Casas de caña de bambú en la Isla de Inhaca, Mozambique -- Habitat for Humanity Int'l 1

Casas de caña de bambú en la Isla de Inhaca, Mozambique

Por Andrew Lind

Teresa Timba y sus tres hijos viven en la Isla de Inhaca, Mozambique. Trabajando como voluntaria del Cuerpo de Paz, le pedí a su vecina, Agnes, que identificara a las familias indigentes con huérfanos y niños vulnerables para que las pudiera ayudar a plantar huertas. Un día, a fines de junio de 2005, Agnes me presentó a Teresa. Su “casa” me conmocionó: era una choza que se inclinaba en un ángulo de 45 grados dentro del tronco de un árbol caído. Le asigné a Agnes la tarea de enseñar a Teresa cómo cavar cuatro parcelas de una huerta y llenarla con desperdicios orgánicos, dejándolas preparadas para la plantación.

Dos semanas más tarde, volví con Daniel Lyons, el voluntario del Cuerpo de Paz recién llegado. Para mi sorpresa, me di cuenta de que la casa que se apoyaba contra el árbol ya no estaba allí; ahora la familia estaba viviendo en lo que había sido una cocina improvisada. Tanto Daniel como yo estábamos preocupados porque los niños estaban cubiertos de picaduras y costras. Como dormían sobre la arena, los niños padecían infestaciones, entre ellas roña, sarna y mataquenhas.[1] Teresa no tenía ingresos y todos los niños habían sido abandonados por sus padres. Plantar una huerta parecía una broma considerando la situación familiar. La familia necesitaba una casa con un piso de cemento, una letrina y un ingreso para sobrevivir pero no teníamos medios para proporcionárselos. En el sistema Hábitat convencional, las casas de ladrillo-cemento de una recámara cuestan alrededor de US$ 2.000 que deben ser cancelados. Teresa no podría costear posiblemente la hipoteca de una vivienda.

La realidad

En el año 2005, la funcionaria de proyectos Aida Tembe, Daniel y yo habíamos estado comentando la posibilidad de construir una vivienda de US$ 1.000. Mediante un subsidio de Allen and Nesta Ferguson Foundation, la filial de Inhaca estaba construyendo casas para madres solteras y viudas. Pero recientemente, el número de mujeres interesadas en recibir hogares había disminuido. Sólo tres [de las personas] que terminarían sus casas a fines de agosto con la ayuda de dos equipos de la Aldea Mundial tenían un ingreso estable (casi US$ 40 por mes, el salario mínimo en Mozambique). Las restantes madres solteras y viudas (la mayoría de la población de Inhaca de acuerdo con el administrador local) se ganaban la vida cortando leña, vendiendo camarones y cangrejos y haciendo pequeños trabajos. Con ingresos esporádicos promedio menores que US$ 20 por mes, estas mujeres no podrían contratar hipotecas de US$ 1.800. Después de construir seis casas para las familias mantenidas por mujeres, la filial no podría terminar su meta de 10 casas simplemente porque no había más beneficiarias que reunieran los requisitos. (Los requisitos fueron definidos por la capacidad de pagar aunque, en realidad, muchas madres solteras y viudas necesitaban hogares.)

La innovación

Para edificar una casa de US$ 1.000, se tenía que disminuir la cantidad de cemento (el material más costoso que Hábitat usa) usado en una casa. Las viviendas locales en Inhaca están hechas con caña de bambú, un tipo de caña que crece localmente y en los campos principales de Machangulo (a 10 minutos de distancia en barco). Las casas están construidas con pilares verticales de madera y varas horizontales que sostienen las cañas juntas. En general, los techos están compuestos por paja o juncos. Estas casas sólo duran tres años antes de que deban ser reconstruidas otra vez, pero sólo cuestan unos doscientos dólares.

Hábitat quiso construir una vivienda de bajo costo con paredes de caña de bambú sin reducir la durabilidad. Aida, los voluntarios del Cuerpo de Paz y los arquitectos de Hábitat para la Humanidad (HFH) Mozambique comenzaron a diseñar una casa de caña de bambú que durara más tiempo. Primero se pensó en la necesidad de contar con una fundación y un piso completos, lo cual permitiría que la caña de bambú se apoyara sobre el cemento y no se pudriera de abajo para arriba, lo cual es el principal problema con este tipo de casas. Esto también brindaría una base para cualquier otro edificio en el futuro si la familia decidiera o pudiera construirlo con bloques de cemento. Asimismo, si los techos de las casas estuvieran compuestos por estaño de calidad, la caña de bambú también estaría protegida contra las filtraciones cuando lloviera, lo que reduciría la putrefacción y el deterioro. (Es difícil conseguir paja y juncos de buena calidad para techumbre en el sur de Mozambique.) Los diseños finales que se produjeron presentaron una fundación y ladrillos de cemento, elevados unos 2 pies del suelo, paredes de caña de bambú y un techo de estaño.

Lamentablemente, una parte del plan original de HFH Mozambique en Inhaca había sido la introducción de casas y letrinas de ladrillos de cemento. Aida, la entonces presidenta de la filial, destacó que las viviendas de caña de bambú no iban a ser consideradas necesariamente como un cambio estratégico positivo, en particular por los miembros del gobierno local. Muchas personas relacionaban a HFH Mozambique con “casas de cemento de alta calidad”. Las viviendas de caña de bambú eran consideradas temporales y de mala calidad. Sin embargo, Aida misma había ayudado recientemente a una viuda, Anasse, que no tenía un techo donde dormir. Anasse había estado viviendo en condiciones similares a las de Teresa cuando Aida la conoció. Con la ayuda de la comunidad local, Aida había recolectado suficientes donaciones para proporcionar a Anasse una choza de caña de bambú. Un año más tarde, un equipo de la Aldea Mundial pagó y construyó un piso de cemento para la casa de Anasse. Aida ya había sentado el precedente para la aceptación comunitaria de acciones de intervención para los más indigentes entre los indigentes.

Había planes en camino para ofrecer las casas de caña de bambú a los hogares cuyas jefas de familia eran viudas y madres solteras Diez mujeres que trabajaban ocasionalmente como personal de limpieza comunitario para el Ministerio de Acción Social fueron incorporadas al proyecto. Se les informó el costo estimado de las viviendas y se les preguntó si estarían interesadas. Todas dieron una respuesta positiva sobre la posibilidad de recibir una casa de caña de bambú pero, unas semanas después, se echaron atrás porque tenían miedo de no poder cancelar los pagos. Como no comprendían el ahorro de costos entre las casas de caña de bambú y las viviendas convencionales de bloques de cemento, ellas temían que no podrían cancelar sus préstamos. Las mujeres se dieron cuenta de la seriedad de comprometerse a cancelar los préstamos pero no comprendían todavía la diferencia de costos entre las casas de cemento y las de caña de bambú.

Al mismo tiempo, Daniel Lyons, el voluntario del Cuerpo de Paz, había visitado Teresa. Como se dio cuenta de que ella había reconstruido su hogar improvisado ya tres veces en los últimos seis meses, escribió una carta al equipo de la Aldea Mundial de agosto y les pidió donaciones para ayudar a financiar una casa para Teresa. HFH Mozambique asumió un riesgo en la planificación de una “vivienda de intervención” para Teresa. Como ella no podía posiblemente pagar una hipoteca completa, la filial construiría una casa de caña de bambú de una sola recámara y una letrina para su familia. El resultado fue pequeño en comparación con otras viviendas de HFH Mozambique, hasta los modelos estándares de caña, pero mucho mejor y más duradero que su casa actual. El equipo de la Aldea Mundial aportó generosamente el costo calculado de la casa de US$ 1.000. Al final, sin embargo, la casa de una sola recámara con una letrina terminó costando sólo US$ 600. Aida trabajó con Teresa para crear un plan de cancelación. La obligación de Teresa es cancelar el 30% del costo de la casa pagado trabajando directamente para Hábitat. Teresa trabajaría para Hábitat en Inhaca y le pagarían el 50 por ciento de su salario; el 50 por ciento restante se usaría para la cancelación. Teresa ahora tiene un pequeño ingreso y está cancelando su deuda. La vida de Teresa cambió notablemente con su nuevo hogar. Su vivienda anterior sólo era de caña de bambú y varas con paredes transparentes. Ahora ella puede dormir en su casa sin mojarse cuando llueve y sus niños ya no duermen en la arena ni son picados por insectos u otras plagas. La nueva casa es apenas el doble de grande que la anterior.

La filial ha terminado recientemente de construir cuatro casas más de caña de bambú. Las nuevas propietarias son las mismas mujeres que se echaron atrás con la primera idea del proyecto de [casas] de bambú. Después de ver la casa de Teresa y constatar el costo, volvieron una vez para pedir a la filial que les diera otra oportunidad de construir sus propias casas. El nuevo enfoque les ha dado muchas más opciones y una mejor capacidad para medir sus hipotecas y cancelar las casas. Maria, cuya vieja casa de caña de bambú se quemó justo después de que el padre de su hijo muriera, pidió a la filiar una casa similar a la de Teresa: una casa de una sola recámara para ella y su único hijo. Lidia quiso una casa de dos recámaras y se ocupó ella misma de recolectar algunos de los materiales locales necesarios, lo cual redujo notablemente el costo de su casa.

Las casas de caña de bambú en Inhaca han permitido a la filial elegir a los beneficiarios basándose en el deseo y la necesidad en vez de la capacidad de cancelar las viviendas. La comunidad y el Ministerio de Acción Social eligen los hogares de intervención, como el de Teresa, para las personas que no tienen capacidad de pago. Luego, Hábitat para la Humanidad Mozambique se compromete a dar a estas familias los medios para cancelar el 30 por ciento de la hipoteca, lo que relaciona la exitosa cancelación [de los pagos] de la filial con la generación de trabajos y un salario para una familia que no tiene ingresos. Las casas de caña de bambú del Fondo Rotatorio van a las familias cuyos ingresos suman unos US$16 por mes. En ambos casos, el nuevo tipo de casa permite a las familias participar más plenamente en el proceso, es decir, recolectar materiales, comprender el costo real de sus viviendas y saber que pueden asumir el costo de brindar un mejor lugar a sus hijos.

Andrew Lind es un ex voluntario del Cuerpo de Paz. Ahora trabaja como el gerente del Programa para Niños Vulnerables y Huérfanos con HFH Mozambique.


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[1] Las mataquenhas son moscas que se meten dentro de la piel y ponen un saco con huevos, los cuales deben ser sacados con agujas.