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No es solo una casa. ¡Es un mejor futuro!

06_02_2006_familia_hphguatemala_doc-1.jpPor Sara Harris
QUEZALTENANGO, Guatemala, junio 2006.-
En Pasac Primero, una pequeña aldea de Quetzaltenango, Rosa vive con sus cinco hijos: Mayra, de 11 años; Rosendo de 8, Juan de 6, Odilia de 5 y Moisés de 5 años, también.

El más pequeño, Moisés, no es su hijo biológico. Al pequeño lo abandonaron, y lo adoptó, sin importarle su pobreza y ser una madre soltera, pues su esposo la abandonó a ella y a sus hijos hace dos años.

Su casa destruida por el Huracán Stan
El pasado octubre, la Tormenta Stan destruyó la casa del papá de Rosa, en la que ella y sus hijos vivían. La casa está ubicada en un lugar de riesgo, a orillas de un risco. Cuando la tormenta azotó el lugar, algunos árboles cayeron y destruyeron el techo y partió el piso en varios puntos. Además, su casa, como ella decía, se inundó.

Rosa y sus hijos perdieron todo y no tuvieron otra opción que trasladarse a una casa temporal hecha de láminas.

“Debido a que mi casa se inundó, cuando pasó la Tormenta Stan, sabía que tenía que salir de allí. Corrimos a la casa de unos parientes, pero durante la noche la tormenta acabó con esa casa también. Mi familia perdió dos casas esa noche. Nadie salió herido, pero quedamos sin hogar”, explica Rosa.

“Construimos un pequeño refugio con láminas –continúa- Mis hijos y yo vivimos allí por seis meses en condiciones muy adversas. La lluvia y el viento se metían por entre las láminas, lo que hacía que las noches fueran más frías, por lo que mis hijos y yo nos amontonábamos para dormir todos juntos en ese único cuarto. Temía por el futuro de mis hijos viviendo en una casa temporal, sobre todo si otra tormenta nos alcanzaba.”

Rosa supo de Hábitat por otros conocidos que ya tenían casas con Hábitat y la animaron a solicitar la suya. Para calificar al programa, fue necesario que tuviera un terreno. Por 06_02_2006_familia_hphguatemala_doc-2.jplo que junto a su papá juntaron lo que pudieron y compraron un terreno en un área plana, en una localidad segura a diez minutos de donde vivía antes.

Una casa nueva y segura
Después de un corto proceso, todo estaba listo para iniciar la construcción, que duró alrededor de 20 días. Rosa dice que su casa es perfecta; por primera vez, su familia tiene un baño real en lugar de una letrina.

Ella y sus hijos ya no se preocupan por la humedad y el frío, ya que el viento y la lluvia no entran en la casa.

La familia tiene suficiente espacio para todos y sus pertenencias, y lo más importante, Rosa siente que sus hijos están seguros y a salvo. Ya no tiene que preocuparse por las inundaciones, porque su casa está en un área segura y no hay árboles que peligren alrededor de la casa. Ella sabe que su casa aguantará las inclemencias del tiempo porque es resistente.

De hecho, nos dijo “Mis hijos están mejor que nunca, más sanos y felices. Por ejemplo, Moisés tiene las mejillas suaves otra vez. Antes las tenía resecas debido al frío de las noches. Tenemos más espacio que nunca, por lo que puedo tener una mesa para compartir los tiempos de comida y para que los niños puedan hacer las tareas de la escuela. Estamos más seguros en este lugar, lo que me da una sensación de paz y tranquilidad.”

El ingreso es poco, pero alcanza
Rosa trabaja tiñendo e hilando el algodón para venderlo a los tejedores locales, con lo que gana cerca de 80 dólares al mes. Debido a que su ingreso es muy bajo, su padre, que trabaja en una fábrica, también la ayuda.

Dado que es madre soltera y gana tan poco, Rosa nunca podría calificar para algún tipo de préstamo normal para comprar o construir una casa, por lo que está profundamente agradecida con Hábitat para la Humanidad y todo el apoyo que ha recibido de varios donantes para su casa nueva.

“Estoy feliz de haber encontrado a Hábitat, que estuvo con nosotros cuando ninguna otra organización lo estuvo. Algunas veces las bendiciones le siguen a los tiempos malos, ya que aunque mi familia sufrió, ahora tenemos nuestra propia casa”, agradeció Rosa.

“Gracias a toda la gente que ayuda a Hábitat para la Humanidad. Nunca hubiera podido costear una reconstrucción por mi propia cuenta. Hábitat es una buena organización que ayuda a la gente necesitada como yo. ¡Gracias por esta gran bendición!”

Para más información escribe a Karla Recinos, Krecinos@habitatguate.org