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Historias en microfinanzas para vivienda: Pedro González

Marzo 15, 2010

   
 

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Ingreso mensual bruto: **US$460
Ingreso mensual neto: US$293
Remesas mensuales: US$150-300
Fuente de ingreso: asalariado, remesas
Monto del préstamo: US$811
Plazo del préstamo: 23 meses
Rango de cuota mensual: US$23-33

Pedro González* y su familia viven en un vecindario urbano, el cual fue construido, hace aproximadamente siete años por una organización no gubernamental nicaragüense. De acuerdo a Pedro, el proyecto fue apoyado en parte por el financiamiento del gobierno holandés.

El vecindario de unidades básicas de vivienda idénticas ha evolucionado según las preferencias y los esfuerzos de cada familia. Los caminos fueron adoquinados, después que los residentes acordaran pagar US$100 por familia para la construcción de cunetas.

Pedro, quien acaba de cumplir 50 años, trabaja como chofer para la oficina local de seguridad social del gobierno. Él comparte su vivienda con su esposa, Luisa, ama de casa, y sus dos hijos, Andrea de 13, y José de 12, ambos estudiantes. Luisa es abogada, y está tratando de encontrar empleo en ese campo.

Pedro tiene un hijo, Juan de 25 años, de un matrimonio anterior. Juan vivió con la familia en su vivienda anterior, un apartamento que ellos rentaron en otro vecindario, antes de comprar su vivienda actual. Juan nunca vivió en la casa actual de su familia, puesto que se mudó a los Estados Unidos en el 2002, a la edad de 18 años. Él inmigró de forma ilegal, lo cual implicó un viaje peligroso a través de la frontera entre Estados Unidos y México, a un costo de US$4,500. Él se fue a Seattle para encontrarse con su madre, la ex esposa de Pedro, quien pagó por su viaje a los Estados Unidos.

Pedro relató que su hijo ahora tiene residencia, y melancólicamente comentó que él no quiere regresar, puesto que, “le encanta trabajar y tener un mejor pago que en Nicaragua”.

Recientemente, Juan se pasó de la casa de su madre a su propio apartamento, y trabaja, principalmente, en una estación de gasolina. Según su padre, él complementa su ingreso con una serie de trabajos adicionales, que van desde la pintura a la construcción y los servicios de mudanza, trabajando normalmente siete días a la semana. Su padre dijo que él envía un promedio de US$300 al mes en remesas, y que también cubre otros costos que van surgiendo.

Juan recientemente pagó por una motocicleta liviana para su padre de US$500, por ejemplo, y cubrió algunos gastos médicos del padre de su madrastra. Las remesas mensuales constituyen aproximadamente un tercio de su ingreso.

Pedro trató de emigrar a los Estados Unidos hace 17 años, poco después del nacimiento de su hijo. Él solicitó y recibió una visa de turista, pero se le detuvo al considerar que podría representar una amenaza migratoria, siendo retenido en un centro de migración en Miami por cuatro días. Él culpa a un compañero de viaje que lo reportó después de haber visto la triste despedida de su familia en el aeropuerto de Managua. “Entonces nos llevaron y nos dieron una gran comida en el aeropuerto de Miami… y luego nos llevaron al centro de detención”. Él fue deportado a Nicaragua, y poco después de haber regresado a su país, tomó su actual trabajo en la oficina de seguridad social.

La familia compró la vivienda hace cinco años, por medio de una hipoteca de una organización no-gubernamental local para financiar la compra. No era más que “un cajón”, comentó Pedro. La unidad básica no tenía electricidad, ni tubería, y solo contaba con acabados rústicos. Quedaba bajo la responsabilidad del comprador completar todos los acabados, incluyendo el repello en las paredes y los pisos, y la instalación de los servicios básicos. Él paga una hipoteca de US$21 al mes, lo cual él considera un pago bueno y conveniente. Como comparación, hace diez, años, él pagó 750 córdobas (US$48) en el alquiler de una vivienda de condición mediocre, antes de pasarse a la vivienda actual.

El primer paso de la familia para mejorar la vivienda fue instalar luces y tomacorrientes. Poco después de esto, empezaron a poner el repello de las paredes interiores una por una, y luego instalaron verjas en las ventanas del frente. Todas estas mejoras fueron realizadas en los primeros dos años, utilizando los ahorros del trabajo de Pedro y las remesas enviadas por Juan.

 

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Desde entonces, Pedro ha utilizado préstamos de vivienda del FDL, para completar más etapas de mejoramiento de la vivienda. Su primer préstamo del FDL fue de US$400 en el 2006, que combinó con su aguinaldo anual, para pagar un albañil y construir un muro en la parte trasera de la propiedad para mejorar la seguridad en su patio. Luego, en el 2007, él tomó dos préstamos por US$600, y los utilizó para construir las paredes y el techo de una pieza adicional que ahora funciona como cocina.

Pedro planea eventualmente convertir esta pieza adicional en un dormitorio, una vez que reubique la cocina a otra parte, en una etapa futura de mejoramientos.

Su préstamo actual es el cuarto, aprobado en noviembre de 2008 por US$811. Pedro utilizó el dinero de este préstamo para pagar los materiales y la mano de obra del piso de cerámica. Este último préstamo fue el primero en que las remesas influyeron en el análisis de su capacidad de pago, y entonces está basado en un cálculo más preciso de la totalidad de recursos que la familia tenía a su disposición.

Pedro comentó que la asistencia técnica del FDL le ayudó a determinar cuánto costaría realizar el trabajo en la pieza adicional, permitiéndole tomar una decisión fundamentada con respecto a hasta dónde la alcanzaba el préstamo para cubrir el trabajo deseado. Él habló, favorablemente, sobre el trabajo con el FDL, diciendo que lo trataron bien y que le inspiraban confianza.

Uno de los beneficios principales de trabajar con el FDL fue sus tasas de interés comparativamente bajas.

Para hacerle un favor a uno de sus vecinos, Pedro tomó un préstamo de una institución diferente para financiar las mejoras de la casa de su vecino (una vivienda similar a la de Pedro). El préstamo fue aprobado utilizando el nombre de Pedro, y el vecino ha estado pagando puntualmente.

Pedro halla manejables las cuotas al FDL, a menos que haya que incurrir en otros gastos, como los costos médicos en los que incurrió recientemente su esposa y que les causó demora en el pago del préstamo del FDL. Una vez que pague su préstamo actual, él espera tomar otro préstamo para continuar construyendo la parte trasera de su vivienda.

Este caso representa un ejemplo de cómo un préstamo progresivo de vivienda puede servir como una herramienta útil para continuar las mejoras en una unidad básica de vivienda construida por una ONG o un programa gubernamental.

Puntos clave en el caso de Pedro

  • En este caso un cliente fiel del FDL había tomado tres préstamos de vivienda en el transcurso de tres años. Puesto que su hijo había estado enviando remesas en el transcurso de ese tiempo, se puede presumir que las remesas formaron parte de la mezcla de ingresos que sirvió para pagar el préstamo.
  • El último préstamo fue el primero en que las remesas influyeron en el análisis de la capacidad de pago del cliente, y entonces está basado en un cálculo más preciso de la totalidad de recursos que la familia cliente tenía a su disposición.
  • El cliente admitió haber tenido atrasos en el pago del préstamo, pero la demora no se relacionó específicamente a algún cambio en el ingreso de remesas, sino que fue resultado de un inconveniente financiero causado por los gastos médicos imprevistos.
  • Este caso representa un ejemplo de cómo un préstamo progresivo de vivienda puede servir como una herramienta útil para continuar las mejoras en una unidad básica de vivienda construida por una ONG o un programa gubernamental.

Historia y fotos cortesía de Brendan McBride, consultor de Hábitat para la Humanidad.

*Los nombres han sido cambiados, para proteger la identidad de las personas.

 

**El ingreso bruto es el total de todas las fuentes de ingresos, mientras que el ingreso neto refleja el número de miembros familiares que viven de ese ingreso. El cálculo se realiza al restarle al ingreso bruto un estimado de la canasta básica (incluyendo alimentación, transporte y educación) para todos los miembros de la familia.