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Las galletas de la suerte

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Anne Bell cargando mezcla en una carretilla.


Por Anne Bell

RIO GRANDE DO SUL, Brasil, marzo 2007.-
Cuando estaba en el restaurante chino conversando con mi esposo sobre mi trabajo con Hábitat en Sao Leopoldo, Brasil, me di cuenta que los cientos de ladrillos, carretillas de mano llenas de arena y mezcla, y la temperatura por encima de los 40 grados, no serian lo que recordaré cuando rememore mi aventura.

Pero, sí las palabras del representante de las familias que dijo, “He trabajado duro todos los días durante 40 años. Merezco una casa para vivir”. O, al presidente de la Cooperativa Progresso quien pensó que sus sueños no se realizarían y dijo, “Esperare hasta el final del proyecto para decir, ‘gracias’”.

Recordaré las lecciones de portugués e inglés en los andamios con personas que pronto serian mis amigos del alma, donde pudimos aprender las palabras “por favor”, “gracias”, “más ladrillos y mezcla” y, no podía faltar la palabra “CALOR”.

Sonreiré cuando recuerde al farmacéutico quien pensó que mi compañero calvo, estaba pidiendo Shampoo, hasta que le expliqué que el sentía dolor de cabeza y necesitaba, solo una aspirina. Esta historia, estoy segura, será dividida y curtida en los dos idiomas.

Observaré la foto con un mensaje que dice “gracias” en dos lenguas por una propietaria nueva que ahora tiene suficiente espacio en su casa para proteger a su hija.

Pero más que todo, recordaré a mis nuevos amigos, a mis compañeros de diferentes partes del mundo, y principalmente a los brasileros, a los niños de la vecindad, a los nuevos propietarios y a los miembros de Hábitat Brasil que nos trataron como a su familia. Como se dice “Usted tuvo que estar allá”.

Cuando terminamos de cenar, abrimos nuestras galletas de la suerte. Allá estaba escrito en el primero, “Una grande caminata comienza con los primeros pasos”. Entonces, hablaré al líder de la Cooperativa de las tres primeras casas que construimos son apenas el primer paso. Espere, usted verá más.

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Niños de Isla de los Marineros durante una representación teatral.

El segundo mensaje decía así, “Nosotros no podemos quedar totalmente satisfechos con nuestro suceso”. Por esto digo, “Si pudieras haber visto el amor en los ojos de los pequeños ángeles de Isla de los Marineros que viven en un vertedero, nunca podrías sentirte satisfecho.

A estos ángeles digo, “¡Hasta el año que viene!”

Para mas información escriba a Elves Castillo, Assessor de Relaçãoes com Igrejas a elvescastilho@habitatbrasil.org.br Visite: habitat@habitatbrasil.org.br


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