You are here

Historias en microfinanzas para vivienda: Carmen Ramírez

Marzo 15, 2010

   
 

03_15_2010_casestudy7_esp-1.jpg

   


Ingreso mensual bruto: **US$250
Ingreso mensual neto: US$93
Remesas mensuales: US$147
Fuente de ingreso: Remesas, pequeña empresa
Monto del préstamo: US$800
Plazo del préstamo: 24 meses
Rango de cuota mensual: US$34-58

Carmen* ha vivido en su casa por más de 25 años, a veces con hasta diez personas. La vivienda ha tenido múltiples transformaciones. El terreno en que la vivienda está construida fue donado por el gobierno central. Después que la guerra civil terminó en 1979, el gobierno sandinista les dio el título de propiedad a diversos propietarios. Al no haber construido viviendas en el tiempo indicado, el gobierno donó los terrenos a otras familias, incluyendo el de Carmen. Varios años después, ella recibió el título de la propiedad a través de un programa gubernamental que brinda títulos seguros a los residentes de su municipalidad. Ella expresó agradecimiento de haber podido recibir el terreno para la construir su vivienda, el cual ha pasado por una larga trayectoria, siendo un lote hace más de dos décadas.

Con el transcurso de los años, la familia ha construido y mejorado su vivienda de forma progresiva. Unos años después de haber recibido el terreno, Carmen construyó una casa de una sola pieza de madera, de unos 15 metros cuadrados, aproximadamente la mitad del tamaño de la habitación a la entrada de la vivienda actual. Siendo madre soltera, ella vivió en esta habitación con seis hijos, con apenas suficiente espacio para las camas, relata ella, y cocinaba fuera de la vivienda utilizando leña.

Carmen dice que financió la construcción con los ahorros creados a partir de la venta de productos alimenticios básicos en el mercado y otros trabajos complementarios. Se benefició también del apoyo de la familia para construir esta primera habitación. Después de finalizar esta primera etapa, ella siguió ahorrando dinero para ampliar progresivamente el tamaño de la vivienda, para lo cual comenta que, cada día, ella trataba de apartar algo de sus ganancias como comerciante.

En días buenos, ella podía ahorrar entre 25 y 50 córdobas (US$1.25-2.50 al tipo de cambio actual). En días lentos, no podía ahorrar nada en absoluto.

Hace más o menos unos tres años, Carmen pudo empezar a construir dormitorios adicionales. Su estrategia fue comprar materiales de construcción cada vez que podía reunir dinero para hacer una compra considerable, más o menos dos veces al año. Su hermano y su padre pusieron la mayor parte de la mano de obra para construir las habitaciones. Así, ella pudo agregar un pequeño dormitorio cada año.

La tercera fase de mejoras a la casa se concentró en la ampliación de la habitación de enfrente y la construcción de las paredes de bloque para rodear el área de sala extendida donde se encontraba la antigua casa de madera.

Tres de los hijos de la señora Ramírez aún viven en Nicaragua. María y Elizabeth siguen viviendo en la casa. María hace tortillas y las vende independientemente, y Elizabeth hasta hace poco planeaba estudiar enfermería. Su hijo mayor, Luis, trabaja en una zona de manufactura libre de impuestos ubicada en las cercanías, donde hace unos 1.300 córdobas cada dos semanas, o US$65.

La familia de Carmen tiene una historia marcada de emigración, pues la mitad de sus hijos han emigrado en algún momento a otro país. Su hija mayor, Nora, era quien decidió irse primero, habiendo hecho un viaje a los Estados Unidos alrededor del año 2000 para buscar un empleo con un pago mayor al que podía encontrar en Nicaragua. Ella y su esposo se fueron con una visa de turista, pero se establecieron permanentemente en Miami, donde su esposo eventualmente empezó su propio negocio de confección de muebles. Su éxito le llevó a contratar empleados, incluyendo a Nora.

Impulsado por un deseo de progresar, el hijo de Carmen, John, se unió a su hermana en Miami en el 2003, asegurándose un trabajo en el taller de muebles de su cuñado. Él ahora trabaja y estudia inglés, y está en el proceso de solicitar una residencia legal de los Estados Unidos. Un tercer hijo, Juan Pablo, ha vivido en diferentes momentos en Costa Rica en los últimos siete años.

Todos los hijos de Carmen que viven en el extranjero han enviado sus remesas en alguna medida. Nora tomó gran parte de los tres años para establecerse en los Estados Unidos y pagar la deuda en la que incurrió al hacer el viaje. Una vez establecida ahí, ella enviaba US$100 al mes en promedio, y hasta US$150 mensuales cuando la situación era mejor. Nora regresó a Nicaragua con sus hijos en noviembre del 2008.

John envió menos, ya que estaba financiando sus estudios. Él enviaba de US$50-100 cuando le era posible, usualmente cada uno o dos meses. Su hijo en Costa Rica enviaba remesas regularmente, pero en cantidades menores que las de John, quizá como resultado del menor poder adquisitivo en Costa Rica comparado a los Estados Unidos.

La señora Ramírez relata que sus hijos le enviaban remesas extras cuando necesitaba hacer gastos extraordinarios, por ejemplo, cuando enfrentaba gastos médicos o necesitaba finalizar el pago de los materiales para la renovación de la vivienda. Su hija Nora comenta que la decisión sobre cómo usar los fondos quedó enteramente en manos de su madre, y Nora nunca tomó parte en definir cómo se utilizarían los fondos.

El Fondo de Desarrollo Local (FDL) no fue la primera experiencia de Carmen con las microfinanzas. En los noventa, ella participó en un grupo de 20 vendedores que tomó un préstamo grupal en lo que fue, según ella, uno de los primeros proyectos puestos a prueba por la microfinanciera FINCA en Nicaragua. Ella es orgullosa de su participación, la cual le permitió ganar acceso a capital de hasta 6.000 córdobas (US$300 al tipo de cambio actual). Ella por lo tanto estaba familiarizada con el modelo de microfinanzas en el momento en que escuchó por medio de un amigo acerca de los préstamos de vivienda ofrecidos en el FDL.

Carmen visitó las instalaciones del FDL para preguntar sobre las opciones de un préstamo de vivienda y entregó una solicitud para un préstamo de US$1.000 dólares para comprar materiales y finalizar partes de las paredes en su habitación de enfrente y el corredor. Explica que un oficial del FDL vino a visitarla después, para ver la casa y familiarizarse con el trabajo que ella quería realizar. A ella se le aprobó el préstamo en mayo de 2008 por un total de US$800, del cual terminó utilizando US$500 para terminar la compra de un pequeño lote, habiendo ya pagado la prima. El lote fue comprado para su hija Lucía, que planea construir su propia casa ahí en el futuro. Con los US$300 restantes, Carmen compró materiales y finalizó las paredes de su vivienda. La finalización de estas paredes haría la casa más segura, explicó ella, puesto que eliminaría la vulnerabilidad a los intrusos.

Carmen dice que está satisfecha con el servicio del FDL, tanto a nivel de la aprobación del préstamo como del proceso de implementación. Ella no parece reconocer el rol de un profesional de asistencia técnica en sí, y solo se refiere a esta persona como el promotor, aunque sí reconoce que el representante del FDL le ayudó a definir un presupuesto para las mejoras.

Carmen comenta que pagar el préstamo se ha hecho difícil, debido al regreso de su hija a Nicaragua. Ya no podía contar con las remesas que su hija le enviaba cada mes. (Las remesas de su hija fueron la base primordial para que la señora Ramírez pudiera calificar para el préstamo). Cuando se le pregunta cómo habían sido impactadas sus ventas por la crisis económica, ella responde, “¿Qué puedo hacer, ahuyentar la crisis? Lo único que podemos hacer es seguir luchando.” Ella indica que se las ingenia para hacer los pagos del préstamo de cualquier forma posible.

Es importante tomar en cuenta que la señora Ramírez aún recibe algunas remesas de sus hijos en Miami y Costa Rica, y también recibe apoyo de las contribuciones de otros miembros familiares que trabajan.

Carmen expresa alegría que su hija, quien estuvo lejos por aproximadamente una década sin regresar, ha vuelto a casa con sus dos hijas, las nietas de la señora Ramírez.

Nora explica que la crisis económica fue la razón por la cual la familia cambió su trayectoria y se mudó nuevamente a Nicaragua. El negocio de muebles de su esposo, que fue una vez próspero, había decaído puesto que la demanda de muebles había disminuido debido a la reducción en las compras de viviendas en Florida. Él ahora está trabajando solo en su taller, ahorrando cuanto podía para construir una casa ubicada en un lote cercano al de su madre.

Nora y su esposo también han comprado un lote, donde planeaban construir un taller de muebles para que él pudiera empezar su negocio en Nicaragua.

Estas decisiones de reubicarse en Nicaragua fueron impulsadas, según Nora, por una sensación de inseguridad y la falta de derechos como inmigrantes indocumentados. Nadie de la familia había emigrado legalmente, incluyendo sus dos hijos, lo cual limitó las opciones para que estos hijos procuraran estudios universitarios y dejó una sensación de vulnerabilidad en el futuro de Nora y su esposo. En vista de las condiciones económicas y el hecho de que una de sus hijas estaba terminando la secundaria, decidieron volver a Nicaragua, pues pensaron que era el momento correcto.

Puntos clave en el caso de Carmen

  • Esta familia generó un claro beneficio a partir del préstamo, puesto que les permitió concretar la compra de un terreno y empezar a finalizar el trabajo para mejorar la seguridad de su vivienda. La experiencia del cliente con el préstamo fue positiva, y ella dijo que le ayudó a acelerar el proceso de construcción incremental al cual ella estaba acostumbrada.
  • Por otro lado, Carmen no parecía reconocer que existía un componente de ayuda técnica en el préstamo, pero reconoció que se le había ofrecido ayuda para preparar el presupuesto de construcción. Finalmente, sin embargo, ella empleó el préstamo para un uso diferente al planeado originalmente, por lo que la asistencia técnica no se puso en práctica.
  • El préstamo de Carmen se aprobó con base al ingreso generado casi exclusivamente de las remesas, sin embargo, ella no faltó con ningún pago cuando su fuente principal de remesas, su hija Nora, regresó a casa y dejó de brindar esta fuente de ingresos. Carmen, sin embargo, recibió remesas pequeñas de dos de sus hijos, que sirvieron como una red de seguridad, una vez que las remesas de Nora ya no existían. Esta dinámica sugiere que no necesariamente la proporción de remesas es la que incrementa la posibilidad de falta de pago o pago tardío, sino más bien el hecho que se reciba o no remesas de una o más fuentes. Carmen recibió el 92 por ciento de su ingreso a partir de las remesas, pero nunca falló con los pagos. El haber diversificado las fuentes de remesas fue lo que brindó una red de seguridad.
  • Las remesas han impactado el perfil de la vivienda de la familia de Carmen de una forma variada y positiva. Ella misma ha utilizado las remesas para mejorar de forma incremental su vivienda, y sus remesas la han ayudado para que califique para un préstamo y así avanzar con estas mejoras y comprar un lote para su hija. Sus dos hijos que viven en el extranjero han podido comprar terrenos en la vecindad, y uno de ellos está construyendo ya una casa. Su hija y su yerno compraron un lote justo al lado de ella, y ya han hecho un progreso significativo en la construcción de una vivienda grande de dos pisos, que eventualmente servirá como vivienda para ellos mismos y sus dos hijas.

Historia y fotos cortesía de Brendan McBride, consultor de Hábitat para la Humanidad.

*Los nombres han sido cambiados, para proteger la identidad de las personas.

 

**El ingreso bruto es el total de todas las fuentes de ingresos, mientras que el ingreso neto refleja el número de miembros familiares que viven de ese ingreso. El cálculo se realiza al restarle al ingreso bruto un estimado de la canasta básica (incluyendo alimentación, transporte y educación) para todos los miembros de la familia.