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“Agarre mis cosas, a mis hijos y fui a vivir bajo una carpa”

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Primitiva sosteniendo en brazo a su hijo. Detrás su refugio temporal; carpa, chapas, etc.


Por Marisol Anzoleaga

ORURO, Bolivia, junio 2007.-
Es la historia registrada en un vídeo de la oficina de Hábitat en Oruro. Me emocioné mucho al ver esas imágenes y más aún al oír el testimonio que a continuación quiero contarles.

Doña Primitiva Pari es una señora humilde, de aproximadamente 35 años de edad. Tiene tres hijitos, todos varones; de cinco, tres y un año.

La señora Primitiva cuenta cómo vivió antes, durante y después de conocer a Hábitat para la Humanidad.

“Yo vivía en alquiler. En un solo cuartito vivíamos todos. Pagaba Bs. 150 mensualmente (US$ 19,00 aproximados). Tenía que prestar de un lado y de otro para poder pagar a la dueña de casa. Luego de un tiempo, me busqué una casa para cuidar. Ahí vivía junto a mis tres hijitos. Bien era, no tenía que pagar porque se los cuidaba la casa. Pero luego, me dijeron que desalojara; para ese entonces yo ya había conocido Hábitat para la Humanidad. Agarré mi cosas, a mis hijos y me fui a vivir ahí”.

Fue así que Primitiva, fue a vivir a la casa donde Hábitat le estaba construyendo su vivienda, cuando ésta todavía estaba en cimientos.

Se preguntarán ¿Cómo vivía en una casa que solo estaba en cimientos? Pues bien, esto es lo que ella nos cuenta: “Levanté una carpa, llevé mis cositas y empezamos a vivir en la carpa. Al principio me daba mucho miedo por las noches. Por si venían los ladrones o alguna persona queriendo hacernos algo, pero después me acostumbré”.

¿Cuántos de nosotros hemos tenido la necesidad de ir a vivir a nuestra casa nueva cuando ésta solo estaba en cimientos? Y eso no es todo. La señora Primitiva fue a vivir en esa carpa cuando era invierno y las temperaturas en el Departamento de Oruro llegaban a 15 grados bajo cero.

Tan solo tratemos de imaginarlo. Cerremos lo ojos por un momento. Imaginémonos bajo una carpa, a lado de nuestros pequeños hijos. Sintamos ese frío que nos quita el sueño, la tierra y piedras que tenemos como piso. Veámonos tratando de preparar nuestros alimentos para dar de comer a nuestros hijos. Veámonos realmente en la situación de esa familia. Ahora volvamos a la realidad. Lo que necesitamos es abrir nuestros ojos y ver que cientos de miles de familias viven en esas condiciones. Nosotros solo lo imaginamos, pero es la realidad de muchos, no solo en mi país sino en el mundo entero.

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Primitiva frente a su nueva casa. Detrás, su casita de hule, es parte de un pasado al que no desea regresar.

“A todas esas familias que no tienen casa todavía, que no pasen por lo que yo he pasado. Que vayan a Hábitat para la Humanidad. Ahí les van ayudar. Cuando yo lo vi por primera vez a Don Juan Carlos (colaborador de Hábitat en Oruro) me alegré mucho cuando me dijo que estaban dando a crédito esos lotes. Más todavía mi corazoncito se alegró al saber que luego me lo iban a construir una casita”

Ahora la señora Primitiva vive en su casa ya terminada. Una vivienda adecuada que le permitirá vivir junto a sus tres hijitos dignamente. Ya terminó de pagar su última cuota del crédito de su terreno. Y este mes iniciará el pago de su casita.

“No sé leer pero en Hábitat para la Humanidad me han enseñado cómo cuidar mi casita. Bien lindas eran esas reuniones. Ahora me siento feliz, alegre junto a mis hijitos. Voy a pagar mensualmente esas cuotas porque sé que va a ser para pagar mi propia casa, una casa que se va a quedar para mis hijos cuando yo me muera, esa era mi preocupación”

Nunca había visto una sonrisa tan llena de alegría. Era hasta contagiosa. La sonrisa abarcaba de oreja a oreja. Alimento para mi alma.

Sigamos trabajando en bien de esas familias que al igual que la Sra. Primitiva, están en una situación muy difícil, a la espera de personas que guiadas por Dios lleguen a sus vidas.

Siempre he dicho y lo mantengo, el mejor trabajo está en Hábitat, porque nos pagan por hacer algo que considero es un propósito para lo cual vinimos a éste mundo, eso que nos hace crecer como personas: servir y ayudar a los demás.

La Biblia dice “Porque tuve hambre, y me disteis de comer: tuve sed y me disteis de beber; fui forastero y me recogisteis; estuve desnudo y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a mí” (San Mateo 25: 35 – 36)

Asimismo, “De cierto os digo, que en cuanto lo hicisteis a uno de mis hijos más pequeños, a mí me lo hicisteis” (San Mateo 25: 40)

Doña Primitiva Pari radica en la urbanización Pedro Ferrari, del Departamento de Oruro, Bolivia. Vive junto a su esposo, y sus tres hijos. Si alguna vez van de visita a dicho lugar, es posible que durante el día la vean por las calles de la ciudad, vendiendo helados, actividad diaria que le permite generar algo de ingresos para su familia.

Para más información escriba a Tito Lima, director de Hábitat Bolivia a tlima@habitatbolivia.org Visite: www.habitatbolivia.org


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