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Historias en microfinanzas para vivienda: Juana Sosa

Marzo 15, 2010

   
 

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Ingreso mensual bruto: **US$352
Ingreso mensual neto: US$156
Remesas mensuales: US$50-98
Fuente de ingreso: Remesas, ingreso salarial
Monto del préstamo: US$1.572
Plazo del préstamo: 36 meses
Rango de cuota mensual: US$45-76

La casa de Juana Sosa* se encuentra en una de las vías principales de su ciudad, con su reluciente pintura rosada y su entrada acogedora adornada con una hamaca. La familia ha estado en la casa por 18 años. Juana y su esposo, Gustavo criaron a sus dos hijas casi exclusivamente en esta casa. Rosa, de 16 años, estudia en el colegio de la zona, y Sara, de 20, se graduó del colegio y ahora estudia negocios en un instituto educativo cercano.

Juana trabaja tiempo completo con el personal de limpieza de un hospital, y su salario de aproximadamente US$155 al mes es el ingreso principal que da sustento a la familia. Gustavo no puede trabajar, puesto que perdió su vista hace cuatro años, obligándolo a terminar su carrera como artesano. Él espera ser operado algún día para corregir el problema, pero la familia no puede costear la operación en este momento.

Su hija mayor, Marta, vivía ahí antes, pero se fue hace tres años a buscar trabajo en Costa Rica. Su tío vivía ahí, y le ayudó a pagar el viaje y la apoyó cuando llegó allá. Gustavo dice que su hija se fue para Costa Rica “por la sencilla razón de que el pago ahí es mejor”.

Marta se casó mientras estaba en Costa Rica y está criando a su hijo de nueve años allá. Ella envía entre US$50-60 al mes en remesas para ayudar a la familia, enviando el dinero a su hermana Sara, quien a su vez da el dinero a sus padres. Ella vuelve a Nicaragua cada Navidad. La familia no sabe si Marta volverá algún día a vivir en Nicaragua de forma permanente.

Juana y su esposo recuerdan que en 1991, “la revolución nos dio este terreno donde se sitúa esta casa”, el resultado de un programa de distribución de terrenos para las familias de bajos ingresos en el área donde vive. No había nada en el terreno, por lo que la familia empezó a construir una pequeña morada que Gustavo llamó “mamarracho”, refiriéndose a la deficiente construcción.

Esa vivienda improvisada de una sola pieza evolucionó para convertirse en una morada más permanente pocos años después, cuando recibieron bloques de concreto gratis de otro programa gubernamental, y pagaron la mano de obra para instalar el bloque con sus propios ahorros. El próximo paso, a finales de los noventa, consistió en embaldosar el piso, es decir, crear una fina capa de concreto pulido marcado en forma de cuadrícula para darle al piso la apariencia de cerámica. Ellos pagaron esto con sus ahorros también.

En el 2003 recibieron su primer préstamo del Fondo de Desarrollo Local (FDL), por 3.375 córdobas, o aproximadamente US$200. Ellos combinaron este préstamo con ahorros para empezar la construcción de un dormitorio y el zaguán o entrada de la casa.

En el 2004 tomaron otro préstamo de US$300 para completar el piso en la nueva pieza y la entrada de la casa e instalar dos ventanas nuevas en la parte del frente, una vez más combinando el préstamo con los ahorros. El siguiente año tomaron otro préstamo de vivienda, pero este terminó usándose para asuntos personales, según dijo Juana. En octubre de 2008 tomaron su préstamo actual con el FDL por la cantidad de US$500 que sería pagado en 24 meses. El préstamo sirvió para finalizar el trabajo en el zaguán y pagar algunas deudas en las que Gustavo había incurrido por gastos médicos. El ingreso de las remesas enviadas por Marta influyó en la decisión de aprobar este préstamo, el más grade que hayan recibido del FDL.

Juana y su esposo relatan que los préstamos han sido una herramienta indispensable en sus esfuerzos por mejorar de forma progresiva su vivienda. Ellos pidieron prestadas pequeñas cantidades al inicio y pidieron más dinero, poco a poco, en la serie de los cuatro préstamos. Sus pagos siempre han sido puntuales o incluso antes de tiempo, comenta Juana, ya que son conscientes de que su desempeño en el pago de los préstamos determinará si reciben más préstamos en el futuro. La tasa de interés en los préstamos es razonable, dicen ellos, y reciben un buen trato por parte del personal del FDL. La pareja comenta que el proceso para solicitar el préstamo fue directo, y que no tuvieron que hacer mucho papeleo. Después de seis años de ser clientes del FDL, confían en que la organización se preocupa por su bienestar. Este hecho ha cimentado su lealtad al FDL, aún cuando otras instituciones microfinancieras han tratado de tomar su caso.

Por otro lado, Juana y Gustavo reconocen cuánto había crecido el FDL desde su fundación, y dicen que familias como la suya han sido el motivo de tal crecimiento. Dijeron que sería bueno recibir un “pequeño regalo”, o algo simbólico para reconocer esto, mencionando la idea de dar a los clientes un calendario en Navidad.

Finalmente, la pareja dijo que la asistencia técnica brindada por el FDL fue útil, primordialmente porque el estimado del presupuesto de construcción para su último préstamo les dio una idea clara de cuánto trabajo podrían terminar. Además, les dio una información precisa sobre el costo de los materiales y el tiempo estimado de la mano de obra que necesitaban para hacer las negociaciones con el albañil.

La familia espera poder obtener un préstamo nuevamente en el futuro, puesto que aún planean construir paredes permanentes en el área de cocina (la cual se encuentra parcialmente a la intemperie) y completar las paredes divisorias en la segunda habitación para crear áreas privadas de dormitorio. Sus ahorros también serán dirigidos a la meta de restaurar la visión de Gustavo, puesto que los doctores le han dicho que una cirugía de retina le podría permitir ver de nuevo.

Puntos clave en el caso de Juana

  • Esta familia, como muchas otras, empezó con un terreno baldío y recursos limitados. A través de su perseverancia e ingenio, construyeron lentamente una vivienda básica, parte por parte. Los tres préstamos del FDL aceleraron este proceso, de acuerdo a la prestataria, permitiéndoles ampliar más rápidamente la vivienda y completar las habitaciones que habían empezado con sus propios recursos. En todos sus préstamos, la familia combinó el préstamo con sus ahorros para ampliar el alcance del trabajo que podrían realizar.
  • El préstamo actual podría no haber sido aprobado si el flujo de remesas no hubiera influido en el ingreso de la familias. (Los tres préstamos previos habían sido aprobados con base en los ingresos de ambas cabezas de hogar). La pérdida de la visión del padre y pérdida de su ingreso como resultado de ello, los pudo haber descalificado para la obtención del préstamo por tener un solo ingreso. La inclusión de las remesas del extranjero (que incrementan el ingreso familiar en un 32-39 por ciento) pudo haber jugado una función clave en la aprobación de su préstamo.
  • La familia relató que la asistencia técnica había sido útil al darles una idea clara de lo que podrían construir con los recursos disponibles (el préstamo y los ahorros), y al darles información que les permitió negociar con el albañil.

Historia y fotos cortesía de Brendan McBride, consultor de Hábitat para la Humanidad.

*Los nombres han sido cambiados, para proteger la identidad de las personas.

 

**El ingreso bruto es el total de todas las fuentes de ingresos, mientras que el ingreso neto refleja el número de miembros familiares que viven de ese ingreso. El cálculo se realiza al restarle al ingreso bruto un estimado de la canasta básica (incluyendo alimentación, transporte y educación) para todos los miembros de la familia.