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Un nuevo hogar para Flor

“Estoy agradecida con las personas que me ayudaron a construir mi nuevo hogar, no los conocía, pero estos muchachos trabajaron como si la casa fuera también de ellos”.

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Muy contenta con estas palabras, Flor de Maria Torres Hernández (26) reconoce con gratitud el apoyo que recibió de Hábitat, donantes, y voluntarios de la Universidad de Ingeniería que la ayudaron a construir su casa. Y no es para menos, pues antes de mudarse a su nueva casa de Hábitat, alquilaba un cuarto para ella y sus hijos en el Barrio San Luis, un populoso barrio de la ciudad de Managua.

“Mis hijos no podían jugar en el patio porque los vecinos se disgustaban por el ruido y cada familia tenía asignada una acera de dos metros cuadrados para que nuestros hijos jugaran…Usar el baño y el lavandero era un sacrificio de todos los días, pues era una rutina la competencia entre familias por ser las primeras en usar los servicios. Vieran las correderas de más de 24 adultos por bañarse primero para llegar temprano a su trabajo”, recuerda Flor.

La fecha de pago del alquiler era un momento de tensión para Flor, pues, si no pagaba ese día, el dueño de la casa podría echarla a la calle sin piedad. La cuota de pago era variable, si el dueño de la casa creía que había consumido más agua o energía eléctrica simplemente duplicaba la cuenta. Había que limitarse para el baño, lavar ropa y acostarse temprano.

Al igual que muchas otras familias que encontraron en Hábitat la oportunidad de vivir dignamente, Flor proviene de una familia pobre. Como madre soltera, trabajaba bastante para mantener a sus hijos y pagar el alquiler del cuarto donde vivían.

El contacto con Hábitat
Cuando conoció Hábitat, Flor se encontraba viviendo en una precaria casa con paredes de zinc en un terreno donado por la alcaldía de Managua en el Barrio Los Laureles Sur.

“Cuando escuché hablar de Hábitat para la Humanidad que estaba iniciando una filial en Managua, fui a la oficina, llené una solicitud asistí a las capacitaciones. Cuando me informaron que había sido seleccionada para ser dueña de la segunda casa que Hábitat Nicaragua construiría en Managua, acepté la noticia como un milagro de Dios”, recuerda Flor con emoción.

Hoy en su nueva casa, la vida es mas llevadera. Aunque recientemente, perdió su trabajo como mesera en un restaurante, eso no la desanima. Ahora tiene trabajo como vendedora ambulante de cosméticos.

“Antes pagaba US $ 25 de alquiler y la casa no era mía, ahora pago menos y la casa es mía y de mis hijos…Con la nueva casa la vida de mis niños ha cambiado, ahora pueden correr, gritar y nadie les regaña, tengo mi propio jardín y los niños tienen rato de no enfermarse…Mis vecinos me preguntan cómo pueden hacer para tener una casa igual a la mía, yo les digo que vayan a las oficina de Hábitat para la Humanidad, que ellos sí ayudan a los pobres”.
Pablo Gómez Lazo