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Jóvenes en Acción: Grupo de promotores comunitarios

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Por Karla Vanesa Palacio Navarro

QUIMBAYA, Colombia, Noviembre 19, 2007.-
Colombia siempre ha sido un país hermoso, multicultural, rico en flora y fauna, con un talento humano incalculable, sin embargo es injustamente estigmatizado por flagelos de violencia, drogas ilícitas, desorden social y moral.

Pero las oportunidades para cambiar en realidad son infinitas. Los colombianos poseemos muchas virtudes, fuertes lazos de hermandad y el deseo talmente de trabajar por alcanzar el bienestar social, en todos sus niveles y esferas, como la base de la organización y por ende la oportunidad de vivir en Justicia y Paz.

Decidí estudiar Servicio Social por lo señalado más arriba. Me considero una abanderada del ideal. Creo en mi país, en mi gente y estoy convencida que, aunque sola no puedo cambiar al mundo, sí puedo hacer mi parte. Y con el interés de muchos otros como yo podremos empoderar a los grupos humanos para que trasformen su realidad social y se proyecten logrando alcanzar sus metas.

Jóvenes en Acción
La idea de trabajar con jóvenes surgió a partir de los resultados de un diagnóstico que señalaba la considerable tendencia de presencia joven en la población. Surgió así la necesidad de formarlos como Promotores Juveniles trabajando en el fortalecimiento de sus habilidades sociales y desarrollo personal. Asimismo en el desarrollo de sus competencias y habilidades para adaptarse a diferentes ambientes y, formar redessociales.

Soy voluntaria de Hábitat Colombia, organización que ha sido un medio, tanto para mi como para otros jóvenes que están transformando sus comunidades.

Dentro de uno de los lineamientos de Hábitat Colombia, se plantea la “Movilización Ciudadana”. Y el Programa Juvenil y Estudiantil de Hábitat tiene como misión captar la imaginación, energía y esperanza de personas jóvenes, con el propósito de involucrarlos productiva y responsablemente en la labora de Habitat.

Un enorme reto profesional y personal
El desarrollo del trabajo con el grupo Jóvenes en Acción, ha permitido asumir un enorme reto profesional y personal.

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Les hablo de 115 jóvenes que en un principio eran personas desconocidas para mi, igual que yo para ellos.

Así que cautivar su atención y motivarlos a ver el otro lado de la moneda, el lado amable, no fue tarea fácil, más aún cuando tenía algunos antecedentes de padres ausentes, violencia intrafamiliar, escasos recursos económicos, problemas alimenticios, entre otros, además de brotes esporádicos de violencia a mano armada.

Frente a estas dificultades, no había un futuro prometedor para mi trabajo con la comunidad, pero algo más fuete y grande que todo ese mal panorama que me rodeaba, me permitió ver un camino, una salida.

Dios convirtió todo lo que estaba en mi contra, en una oportunidad, dándome las herramientas y el coraje necesario para comenzar, de allí los padres se me unieron y luego los muchachos pusieron muco de su parte, desde luego siempre lo difícil es comenzar.

Cada uno de los integrantes del grupo traía consigo un mundo de posibilidades, a partir de sus propias necesidades.

Sus necesidades eran potencialidades, a diferencia de la mayoría de adultos, que ante el fracaso o la impotencia se detienen y desisten de sus planes. Estos jóvenes veían en sus propias necesidades el motor para trasformarlas, le apostaron al todo por el todo, a la conformación de este grupo y eso, para mi, fue más lo enriquecedor y formativo que cualquier clase magistral de la Universidad.

Ellos, tan solo en unos días, me llevarían a adentrarme en un conocimiento del trabajo comunitario que ningún texto académico podría hacer.

“Educando para un Hábitat mejor”
Uno de los retos, nacido de la preocupación de los integrantes de Jóvenes en Acción fue acerca el problema del manejo inadecuado de las basuras (residuos sólidos) que aceleradamente comienza a generar múltiples focos de contaminación (Cucarachas, ratones, mosquitos, entre otros), y que influyen directamente en la disminución de la calidad de vida de la comunidad.

Este problema ambiental, requirió de la generación, estructuración y ejecución de propuestas alternativas de concienciación y educación, promoviendo una cultura ambiental que generara valores, principios, deberes y responsabilidades, necesarias para hallar soluciones efectivas.

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De allí nació el Proyecto “Educando para un Hábitat mejor”, desarrollado a la luz de proyectos productivos, involucrando a toda la comunidad, pero especialmente a los jóvenes, quienes encontraron en esta propuesta la oportunidad perfecta para establecer un puente de comunicación entre los sectores externos, la escuela y su propia comunidad, conociendo a fondo las problemáticas y comprendiéndolas desde la perspectiva de la dimensión ambiental, desarrollando un fuerte sentido de pertenencia por los problemas que aquejan a su núcleo familiar y comunitario, como parte importante de la formación de promotores juveniles.

“Educando para un Hábitat mejor” se compone de cuatro líneas principales: Educativa, Organizativa, Investigativa y Productiva.

Esto permitió el desarrollo de un proceso educativo teórico-práctico que generó conciencia ambiental, a través de varias actividades aprovechando los diferentes espacios de reflexión, contribuyendo a la formación de nuevos ciudadanos solidarios, comprensivos, responsables y críticos en el manejo de residuos sólidos, con bases de una ética con miras a la construcción de una nueva sociedad que tenga como uno de sus ejes fundamentales la calidad de vida.

Actualmente, “Educando para un Hábitat mejor” se halla en la etapa de Producción, con un proyecto de lombricultivo, el cual ha sido diseñado y construido por los integrantes del grupo con mucho sacrificio, generando un nivel de integración sin precedentes en las actividades realizadas por el mismo.

Debido a la enorme complejidad de las dinámicas sociales actuales, se hizo necesario que las acciones sobre los grupos humanos que tratamos sean organizadas, permitiendo descubrir hacia dónde vamos y a qué le apuntamos. No basta solo con las acciones inmediatas, sino que es preciso encaminarlas sobre la consecuencia de un proyecto.

El cambio empieza por nosotros
Cuando los conocí, su mundo parecía minúsculo, no pasaba de los sitios más cercanos a su casa. Sin embargo, al enseñarles a observar, es decir, a ver detenidamente lo que cotidianamente tienen frente a ellos afloraron las preguntas, las inquietudes, las asociaciones de ideas, el interés por profundizar en aquello, que para ellos no era mas que paisaje.

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Hoy, a pesar de las muchas dificultades por la que hemos pasado, de las muchas aventuras viviendas y del cambio que aún queda por recorrer, no podría cambiar ni un solo día de los vividos.

La tarea que se me encomendó resultó para mí el mayor honor que se me puede haber imputado, y que no sería posible sin el apoyo indiscutible que Hábitat para la Humanidad Colombia me ha dado desde el principio.

Mis muchachos y muchachas, han demostrado que si se quiere cambiar al mundo, primero debemos cambiar nosotros mismos. Pues si se mira en la correcta perspectiva, tenemos 15 jóvenes que no piensan en delinquir, lastimar a su prójimo o venderse por unos pesos. Tenemos 15 jóvenes con mejores relaciones familiares, cada día más interesados en el futuro de su comunidad, entendiendo que los problemas se solucionan con ideas honestas, dispuestos a debatir respetuosamente los diferentes puntos de vista, que no deben tener otro rumbo, que el de buscar mejores condiciones de vida.

*Karla Vanesa Palacio Navarro voluntaria de Hábitat para la Humanidad. Actualmente se encuentra cursando Programa de Trabajo Social en la Universidad del Quindío en Armenia, Colombia.

Para más información escriba Angelica Acosta d_recursos@etb.net.co Visite www.hphcolombia.org


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