¿Qué sabemos sobre la relación entre la calidad de la vivienda y la salud? -- Habitat for Humanity Int'l 1

¿Qué sabemos sobre la relación entre la calidad de la vivienda y la salud?

Por Lisa Heintz y Karan Kennedy

En nuestro trabajo construyendo y mejorando casas junto con los carenciados, sabemos instintivamente que las personas con una vivienda adecuada son más saludables y más felices, se sienten más seguras y son menos susceptibles a las enfermedades que son endémicas para la gente que sufre de pobreza.

En los últimos años, Hábitat para la Humanidad comenzó a evaluar específicamente las formas de planificar intervenciones de vivienda que causen el impacto más favorable en la salud. En esta iniciativa, nuestros buenos instintos están alineados con una investigación reciente, junto con la información provista por organizaciones de la salud mundiales y las conclusiones del Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas (PDNU).

Lo que las investigaciones nos informan

La investigación del impacto de las casas precarias en la salud de las familias es relativamente nueva en los países en vías de desarrollo; sin embargo, podemos llegar a comprenderlo a partir de los estudios conducidos en los Estados Unidos y Europa.

En los Estados Unidos las investigaciones identifican muchos problemas de salud, originados por las condiciones de una vivienda inadecuada, entre ellos envenenamiento con plomo, mordidas de ratas, incendios, asfixia causada por sistemas de calefacción mal ventilados y descargas eléctricas, solo por mencionar algunos (Rosenstreich y otros, 1997).

Muchos estudios han demostrado que una vivienda mantenida en malas condiciones está relacionada con lesiones y envenenamiento con plomo entre los niños (Sandel y otros, 1999, 25-26; véase también Scientific American 1999, 19-20; Bernstein 1999; Perez-Pena 2003). El envenenamiento con plomo está tan generalizado que se lo ha declarado “la enfermedad ambiental más común y más devastadora entre los niños pequeños” (Oficina de Contaduría General de los Estados Unidos, 1993, 2).

Los problemas estructurales no son los únicos que influyen sobre la salud. El hacinamiento puede exacerbar el estrés y las enfermedades también, de acuerdo con estudios en los Estados Unidos (Nossiter 1995).

Otros estudios en Gran Bretaña y Escocia vinculan la vivienda a problemas de salud y el clima frío. Las casas con aislamiento insuficiente y condiciones de humedad causadas por una calefacción inapropiada se correlacionan con un número mayor de muertes informadas en los meses de invierno entre los indigentes. La mala calidad del aire debida a la falta de una ventilación apropiada también causa un impacto negativo en la salud, en particular entre los niños, ya que pueden estar expuestos al humo del cigarrillo, la cocina, ácaros del polvo y las esporas de hongos o moho que prosperan en un entorno húmero.

Un estudio controlado realizado en Inglaterra demostró que los residentes de viviendas públicas de alta calidad en la Zona Oeste de Londres tenían menos probabilidades de enfermarse que aquellos que habitaban viviendas públicas de menor calidad en el este de Londres (Hynes y otros 2000, 3).

Todos estos hallazgos apuntaron a la conclusión de que la calidad de la vivienda en los países en vías de desarrollo también causaría un efecto significativo en la salud. Se han iniciado nuevas investigaciones para verificar esta conexión.

Un estudio reciente conducido en las barriadas urbanas por Paul Gertler, un profesor de la Universidad de California, Berkeley, llegó a la conclusión de que el reemplazo de pisos de tierra por cemento causa un efecto incalculable en la salud mejorada de los niños. De hecho, el cambio en las condiciones de la vivienda influyó mucho más en la salud y el desarrollo cognitivo de los niños que los suplementos nutritivos.

Por ejemplo, el estudio detectó un programa urbano en México que comenzó en el estado norteño de Coahuila en 2000. En 2005, se informaron los siguientes resultados para los propietarios en Torreon: “Una reducción de casi el 20% en la presencia de parásitos y, cuando se compara la ciudad con sus vecinos, sus niños menores de 6 años mostraron las siguientes mejoras: casi el 13% menos de casos de diarrea; una reducción del 20% en la incidencia de anemia; puntajes más altos del 30% en destrezas de comunicación y lenguaje entre los bebés de 12 a 30 meses; y puntajes más altos del 9% en la prueba de vocabulario entre los niños pequeños (de 36 a 71 meses)”.

Los investigadores advierten que los mismos resultados no se lograrían en zonas rurales donde las familias no tienen acceso a agua limpia. Es evidente que la combinación de pisos de cemento y agua limpia crea una diferencia fundamental en la salud y el bienestar de los niños.

Lo que los profesionales médicos nos informan

De acuerdo con las estadísticas recopiladas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), las enfermedades diarreicas son la tercera causa principal de mortalidad entre los niños menores de 5 años mientras que la malaria ocupa el cuarto lugar. Más de 1.7 millones de niños mueren cada año a consecuencia de la diarrea y más de 800.000 debido a la malaria.

Causas principales de mortalidad entre los niños de menos de 5 años, estimaciones para 2000-2003 (fuente: Organización Mundial de la Salud, Informe de Salud Mundial 2005)

La falta de acceso al agua limpia y los servicios sanitarios está relacionada directamente con la incidencia de la diarrea. De acuerdo con el Informe sobre el Desarrollo Humano de la PDNU de 2006: “Beyond Scarcity: Power, Poverty and the Global Water Crisis” (Más allá de la escasez: la crisis mundial de la electricidad, la pobreza y el agua), se calcula que mil cien millones de personas en los países en vías de desarrollo no tienen acceso a una cantidad mínima de agua limpia. Un nivel aceptable de agua por persona es casi de 20 litros por día.

El acceso a servicios sanitarios es un problema aún más acuciante: “Se calcula que dos mil seiscientos millones de personas, la mitad de la población de los países en vías de desarrollo, no tienen acceso a servicios sanitarios esenciales”. Los efectos sobre la salud sobre tremendos pero los costos para el desarrollo humano son aún mucho peores.

El Informe sobre el Desarrollo Humano calcula que:

La pérdida de 443 millones de días escolares por año debido a enfermedades causadas por el agua
Millones de mujeres pasan varias horas por día recolectando agua
Los ciclos vitales de desventaja afectan a millones de personas, con enfermedades y la pérdida de oportunidades educativas en la infancia que conducen a la pobreza en la edad adulta
Los Centros para la Prevención y el Control de Enfermedades (CDC) de los Estados Unidos recomiendan tres intervenciones para controlar la malaria, una de las cuales es el “control de vectores”. El control de vectores es la reducción de la incidencia del contacto entre los mosquitos transmisores de la enfermedad y los seres humanos. Es decir, no es fundamental eliminar el parásito si se pueden lograr las mejoras socioeconómicas adecuadas; por ejemplo, los CDC indican que las casas con mosquiteros en las ventanas y aire acondicionado, junto con un tratamiento efectivo, han eliminado la enfermedad en América del Norte y Europa.

El Mal de Chagas es otra enfermedad transmitida por parásitos que afectan las zonas rurales en Latinoamérica. Los CDC calculan que de 8 a 11 millones de personas están infectadas con el Mal de Chagas en México, América Central y Sudamérica. “Los triatóminos prosperan en malas condiciones de vivienda”, informa el CDC, “por ejemplo, paredes de barro y techos de paja”.

Incorporar lo que sabemos sobre el impacto de la vivienda en la salud en los diseños de casas e intervenciones de agua y servicios sanitarios, evidentemente produce un efecto notable en el bienestar de los niños y las familias.

Lisa Heintz trabaja como especialista en el Departamento de Desarrollo Institucional y Aprendizaje de HFHI. Dirige el curso sobre Vivienda y Asentamientos Humanos. Karan Kennedy es Directora de proyectos internacionales en Operaciones de Campo Internacionales y redactora de El Foro.