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La historia de una fe que movió montañas

Agosto 7, 2009

   
 

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Victor Hernandez era toda felicidad en el día de la inauguración.

   


REPÚBLICA DOMINICANA
—Doña Aída María Castillo y su esposo, Víctor Hernández, son una pareja de edad madura y de escasos recursos. Ellos pensaron que nunca tendrían una segunda oportunidad para tener casa propia.

Debido a circunstancias familiares, Doña Aída María perdió su casa, y por mucho tiempo se resignó a vivir bajo realidad de no tener vivienda propia. Sus condiciones económicas se fueron deteriorando cada vez más y sus niveles de ingreso habían disminuido considerablemente.

Sin ahorros suficientes para construir o comprar una nueva casa, vivían en condiciones que nunca imaginaron. Pagando una buena parte de sus ingresos por concepto de alquiler, sus esperanzas eran mínimas; no era posible aumentar sus ingresos, ni mucho menos ahorrar: para ellos todos los caminos estaban cerrados.

Pero un día la esperanza de tener un techo propio tomó un nuevo impulso. Doña Aída recibió la información sobre lo que estaba ofreciendo Hábitat para la Humanidad en el Proyecto Monte de Sión, en su natal San Francisco de Macorís, al noreste de Santo Domingo. Este fue el inicio de una carrera contra el tiempo, para poder cumplir con los criterios de selección de familias, y con su esposo Víctor, reorganizó su presupuesto familiar. Poco a poco fueron ahorrando, pero todavía no completaban los requisitos de aprobación.

Hábitat República Dominicana debía entregar estas viviendas de inmediato a familias elegibles y aprobadas; el día límite se acercaba y sus esperanzas se desvanecían. Después de esperar hasta el último día, cuando sus esfuerzos se agotaban, la vida le dio una hermosa sorpresa: en la inauguración misma del proyecto habitacional Monte de Sión, pudieron completar el monto necesario para apartar su casa, y allí firmaron el tan esperado contrato… seis meses de lucha incansable habían llegado a un final feliz.

“Gracias Dios mío, no tengo con que pagarte, mi Señor!”, exclamaba entre lágrimas dona Aida, mientras sostenía fuertemente en sus manos las llaves que le acreditan como propietaria de la vivienda que tanto anhelaba, y donde espera pasar el resto de sus días. Ahora ellos pueden tomar el monto que pagaban de alquiler para cubrir las cuotas de su propio techo.

Su esperanza no fue motivo de vergüenza… y la vida misma se encargó de premiarla.

Para más información sobre Hábitat para la Humanidad República Dominicana, visita su perfil.

Por Johnny Bidó, Coordinador de Comunicaciones para Hábitat República Dominicana.
Fotos cortesía de Hábitat República Dominicana