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Cómo mejorar lo que tenemos

Por Robin Black

“Las viviendas precarias” abarcan dos amplias categorías: • La escasez o carencia de viviendas: para solucionar este problema, necesitamos casas nuevas o prolongadas. • La calidad de la vivienda: para abordar esto, tenemos que mejorar lo que tenemos.

En 2006, por primera vez en su historia, la población mundial en las zonas urbanas aquella de las zonas rurales. Por consiguiente, para Hábitat para la Humanidad en Europa y Asia Central, resulta evidente que un gran parte de nuestro trabajo se debe enfocar en la mejora de las casas, además de aumentar la cantidad de la reserva de viviendas públicas.

Este artículo se enfocará en la mejora de la calidad de la vivienda, y se renovarán los componentes de construcción específicos en complejos de apartamentos tipo condominio en Bishkek, Kirguistán, como ejemplo.

Cuando se construyó en 1976 el complejo “Eirenna” de cinco pisos y 130 unidades, era una de las soluciones de vivienda públicas más deseables, provistas por el estado, el cual era, en ese momento, responsable de estas. Las características atractivas del complejo incluían:

  • Apartamentos privados
  • Sólo cuatro familias por excusado y baño compartidos
  • Ocho estufas de gas por piso en la cocina comunal
  • Un ascensor
  • Un cuarto de almacenamiento individual y lavadero común en el sótano

Aunque el condominio Eirenna había sido alguna vez un lugar relativamente deseable donde vivir en Bishkek, cuando visité por primera vez el complejo en diciembre de 2005, fui testigo de algunas de las condiciones de vida más lamentables que vi alguna vez en un complejo de apartamentos de varias unidades:

  • Había pérdidas de agua en el techo y en las paredes.
  • Diversos tipos de moho crecían en cada apartamento, y había un crecimiento desmedido de hongos en zonas comunales.
  • El olor nauseabundo del moho y la humedad se quedaba pegado a las narices de los ocupantes por horas después de salir del complejo.
  • Se producían cortocircuitos frecuentes del sistema eléctrico debido a las pérdidas de agua.
  • El ascensor no había funcionado por muchos años.
  • El sistema de servicios sanitarios funcionaba solamente en algunos de los excusados compartidos.
  • Las cocinas se habían convertido en apartamentos adicionales.
  • El poco aislamiento en los paneles de las paredes prefabricados había cedido hace tiempo.
  • Las ventanas de un solo panel hacía ruido en sus marcos.

Los efectos de esta situación en la calidad de vida de los residentes se manifestaban de muchas maneras:

  • Alta incidencia de enfermedades pulmonares, específicamente entre los niños y ancianos.
  • Nada se podia guardar ni dejar en el piso, el cual se inundaba continuamente.
  • Frío y humedad
  • Todos los niños se sentaban/jugaban encima de las camas; aquellos que tenían botas de goma podían jugar en el piso de los apartamentos y pasillos comunales.
  • Todos usaban zapatos de calle dentro del hogar (es una costumbre cultural en Kirguistán sacarse los zapatos a la entrada de la casa).
  • Se desperdiciaba tiempo y energía caminando a excusados improvisados fuera del edificio debido al ascensor que no funcionaba.
  • Riesgos de electrocución.
  • Las familias habían perdido su dignidad y se avergonzaban de invitar a sus amigos a visitarlos debido al estado de su hogar.

Antes del cambio de la situación política en la región a comienzos de los años noventa, el estado, que era el propietario del complejo de apartamentos, se ocupó de las reparaciones y el mantenimiento preventivo. Poco después de ese cambio, se privatizaron la industria y las viviendas sociales en todo el país. Muchas familias, específicamente aquellas que trabajaban en las industrias privatizadas, compraron y se ocuparon de sus apartamentos mientras conservaron sus puestos de trabajo. Sin embargo, nadie se responsabilizó del mantenimiento preventivo ni las reparaciones de las áreas e instalaciones comunales en el complejo, lo cual dio como resultado primero un deterioro gradual del complejo y el colapso de muchos de los componentes. Una vez alcanzada una etapa crítica, el colapso de los componentes fue más repentino, en particular el deterioro total del recubrimiento del techo.

Los residentes de Eirenna se movilizaron tanto como pudieron para asumir el control de la situación. Formaron un grupo representativo para estar registrados legalmente y se unieron al Grupo de la Asociación de Condominios de toda la ciudad, 1 el cual expresaba su opinión y lo representaba ante el gobierno y otras organizaciones de asistencia.

A partir de ese momento, los planes comenzaron a concretarse. Las familias identificaron las necesidades por prioridades y se designó a HFH Kirguistán, como identidad legal, para administrar las reparaciones. Las familias y HFH Kirguistán inspeccionaron la condición del edificio y debatieron sobre las reparaciones. Se tomó una decisión democrática para reparar el techo. Sin embargo, no todas las familias, en particular aquellas que habitaban la planta baja y los primeros pisos, no estuvieron de acuerdo con esto, ya que no eran afectadas directamente por el recubrimiento defectuoso del techo. Esto demandó muchas negociaciones con las familias. El grupo representante de Eirenna cobraría los pagos a los residentes y pagaría a HFH Kirguistán una suma global. Muchas de las familias no podían asumir un compromiso financiero por una cantidad mayor que el recubrimiento del techo. Como esto era un nuevo modelo para HFH Kirguistán, este proyecto demostraría si el modelo era apropiado para las familias, la asociación y HFH. El techo se renovó a fines de 2006.

Volví a visitar el complejo en octubre de 2007; desde fuera, se observaron algunos cambios destacables. Dentro del edificio, tuve la impresión de que las luces funcionaban y la gente se reunía en las áreas comunales. Aunque las paredes todavía estaban manchadas por la cantidad de agua que se había filtrado con los años, se había detenido el crecimiento del moho. Lo que me causó un mayor impacto fue que ya no olía a moho y humedad. Los niños corrían por los pasillos y jugaban en los pisos. .En los hogares, la gente se sacaba sus zapatos en la entrada del apartamento; ya no se usaban las camas para guardar artículos del hogar en vez de apoyarlos sobre los pisos; estos se habían convertido en parte del hogar otra vez. El ambiente dentro de los hogares y en todas las zonas comunales es completamente distinto, es decir, se produjo un cambio para bien. Parece que la renovación del techo fue un catalizador para que las familias llevaran las reparaciones a otro nivel. Como se cuidan ahora las zonas comunes del suministro de agua y servicios sanitarios, los residentes pudieron pintar parte de las paredes que estaban antes húmedas. Las dos familias que encontré comentaron que hubo algunas mejoras en la salud de sus familias.

Aunque la transformación ha comenzado, todavía queda mucho por hacer. Una vez que las familias y la asociación han demostrado su compromiso con el proyecto y que los pagos se han recibido puntualmente, la siguiente etapa de construcción puede comenzar.

Se calcula que hay entre 150 y 200 complejos de apartamentos como éste en Bishkek, cuyos residentes se hallan dentro del nicho de HFH. Aunque concluyó la reparación del techo, la terminación de las viviendas precarias para estas familias apenas acaba de comenzar.

Robin W. Black es gerente de construcción de HFH Europa/Asia Central. Robin tiene una maestría en vivienda y desarrollo urbano de Oxford Brookes University y una experiencia de 24 años en el negocio de la construcción. Antes de trabajar en HFH, Robin se ocupaba del trabajo de desarrollo en Zimbabwe y la reconstrucción post-desastres en escuelas, centros médicos y campos de refugiados en Macedonia.

Su dirección de correo electrónico es rblack@habitat.org.


1 Este grupo administra, mantiene y repara complejos de apartamentos.