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Historias en microfinanzas para vivienda: Josefa Montoya

Marzo 15, 2010

 

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Ingreso mensual bruto: **US$350
Ingreso mensual neto: US$128
Remesas mensuales: US$350-480
Fuente de ingreso: remesas
Monto del préstamo: US$1.000
Plazo del préstamo: 23 meses
Rango de cuota mensual: US$43-76

Josefa Montoya* vive en una comunidad pequeña, donde compró el terreno donde vive hace unos 15 años, poco después de regresar de los Estados Unidos. En 1986, Josefa, su esposo y su hija de tres años, Elizabeth, emigraron a Estados Unidos, aprovechando una invitación de sus tres hermanos que ya se habían establecido en Florida. La decisión de su familia de dejar Nicaragua fue influenciada por la situación política inestable en el país en ese momento, principalmente, por el temor de su esposo a ser reclutado en el servicio militar.

En Florida, Josefa encontró trabajo en una fábrica de impresión de camisetas, donde trabajó siete años. Ella afirma, orgullosamente, que “tenía papeles” y que podía trabajar legalmente en el país. En 1989, tuvo a su hijo Ernesto en Florida, lo que lo hizo un ciudadano estadounidense.

En 1993, su esposo decidió que la familia, de cuatro miembros, debería regresar a Nicaragua para empezar una nueva vida ahí. Después de su regreso, ella y su esposo se divorciaron, y Josefa empezó a abrirse camino como madre soltera de dos hijos. Ella pasó una década construyendo esta vivienda donde crió a sus hijos, y en donde ahora vive con Felipe de 14 años y Miriam de 16 años, ambos estudiantes, y también con su nieto Anderson de 3 años de edad.

Josefa genera un pequeño ingreso al hacer y vender nacatamales en su casa, pero principalmente depende de las remesas enviadas por dos de sus hijos en los Estados Unidos para pagar los gastos familiares.

La hija mayor de Josefa, Elizabeth, de 26 años, emigró a Miami poco después del nacimiento de su hijo, dejándolo al cuidado de su abuela. Cuando le pregunté al niño si hablaba con su madre a menudo, él miró de forma confusa a mí y a su abuela. “Él cree que soy su madre”, Josefa explicó.

Elizabeth ha estado en Miami por tres años y no ha vuelto a Nicaragua. Cuando ella llegó por primera vez en el 2006, recibió apoyo de su padre, el ex esposo de Josefa, que había vuelto de Florida después del divorcio de la pareja. Josefa dijo que Elizabeth envía unos US$60 a la semana en remesas para apoyar a la familia. Las remesas pueden ser esporádicas, y algunas veces de montos mayores.

Su hijo Ernesto se mudó a Miami hace dos años. Con un pasaporte estadounidense, fue fácil para él viajar a los Estados Unidos. Consiguió rápidamente trabajo en un negocio de polarizado de ventanas de autos, en donde continúa trabajando. Josefa dice que él envía aproximadamente la misma cantidad que su hermana, unos US$60 al mes. Ernesto regresó para visitarlos hace más o menos un año.

Aparte de sus remesas regulares, Elizabeth y Ernesto han ayudado a Josefa a pagar sus gastos no ordinarios, como los US$410 que necesitó para tratamientos y medicinas después de una cirugía reciente. Ellos también ayudaron aportando dinero que ella utilizó para ampliar la casa este año. Estas remesas extraordinarias pueden explicar las fluctuaciones de mes a mes en las remesas evidenciadas por los recibos en su expediente del FDL, donde las remesas mensuales van de US$50 a US$949, en un periodo de cinco meses.

La casa donde vive Josefa ha sido un trabajo progresivo desde 1994, cuando compró el terreno a la municipalidad por 4.000 córdobas, el equivalente a unos pocos cientos de dólares estadounidenses. Según ella, este mismo lote actualmente se vendería en unos US$8,000. Ella utilizó las ganancias de la venta de un camión pickup que compró en los Estados Unidos para hacer la compra.

Con sus ahorros en el tiempo que estuvo en Florida, Josefa pagó para construir una unidad básica de vivienda por solo US$2.700, gracias a un subsidio parcial brindado por una agencia del gobierno de Nicaragua. La unidad básica únicamente tenía “cuatro paredes y un techo”. Tenía paredes interiores, de hecho, contando con dos habitaciones y un baño sin acabar, pero no tenía acceso a servicios públicos o acabados, y el piso era de tierra. Ella se pasó a la casa con sus hijos en 1995, después de dejar la casa de su madre donde había estado viviendo temporalmente. Pasó los próximos cuatro años ahorrando y mejorando de forma incremental la vivienda para hacerla más cómoda, instalando ventanas y puertas interiores, terminando el piso y las paredes interiores y pintando el exterior de la casa.

Josefa conoció por primera vez sobre el Fondo de Desarrollo Local (FDL) hace más o menos un año, cuando vio un volante relacionado a los préstamos de vivienda respaldados por remesas en la oficina de Pelican, una oficina de transferencias monetarias en Masaya. Un empleado de Pelican le explicó cómo funcionaba el programa de préstamos, y entonces ella visitó una sucursal del FDL más cercana para averiguar más. En esta sucursal no sabían sobre el programa, por lo que ella fue a una sucursal de una ciudad cercana, donde finalmente solicitó un préstamo para hacer mejoras a la cocina y a una habitación, según su expediente.

Esa misma semana un representante de FDL llegó para calcular un presupuesto y elaborar un plan para finalizar el trabajo, y unos días después, ella recibió la aprobación de un préstamo por aproximadamente US$1.000.

Sus dos hijos en los Estados Unidos enviaron un total adicional de US$600 para complementar el préstamo, que ella utilizó para comprar el material y construir las paredes y el techo del nuevo dormitorio y cocina, instalar dos ventanas y una puerta, y poner cerámica al corredor que separa las dos habitaciones y da el acceso al patio. Ella también utilizó un material para techo que había sobrado de una fase anterior de mejoras. El préstamo y el aporte de sus hijos sirvieron para pagar los albañiles que construyeron las habitaciones, a quienes les tomó, junto con dos asistentes, menos de dos meses para completar el trabajo. Los pisos y las paredes siguen sin acabados, y la cañería y el sistema eléctrico aún no han sido instalados.

Ella había tenido un préstamo de una institución diferente anteriormente en el 2004 por 4.000 córdobas (aproximadamente US$129). Ella indicó que está feliz de haber podido tomar un préstamo mayor, puesto que esto ha acelerado el ritmo de las mejoras en la casa. Según el estimado de Josefa, se habría llevado unos cinco años adicionales para ahorrar US$1.000 con sus gastos e ingresos actuales. Su hija Elizabeth la ha ayudado a hacer los pagos a veces, cuando se le ha hecho difícil. Ella comenta que pagar el préstamo se ha tornado difícil, puesto que el córdoba se ha depreciado, incrementando así su pago mensual.

Puntos clave en el caso de Josefa

  • La vivienda del cliente fue construida con ahorros, la venta de bienes obtenidos cuando el cliente estuvo en el extranjero, y las remesas que ella recibió de sus hijos después de su regreso, dos estrategias que dependieron de la migración.
  • Si bien las remesas son una fuerza positiva para mejorar las condiciones familiares, éstas provienen de miembros familiares que viven lejos por largos periodos de tiempo. Los posibles costos emocionales de la separación familiar no deben olvidarse, como en el caso del nieto de la cliente, cuya madre ha estado en otro país por la mayor parte de su vida.
  • Como sucede con otros casos, el préstamo permitió al cliente acelerar el paso de las mejoras, puesto que ahorrar la misma cantidad habría tomado años, según su estimado.
  • El préstamo no habría sido aprobado sin considerar el ingreso de las remesas, puesto que estas representan casi el 100% del ingreso de la cliente.
  • Presumiblemente, el préstamo influirá de forma positiva en la situación de vivienda de la familia, una vez que la cliente finalice el trabajo en las dos piezas recién construidas, puesto que esta ampliación casi duplicará el tamaño de la vivienda y dará espacio a tres niños en crecimiento.
  • La asistencia técnica durante la construcción brindó un presupuesto y plan para las mejoras de vivienda que fueron realizadas.

Historia y fotos cortesía de Brendan McBride, consultor de Hábitat para la Humanidad.

*Los nombres han sido cambiados, para proteger la identidad de las personas.

 

**El ingreso bruto es el total de todas las fuentes de ingresos, mientras que el ingreso neto refleja el número de miembros familiares que viven de ese ingreso. El cálculo se realiza al restarle al ingreso bruto un estimado de la canasta básica (incluyendo alimentación, transporte y educación) para todos los miembros de la familia.