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De un sueño inalcanzable a una realidad transformadora

Agosto 7, 2009

   
 

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Aquí se observa a Cristina, trabajando con una brigada de voluntarios.

   


REPÚBLICA DOMINICANA
—Transcurría el año de 1997 cuando Humberto Valdez y Cristina Bido Morillo se unieron en matrimonio. Por diez años después, vivían junto a los padres y hermanos de Humberto.

Cuatro familias compartiendo un solo techo, cada una en espacios de dos habitaciones donde convivían con los niños que nacían uno tras otro, hasta que el número llegó a 21 personas en un lugar en el que sólo un máximo de seis podrían habitar dignamente.

La estrechez e incomodidad preocupaban cada vez más a Humberto, quien se veía atado de pies y manos por sus limitaciones económicas. Estas cuatro familias tenían que compartir un solo baño, que era usado también por los clientes de Humberto, quien tenía una peluquería para hombres en el mismo lugar. Los niveles de privacidad eran casi nulos.

Las constantes discusiones por el uso del baño y el poco espacio del que disponían le hacía pensar en la búsqueda de un mejor lugar donde sus tres hijos puedan crecer y vivir de manera digna, pero la escasez de recursos se interponía una y otra vez entre Humberto y sus sueños de tener un techo propio y seguro para su familia. Los riesgos de contagiarse de alguna enfermedad eran altos, debido al hacinamiento e insalubridad que le rodeaban.

La lluvia, bendición de Dios para la tierra, se convertía en pesada carga para ellos, y sufrían impotentes las filtraciones en el interior de su única habitación, la cual compartían con sus tres hijos, dos camas pequeñas para cinco personas. Cada vez que llovía, todos tenían que dormir en la misma cama, pues la segunda permanecía mojada por varios días, a causa de las inevitables goteras.

   
 

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Humberto, mientras ayudaba en el proceso de vaciado de cemento, durante la construcción.

   

Humberto hizo los cálculos; estaba decidido a hacer hasta lo imposible para sacar a su familia de este lugar, sólo que debía tener mucha paciencia, pues, basado en sus niveles de ingresos, le tomaría 20 años acumular lo suficiente para construir su propia casa. Así que comenzó por ahorrar para comprar un pequeño terreno donde en el futuro construiría su casa. Fue en esta etapa, tras 10 años de vivir en las condiciones de hacinamiento, que escuchó sobre los proyectos de Hábitat para la Humanidad en San Juan de la Maguana, ciudad ubicada a unos 190 kilómetros al suroeste de Santo Domingo.

Sin demorar ni un solo instante, Humberto decidido a buscar un mejor futuro para su familia, acudió a la oficina local y completó todos los procedimientos de lugar. Hoy, tan sólo un año después, Humberto, Cristina y sus tres hijos han visto su sueño realidad, y visiblemente emocionados nos cuentan que, “Hace tan sólo un año, nuestro futuro parecía incierto, pero hoy, gracias a Dios y a la buena voluntad de Hábitat, tenemos nuestra propia casa”.

La comparación entre el antes y el después es inevitable para Humberto, orgulloso de haber provisto de un lugar decente y seguro para su familia, “Antes el baño era en el patio, teníamos que hacer filas cada mañana, para poder usarlo. Ahora tenemos un baño dentro de la casa y para nosotros solos. Ahora tenemos privacidad como familia”, dice el.

Al preguntársele sobre el sentimiento de sus hijos bajo este nuevo techo, nos responde que, “La felicidad que sienten nuestros hijos es contagiosa, pues antes dormíamos todos en la única habitación que había. Hoy tenemos tres habitaciones cómodas. Antes no tenían espacio para jugar y correr, pero hoy tienen un pequeño patio donde corren y saltan sin temor. La diferencia para nosotros es del cielo a la tierra, por lo que cada día doy gracias a Dios por haber permitido que Hábitat nos incluyera en su proyecto”.

Otro aspecto que se destaca en la transformación de la familia es la manera como han asimilado los principios de administración financiera que aprendieron en la capacitación de Hábitat para la Humanidad. Aplicando dichos conceptos, Humberto ha podido comprar una motocicleta que le sirve de medio de transporte para su familia.

Hoy la vida le sonríe, y además de su oficio como peluquero, también ha conseguido empleo como maestro de escuela. Para Humberto y Cristina, lo que hace poco era un sueño inalcanzable se convirtió en una hermosa realidad que transformó sus vidas en el corto plazo.

Para más información sobre Hábitat para la Humanidad República Dominicana, visita su perfil.

Por Johnny Bidó, Coordinador de Comunicaciones para Hábitat República Dominicana.
Fotos cortesía de Hábitat República Dominicana