uniendo su propio trabajo con el trabajo de Hábitat y ajustando las velas por sus propios medios, lo cual las llevó a enfocar su energía y determinación en esfuerzos que abrirían aún mayores puertas “, afirmó Schmidt.

Para Segundo, “mayores puertas” quiere decir vida para sus hijos. Él quiere que se gradúen de secundaria y encuentren buenos trabajos. Durante la entrega, él invitó a otras familias para que se uniesen a Hábitat y prometió seguir trabajando con la comunidad para que todas las familias encuentren los medios para adquirir un lugar digno donde vivir.

“Lo material no es realmente importante”, dice Segundo. “Para mí, ayudar a que mis hijos se hagan profesionales y no tengan que sufrir como nos pasó a nosotros es lo que más importa. Hábitat nos ha ayudado a progresar”.
María Polumbo