HPH Kirguizistán y sus aliados ayudan a los que sufren de enfermedades mentales a conseguir la ayuda que necesitan―en una vivienda adecuada -- Habitat for Humanity Int'l 1

HPH Kirguizistán y sus aliados ayudan a los que sufren de enfermedades mentales a conseguir la ayuda que necesitan―en una vivienda adecuada

 


Jumabubu Kenjekaraeva (de derecha) se sienta con su hija, Akylay, y los hijos y Rinat Izat en su casa, que fue renovado en el marco de un proyecto de Habitat for Humanity Kirguistán que ayuda a las personas con discapacidad mental y sus familias.

   


Por Theresa Waldrop


El esposo de Jumabubu Kenjekaraeva la abandonó a ella y a sus tres hijos hace ocho años, cuando la menor, Akylay, solo tenía un año. El padre no pudo manejar el estrés de tener una hija pequeña que además demandaba un cuidado especial.

Jumabubu hizo lo mejor que pudo para criar a Akylay y a sus hermanas (Izat, que tiene 22 años ahora y padece de epilepsia con una discapacidad intelectual, y Rinat, de 27) completamente sola. Pero el salario que ganaba en Bishkek Water, una empresa de servicios públicos en la capital de Kirguizistán, no le alcanzaba. Sin duda, no era suficiente para hacer las reparaciones tan necesarias en su casa de dos habitaciones.

Las goteras en el techo comenzaron hace 11 años. Cuando la familia solicitó la ayuda de Hábitat para la Humanidad Kirguizistán, el techo ya era cóncavo y cada vez que llovía el agua se filtraba dentro del cuarto de Izat. El piso estaba arruinado y el moho se expandía.

Ahora Jumabubu y su familia poseen un lugar seguro, seco y cálido donde vivir. Esta familia es una de las primeras que Hábitat para la Humanidad Kirguizistán y sus aliados ayudaron en un proyecto que tiene la intención de facilitar que los enfermos mentales permanezcan en sus hogares en vez de vivir en instituciones deshumanizadas y de brindar servicios médicos y terapia.

“El proyecto comenzó en 2007, después que el Instituto de Sociedad Abierta (OSI por sus siglas en inglés) compartió con Hábitat para la Humanidad la idea de refaccionar casas y ofrecer a las familias un respaldo social y psicológico al mismo tiempo”, explicó Aibek Mukambetov, el Director de Programas de Salud Pública de la Fundación Soros en Kirguizistán, quien apoya los proyectos del OSI en dicho país. El OSI proporciona el financiamiento mientras que la organización no-gubernamental Family and Society (Sociedad y Familia) provee cuidados en el hogar, terapia y hasta capacitación laboral.

La historia de Jumabubu es común en Kirguizistán, un país montañoso y empobrecido en Asia Central.

“Las madres solteras constituyen una enorme parte de nuestros clientes”, dijo Lilia Panteleeva, psiquiatra y directora de Sociedad y Familia.

Además explicó que, con frecuencia, los padres no pueden manejar el estrés de educar a un hijo con necesidades especiales ni el estigma y el aislamiento social de criar a un hijo enfermo mental.

En once de las veinte familias asistidas en las primeras dos etapas del proyecto piloto, las madres solteras eran jefas de familia, de acuerdo con Indira Aseyin, Gerente de Desarrollo de Programas de Hábitat para la Humanidad Kirguizistán.

Durante el régimen de la Unión Soviética, normalmente removían a los enfermos mentales de su ubicación, enviándolos a instituciones donde las condiciones de vida “a menudo violan flagrantemente los derechos humanos básicos”, de acuerdo con el OSI. Es una práctica que todavía está muy diseminada en Europa Central y del Este y en la región de la ex-Unión Soviética. Solamente tres o cuatro de estas instituciones existen in Kirguizistán y, por ello, los pacientes viven en condiciones deplorables y además, pueden estar lejos de sus familias.

Las enfermedades mentales son un estigma en muchos lugares del mundo, pero la práctica de secuestrar a los débiles mentales en Kirguizistán ha dado como resultado una información errónea y una ignorancia tan generalizada que “algunas personas piensan que se puede contraer la enfermedad simplemente al hablar con un débil mental”, dijo Mukambetov.

Los creadores del proyecto tienen la intención de ayudar a cambiar esta percepción manteniendo a los pacientes en sus comunidades. En algunos casos, las mejoras en las condiciones de vida por sí solas pueden contribuir a reducir el aislamiento social que estas familias enfrentan.

“Después de las renovaciones, las familias comenzaron a invitar a otras a su casa”, dijo Panteleeva, “lo que reduce el estigma”.

La tercera etapa del proyecto piloto comenzó el año pasado y se prolongará hasta el año 2012 en Bishkek y el distrito adyacente para ayudar a 45 familias más. La meta es continuar el proyecto después de esa fecha y convencer al gobierno de que es un modelo que vale la pena apoyar financieramente.

El año pasado, Sociedad y Familia y la Fundación Soros supervisaron el gasto por parte del gobierno. Panteleeva explicó que ellos constataron que una porción importante del dinero no se utiliza para tratamiento ni respaldo social sino para la infraestructura de las grandes instituciones mentales.

“Ahora podemos demostrar al gobierno que no necesitamos agregar más dinero, sino transferir lo del gasto en las instituciones, al gasto en soluciones locales”.

Hábitat para la Humanidad Kirguizistán no elaboraba sus programas específicamente para las mujeres; tampoco el enfoque de la estrategia es trabajar con ellas ni con hogares cuyos jefes de familias son mujeres. Sin embargo, cuando Hábitat Kirguizistán presentó proyectos de microfinanciamiento, se recibieron más y más solicitudes de mujeres. De hecho, 300 de las 780 solicitudes en el año fiscal 2009 fueron hechas por mujeres. En muchos casos, estas mujeres tienen esposos que trabajan (a veces tan lejos como Rusia o Kazajistán) y que les envían dinero pero les dejan las responsabilidades diarias a ellas. Estas mujeres asumen la obligación de mejorar la situación en el hogar y además, participar activamente en la supervisión y la ayuda con su trabajo en las áreas comunales de los complejos de edificios.

Por ello, aunque Hábitat Kirguizistán no se concentra deliberadamente en los problemas de las mujeres, sus programas y proyectos conjuntos brindan un apoyo que cambia la vida de las mujeres del país que crían a sus hijos, crean comunidades y forjan un futuro mejor para sí y sus familias.

Theresa Waldrop es una escritora-redactora en el departamento de Comunicaciones de Programas de Hábitat para la Humanidad Internacional y trabaja desde Atlanta, Georgia, E.E.U.U.