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Argentina enfrenta el hacinamiento urbano

Septiembre 20, 2009

   
 

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BUENOS AIRES
—La Boca, un barrio lleno de puertos en la capital de Argentina, es una mezcla bipolar de turismo jovial y triste miseria.

Su calle principal está llena de artistas, con algunos apartamentos modernos y otros históricos, pintados en amarillo, rojo y azul brillantes. A la vuelta de la esquina, los ocupantes ilegales y los ciudadanos marginados habitan viviendas en mal estado y hoteles transitorios.

Restaurar los edificios de La Boca en cuartos habitables es la prioridad de Hábitat para la Humanidad en Argentina, de acuerdo con Connie Ledesma, Coordinadora de Desarrollo de Recursos para Hábitat Argentina.

“Argentina es uno de los primeros programas en hacer trabajo urbano”, dijo Ledesma, durante una presentación en un almuerzo para el personal de Hábitat, celebrado el 19 de agosto en Atlanta, EEUU.

Es también una de las más recientes adiciones de Hábitat en América Latina, abriendo sus puertas en el 2003.

“Construimos solo una casa en el 2004, ya que sólo dos familias podían cumplir con todos los criterios que Hábitat requiere”, dijo Ledesma.

El mayor obstáculo fue encontrar un terreno para construir y familias que cumplieran con el ingreso mínimo.

“Producción Social del Hábitat”
Debido a la crisis económica de Argentina en la última década, el precio de un saco de cemento subió de 9 a 40 pesos desde que Hábitat para la Humanidad opera allí. Muchos argentinos viven cerca de la línea de pobreza, y el 32 por ciento vive por debajo de ella. Incluso las hipotecas bajas de Hábitat son inalcanzables para los pobres.

“Decidimos que teníamos que profundizar en la búsqueda de soluciones que fueran eficaces, dado el alto costo de la vivienda y la población que estábamos tratando de alcanzar”, dijo.

Esto les llevó a la idea de la “producción social del hábitat”, en la cual las comunidades trabajan juntas para aportar una lluvia de ideas acerca de cómo resolver problemas a nivel local.

“Hemos descubierto que debemos aprender de lo que la gente ya estaba haciendo”, dijo, “y trabajar juntos para añadir valor mediante el uso de los recursos de todos”.

Se hizo evidente que las restauraciones eran la solución más viable en Buenos Aires. Las zonas urbanas de la Argentina contienen el 90 por ciento de la población, un tercio de la cual vive en viviendas inadecuadas.

El primer objetivo en La Boca es la renovación de un edificio abandonado en siete unidades de apartamentos unifamiliares, sirviéndoles al menos a 27 familias de bajos ingresos en los próximos 20 años. Cinco unidades se van a alquilar a aquellos que no pueden pagar una hipoteca (por un máximo de cuatro años), y dos serán vendidos a las familias que cuentan con los medios.

“Eso también es parte del plan social”, dijo Ledesma, “no crear guetos, sino integrar a estas familias en la sociedad y preservar la cultura del barrio”.

Construcción cultural
Hasta la fecha, Hábitat para la Humanidad Argentina ha servido a 298 familias, construyendo 90 nuevas viviendas y reparando 208. La mayoría de las reparaciones, 119, se llevaron a cabo el año pasado.

Soluciones Urbanas de Hábitat para Buenos Aires es el programa global en que cual recae la iniciativa de La Boca. Su objetivo es reducir el hacinamiento de la ciudad e incluye componentes tales como talleres de alfabetización financiera y jurídica, así como una campaña de sensibilización pública.

El programa urbano busca US$5,8 millones en financiamiento basado en proyectos, gran parte del cual probablemente provienen de los Estados Unidos.

Eugenia Salazar, coordinadora de desarrollo de los recursos para América Latina y el Caribe, dijo que uno de los mayores retos de la región es el de transmitir a los donantes de EEUU que la vivienda asequible no siempre se traduce como una casa nueva unifamiliar.

“Necesitamos invertir más tiempo comunicando las diferentes maneras en que trabajamos para nuestros donantes afiliados”, dijo en una entrevista el lunes durante su visita a Atlanta.

Salazar, sirve de enlace entre las 18 oficinas del país y afiliados de Hábitat EEUU que están obligadas a dar el 10 por ciento de sus ingresos anuales como diezmo para el programa internacional de su elección.

En el 2008, el diezmo de afiliados constituyó más del 27 por ciento de los ingresos de la Argentina, sólo el 2 por ciento menos que la fuente más importante del país: el financiamiento de Hábitat para la Humanidad Internacional.

La filantropía de América Latina en la actualidad es mucho menos significativa, dijo Ledesma, pero predice que la tendencia va a cambiar.

“Las donaciones y el apoyo desde el extranjero sirven para inspirar a los argentinos a desarrollar “nuestra propia cultura filantrópica”, dijo, y agregó que los argentinos, por naturaleza, tienen una actitud de solidaridad.

Sin embargo, en América del Sur, las normas de cultivo de EEUU de los donantes no siempre se aplican.

“Mucha gente allí, e incluso algunas empresas, no quieren ser reconocidas públicamente por sus donaciones”, dijo. Es parte de su cultura católica: Cuando usted le da a los pobres, no deje que su mano izquierda sepa lo que su mano derecha está haciendo”.

Para más información sobre Hábitat para la Humanidad en Argentina, visita su perfil.

Ruth E. Dávila es una escritora/editora de Comunicaciones para el Desarrollo, Hábitat para la Humanidad Internacional.