Derechos de propiedad para las mujeres: la clave para una vivienda verdadera -- Habitat for Humanity Int'l 1

Derechos de propiedad para las mujeres: la clave para una vivienda verdadera

“Entonces, tomo una cobija y paso la noche con mis hijos afuera en el frío, porque él me golpea demasiado y tengo que llevarme los niños para impedirle que los golpee también. Me voy hasta la montaña y duermo allí toda la noche. Ya lo hice más de diez veces”. -Una mujer peruana
Por Nora O’Connell


Hogar. Esta palabra conjura la imagen de una vivienda que nos protege contra las inclemencias del tiempo y los peligros que nos acechan afuera. Sin embargo, para millones de mujeres en todo el mundo, su hogar no representa una vivienda en lo absoluto. Una de cada tres mujeres en el mundo será maltratada física o sexualmente o de otro modo durante su vida. No son los extraños a quienes estas mujeres deben temer, porque ellas corren más riesgo de sufrir un acto de violencia cometido por sus parejas.

¿Cuál es la clave para que las mujeres puedan sentirse seguras en sus hogares? Las investigaciones recientes sugieren que al menos una parte de la respuesta es que las mujeres tengan la propiedad formal de sus viviendas.

Los estudios conducidos por el Centro Internacional de Investigación sobre las Mujeres (International Center for Research on Women, ICRW) en el sur de Asia revelaron que los mayores niveles de titularidad de sus viviendas por parte de las mujeres se correlacionaron en forma significativa con menores riesgos de violencia y maltrato familiar. Hasta el 84,5% de las mujeres dijeron que creían que la titularidad de una vivienda aumentó el respeto hacia ellas mismas dentro de sus familias.

Además, la titularidad de una vivienda permitió que un número mayor de mujeres negociaran su situación o abandonaran parejas que las habían maltratado. En un estudio, el 71% de las mujeres que poseían una vivienda se alejaron de una situación de abuso, comparado con el 19% de las otras.

Lamentablemente, las mujeres en todo el mundo enfrentan obstáculos significativos para poseer una propiedad. Aunque estas barreras pueden ser formales o informales, todas ellas causan el mismo efecto de denegar a las mujeres la seguridad y la oportunidad económica de poseer un hogar.

Por ejemplo, según el código civil en la República Dominicana, el esposo es el jefe de familia legal en el hogar y tiene derechos exclusivos de administración sobre los bienes familiares.

A las mujeres en Tanzania, al igual que a muchas de sus homólogas en la región del África subsahariana, se les niega los mismos derechos a la propiedad debido a las leyes de sucesiones discriminatorias. Cuando una persona fallece sin dejar un testamento, como la mayoría de la gente lo hace en Tanzania, sus herencias se distribuyen de acuerdo con el derecho consuetudinario (por ejemplo, leyes tribales) o Islámico, ninguno de los cuales brinda a las mujeres los mismos derechos hereditarios que a los hombres. Según el derecho consuetudinario, una mujer a menudo no tiene derechos a la tierra o la propiedad de su esposo; si este fallece, ella se enfrenta a la elección de casarse con su hermano o ser desplazada de su hogar.

En Bangladesh, hasta hace tan poco tiempo como el año 2006, menos del 10% de todas las mujeres tenían sus nombres escritos en los documentos conyugales de una propiedad, como por ejemplo, escrituras de tierras o viviendas.

Las soluciones para garantizar que las mujeres y los hombres tengan acceso a un régimen de tenencia segura y a derechos de propiedad varían notablemente de país en país. En algunos de ellos, es tan simple como garantizar que los formularios de inscripción de propiedades contengan espacios en blanco para escribir el nombre del esposo y de la esposa. En otros países, puede ser tan complicado como incidir políticamente por la sanción de una nueva ley y la educación de la gente sobre el cambio. En el año 2007, por ejemplo, Lesoto sancionó una ley que otorgaba a las mujeres casadas el derecho a su propia vivienda de modo formal, y el gobierno ha lanzado un programa de capacitación y educación para que la ley sea comprendida tanto por hombres como mujeres.

En 2009, los senadores de Estados Unidos, Richard Durbin (Demócrata, estado de Illinois) y Kay Bailey Hutchison (Republicana, estado de Texas), presentaron un proyecto de ley que incrementaría el financiamiento federal para ayudar a que las mujeres en países en vías de desarrollo en todo el mundo tengan el derecho de poseer su propia vivienda. La Ley Mundial de Recursos y Oportunidades para la Prosperidad de las Mujeres (Global Resources and Opportunities for Women to Thrive Act o GROWTH Act – es decir “Ley CRECER”), también llamada Ley CRECER (proyecto de ley del Senado Nacional Nº 1425), convoca nuevos recursos para respaldar las organizaciones de mujeres locales en países en vías de desarrollo en sus iniciativas de defensoría de la causa, incidencia política y educación para aumentar la titularidad de una propiedad por parte de las mujeres. Si se sancionara la ley, esta ayudaría a que las mujeres tengan derechos legales a poseer sus viviendas y además, garantizaría que su hogar sea la vivienda segura que todos nos merecemos.

Hábitat para la Humanidad ha apoyado fervientemente la Ley CRECER, ya que reconoce que el tema de los derechos de propiedad es el fundamento para brindar a las mujeres y a las jefas de familia de sus hogares las ventajas socioeconómicas y legales que les permitan conducir a una transformación de la comunidad y criar a una nueva generación.

Nora O’Connell es Vicepresidente de asuntos públicos y políticas en Women Thrive Worldwide, la organización benéfica a la vanguardia en la nación que ayuda a definir las políticas federales para contribuir a que las mujeres superen su condición de pobreza y la de sus familias en todo el mundo. Dirige el trabajo de defensoría de la causa sobre integración de género y potenciación de las mujeres.