Legados -- Habitat for Humanity Int'l 1

Legados

Por Jonathan Reckford

A medida que Hábitat para la Humanidad evoluciona para servir a más familias en todo el mundo, debemos considerar más y más nuestro rol como parte de una iniciativa más grande de desarrollo comunitario, en el cual las viviendas dignas se construyen dentro del contexto de otras necesidades, como el empleo, los servicios sanitarios, la educación, la atención médica y el régimen de propiedad, lo cual, al igual que el resto, puede ser particularmente complejo.

Como no pueden costear viviendas legales y legítimas, millones de familias pobres en todo el mundo, en particular en entornos urbanos, se encuentran en ranchos no autorizados en tierras que no son propias. Su acceso a las tierras está limitado por procedimientos administrativos complejos y marcos legales engorrosos, y los costos necesarios son prohibitivos para las familias de bajos ingresos. En consecuencia, se enfrentan con la posibilidad diaria de una expulsión forzada, los peligros de vivir precariamente en riberas, cerca de vertederos de basura y a poca distancia de las vías de ferrocarriles. Estas familias no pueden reclamar la tierra donde viven, pero constituyen una presencia vital en las economías locales y ocupan una cantidad asombrosa de propiedades inmobiliarias, sin bien es cierto que en la mayoría de los casos ésta es completamente deficiente.

En su libro, “The Mystery of Capital”, Hernando de Soto escribe, por ejemplo, que el valor de la propiedad fija ocupada (pero sin propiedad legal) por los indigentes en países en vías de desarrollo y ex países comunistas es al menos de US$9.3 trillones. Las familias indigentes podrían usar este capital para mejorar su situación de vivienda pero, como carecen de un título legal sobre sus tierras, no tienen incentivo para hacerlo, no sea que sean desalojados y pierdan las inversiones hechas.

Durante un viaje reciente a la región de Latinoamérica y el Caribe de Hábitat, visité una barriada en Santo Domingo en la República Dominicana. Las familias habían construido sus viviendas improvisadas con chatarra y pedazos de plásticos y madera. Todo el vecindario, llamado Las Latas (“The Tins”) por sus techos metálicos, se encontraba en el lecho de un río, y los ríos Ozama e Isabela inundaban con frecuencia el área durante la época lluviosa.

Su falta de acceso a tierras en áreas más seguras y más estables los obligó a asentarse en Las Latas. Hasta las familias “más acaudaladas” que ocupaban la propiedad circundante en los terrenos más altos se habían establecido allí en forma ilegal.

El suministro de agua en Las Latas, provisto por dos grifos desautorizados, no es potable; sin embargo, si las familias son demasiado indigentes para pagar el agua mineral que se carga en los camiones y se vende regularmente allí (lo cual sospecho que es el caso), no tienen otra opción que usar la otra agua para beber y cocinar, así como para bañarse y limpiar.

Aunque la política gubernamental establece servicios públicos apropiados para todos, la realidad presenta un escenario mucho menos prometedor, en los cuales los proveedores de servicio, por varias razones, se niegan a instalar servicios sanitarios, agua y otras prestaciones.

A pesar de la falta de servicios, las familias crean y mantienen hogares en asentamientos informales porque estas localidades los acercan más a los puestos de trabajo y los medios de transporte necesarios.

Hábitat siempre se enfocará en las viviendas pero también queremos considerar el desarrollo en términos de inclusión, en los cuales cada componente, incluida la vivienda, cuenta por el otro. Podemos construir una casa sólida y segura con una familia que la necesite, pero si ésta carece de un título de propiedad de la tierra en la cual la edificamos, o si la casa significa que la familia debe reubicarse lejos de la escuela o el trabajo, o una red social existente, ¿cuánto los hemos ayudado en realidad al terminar el día?

Nuestro plan estratégico nos demanda buscar oportunidades creativas para servir a más familias, evaluar asociaciones con otras organizaciones que aporten a la situación sus propias habilidades y experiencia, todo con la intención de transformar comunidades en forma más completa. Creemos, por supuesto, que las viviendas dignas sientan las bases en las cuales las familias pueden prosperar y planificar y esperar y crear un mejor futuro. Sin embargo, una vivienda segura requiere la tenencia segura de la tierra también, y una no es excluyente de la otra. Queremos promover el acceso a las tierras pero también a los servicios públicos, a condiciones de vivienda digna en el sentido más amplio de la frase.

Fui muy afortunado de visitar Gana el año pasado y vi de primera mano la permanencia resultante cuando tanto la vivienda como el título de propiedad de las tierras son el resultado de una sola solución. Me encontré con Bernard Botwe y su esposa Joanna.
Ellos, junto con sus dos hijos, fueron los primeros propietarios de Hábitat para la Humanidad en el país. Ahora, dieciocho años más tarde de sus humildes comienzos en su hogar de Hábitat para la Humanidad, Bernard trabaja como administrador en un hospital y está progresando en su carrera, lo cual es un excelente ejemplo, creo yo, de la diferencia que una tenencia segura y un techo digno y asequible puede hacer en las vidas de las familias.

El todo este ejemplar de “El Foro”, usted podrá leer más sobre los distintos problemas relacionados con las tierras y cómo ellos se relacionan con el trabajo de Hábitat en todo el mundo, entre ellos los costos de las tierras, la defensa de la causa y los derechos de propiedad. Estamos transformando vidas, no sólo edificando casas dignas y simples sino también facilitando el acceso a condiciones de vivienda dignas porque ofrecemos soluciones de vivienda dignas, de las cuales la seguridad del régimen de propiedad es una parte fundamental.

Jonathan Reckford es el Director Ejecutivo de Hábitat para la Humanidad Internacional