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Cuando las ruinas se convierten en esperanza

Septiembre 9, 2010

   
 

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La casa de Doña Elvira se había quemado en tan sólo 15 minutos.

 

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Ahora tiene una nueva esperanza, gracias al apoyo de Hábitat para la Humanidad.

   

REPUBLICA DOMINICANAEl 31 de octubre de 2009 será marcado en la vida de Doña Elvira Lebrón Díaz como el día en su historia se partió en dos. Hasta esa fecha, la madre soltera de cuatro hijos era una activa mujer que con el sudor de su frente había criado a sus hijos, dos de ellos que ya son adultos, logrando tener su propia casita.

Todo cambió para Elvira cuando en esa madrugada, mientras trabajaba como servicio doméstico en una vivienda de otra familia, recibió la llamada más impactante de su vida. “¡Elvira, su casa se quemó en sólo 15 minutos, salga corriendo!”, le dijo. La noticia dejó a Elvira estupefacta. “Sentí que mi vida se me iba”, dice. Dos de sus hijos que aún viven con ella se salvaron milagrosamente al saltar por la ventana de la casita ya en llamas.

“Después de recibir la llamada, lloré y abrí mi Biblia en el libro de Job, donde dice, ‘El Señor dio, el Señor quitó’ y yo dije lo mismo”, afirma Doña Elvira, mientras nos narraba lo difícil que ha sido su vida a partir de ese terrible evento. Al quemarse su casa no sólo perdió su techo, sino que también perdió las mercancías y el dinero que recién había cobrado, producto de la venta de accesorios de mujer, actividad que realizaba de manera paralela a su oficio de trabajadora doméstica. “Yo siempre pensaba en el futuro, por eso me esfuerzo por avanzar junto a mis hijos”, dice ella.

Elvira empezó a tocar puertas, tanto del gobierno como de entidades privadas, con la finalidad de que la ayudaran a completar por lo menos la construcción de una pequeña mejora que tenía al lado de la casa siniestrada. Sus esfuerzos fueron en vano. “Era como volver a empezar desde cero”. Más de 20 años de trabajo se esfumaron en un instante.

Una mañana el señor Cabrera De la Rosa, un vecino suyo, le informó acerca del proyecto de Hábitat para la Humanidad en su comunidad. Al escuchar de esta oportunidad, Doña Elvira exclamó que era la respuesta de Dios que había estado esperando. “Me sentí como un niño que le pide pan a su padre y es complacido. ¡Gracias Señor, porque tú estás conmigo!”

Elvira tiene una nueva esperanza. “Hasta que supe de esta posibilidad, perdí el amor por la vida”, dice, con visible emotividad. Ahora sólo espera la terminación de su nueva casa, y poder tener salud para disfrutar de lo que la vida le dará de aquí en adelante, bajo un techo decente y seguro.

Al preguntársele sobre su opinión acerca de Hábitat para la Humanidad, responde, “Para mí Hábitat es una mano amiga de los pobres, para ayudar a transformar la vida de gente como yo, que había perdido la esperanza”.

El proyecto de Hábitat para la Humanidad en la comunidad de El Bagazo en Santo Domingo, donde vive doña Elvira, es una realidad gracias al apoyo del Servicio Latinoamericano, Africano y Asiático de Vivienda Popular, SELAVIP, organización que enfoca su trabajo en comunidades expuestas a vulnerabilidad extrema.

Para aprender más sobre el trabajo de Hábitat para la Humanidad haz clic aquí.

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