La problemática de llevar a cabo proyectos de vivienda en las ciudades -- Habitat for Humanity Int'l 1

La problemática de llevar a cabo proyectos de vivienda en las ciudades

Por Carl Queiros

La realidad

Un informe de PNUAH indica que en todo el mundo más de un mil millones de personas viven en barriadas, es decir, uno de cada tres habitantes urbanos del mundo viven en barriadas. La tasa de urbanización es más rápida en países en vías de desarrollo, la cual representa ahora el 75 por ciento de la población urbana mundial.

La intensa migración urbana genera una inmensa demanda de recursos urbanos como terrenos, agua, servicios sanitarios, transporte, instalaciones educativas, servicios médicos, etc. Esta mayor demanda de servicios y recursos determina que estos sean a menudo inaccesibles o inalcanzables simplemente para los pobres de las ciudades. Una vez más, los grupos de más bajos ingresos son los más afectados por esta escasez. Por lo tanto, la falta de acceso a una vivienda digna y asequible en las ciudades se ha convertido en un tremendo problema y un obstáculo importante que impide a los grupos de bajos ingresos a superar la pobreza.

Por otra parte, la urbanización puede ser positiva, porque le ofrece a los indigentes mayores probabilidades de aumentar sus ingresos y, por lo tanto, a escapar finalmente de la pobreza. Sin embargo, esto solo es así si el incremento de los ingresos permite realmente comprar los productos esenciales, como una vivienda digna. Por ejemplo, en nuestro trabajo urbano entre las barriadas en Sudáfrica, a menudo hemos notado que algunos residentes tienen pocas pertenencias, mientras que otros tienen muebles y electrodomésticos costosos y a veces hasta un vehículo. Se han urbanizado y aumentado sus ingresos disponibles, pero no pueden comprar una casa digna.

Los desafíos de una vivienda urbana

¿Por qué tantas organizaciones, entre ellas Hábitat y los gobiernos, no demuestran ser tan exitosos al enfrentar los desafíos de una urbanización?
1. Materiales de construcción En las comunidades rurales, los pobres que no pueden costear la compra de materiales de construcción modernos que se usan comúnmente en los países en vías de desarrollo como cemento, losas, ladrillo recocido, planchas de hierro para el techo, acero, vidrio, etc., aún pueden edificar una vivienda utilizando materiales tradicionales y locales como ladrillos de barro/tierra, arcilla, madera, juncos, bambú y pasto/techo de paja. Aunque rústicas, estas estructuras proveen un techo digno.

En la ciudad, con frecuencia hay un escaso suministro de materiales tradicionales. Por lo tanto, aquellas personas que tienen ingresos bajos o no los tienen, carecen de recursos materiales para la construcción, excepto la basura: madera, acero, plástico y cartón descartados se convierten en las materias primas de las viviendas pobres en las ciudades. A diferencia de los materiales tradicionales que se pueden convertir en un techo digno, es casi imposible transformar la basura descartada de la ciudad en casas durables, de buena calidad y de bajo costo.

2. Urbanización
Pocas ciudades han previsto el alcance y la escala de la urbanización, y la mayoría de ellas carece de planes integrales, bien pensados y realistas para enfrentar la expansión. Como trabajamos con el gobierno local en zonas urbanas, no nos sorprende a veces determinar que no hay un plan de urbanización principal, o que sólo hay uno muy básico que es irrealista, o que los planes de urbanización ignoran simplemente los asentamientos en las barriadas. A menudo, los mismos departamentos relacionados con la urbanización y la provisión de infraestructura y servicios no tienen un personal idóneo y capacitado correctamente.

La urbanización se complica además por los intereses económicos de los individuos o grupos. Los dirigentes políticos locales a veces son grandes propietarios de terrenos/propiedades en las ciudades también, o están vinculados con empresarios locales ricos y poderosos. A ellos no les conviene abogar por la liberación de tierras para viviendas sociales o la asignación de recursos para convertir la densa reserva de viviendas de alquiler rentable y de baja calidad en unidades de vivienda dignas y a precios razonables. La trágica consecuencia de este conflicto de intereses, además de una mala urbanización, es el poco progreso alcanzado para proveer la infraestructura y los servicios necesarios en esa urbanización, como las carreteras, agua, servicios sanitarios, electricidad, etc. Es más rentable para los gobiernos planificar de antemano y proporcionar esa infraestructura que re-asentar o renovar los asentamientos informales.

En este contexto, las organizaciones como Hábitat que desean trabajar en zonas urbanas se encuentran tratando de proveer viviendas sin contar con mucho apoyo del gobierno u otros organismos afines.

3. Una regulación estricta e inapropiada
El cumplimiento de las regulaciones edilicias de la ciudad con frecuencia es difícil y costosa. Además, la satisfacción de las necesidades de una infraestructura en la ciudad es mucho más desafiante. Como la provisión de los servicios relacionados con la vivienda también es más costosa en las zonas urbanas, y no siempre podemos depender del gobierno o los socios para ello, los proyectos de vivienda urbanos esencialmente son más complicados y costosos.

Por ejemplo, casi todos los países africanos poseen regulaciones edilicias urbanas que se basan, por lo menos en parte, en códigos de construcción anticuados, establecidos por los ex gobernantes coloniales. ¡Por ejemplo, en un país tropical, puede haber códigos de construcción que establecen que el techo debe tener una cierta pendiente para la nieve! Una ciudad puede establecer que todos los edificios en esa ciudad sean edificados con materiales apropiados, lo cual a menudo significa materiales fabricados modernos, y la mayor tendencia es el cemento. El abundante material local queda excluído completamente de la lista aceptada, y esto sucede en un país que importa todo su cemento. Los sistemas sanitarios aceptables se pueden basar en aquellos desarrollados en Occidente, los cuales, aunque son muy apropiados para esos países, son costosos e inadecuados para algunas naciones en vías de desarrollo. Todas estas regulaciones hacen que sea imposible o sumamente costoso para los pobres en las zonas urbanas edificar estructuras seguras y dignas de modo legal. Como consecuencia, viviendas inseguras, insalubres, de baja calidad e ilegales constituyen ciudades enteras.

4. “Los zorros tienen madrigueras y los pájaros sus nidos, pero el Hijo de Dios no tiene un lugar donde apoyar su cabeza”. — Jesús, Mateo 8:20
En la actualidad, en los países en vías de desarrollo africanos, muchos se pueden identificar con Jesús: los terrenos para las viviendas de bajos ingresos en las ciudades son escasos. Esto es en gran parte el resultado de la combinación de una mala urbanización, monopolios de propietarios de tierras y las cantidades (el mero volumen de los inmigrantes en la ciudad dentro de un espacio limitado). En ciertos casos, las políticas de urbanización fueron formuladas deliberadamente para mantener a los pobres fuera de las ciudades. En docenas de ellas, los terrenos a precios asequibles para los grupos de más bajos ingresos (a veces hasta para aquellos de medianos ingresos) se pueden encontrar ahora solamente en la periferia de la ciudad. Estas parcelas más económicas se encuentran alejadas de los puestos de trabajo, escuelas, hospitales y otros servicios. Pocas veces la asignación de terrenos para las familias pobres lejos de la ciudad ha producido buenos resultados, a menos que se planifique y proporcione el transporte, la infraestructura y el acceso a oportunidades económicas apropiados, lo cual rara vez ocurre.

La seguridad del régimen de propiedad es otro problema importante. Hernando de Soto y otros escritores han explicado cuán difícil puede ser para los ciudadanos de los países en vías de desarrollo obtener un título de propiedad legal sobre sus tierras. (Véase “El Foro”, volumen 13:3, para obtener más información.) ¡En Egipto, por ejemplo, terminar los 77 pasos para obtener un título de propiedad puede tardar hasta 17 años! Como tener un título de propiedad es un prerrequisito para la aprobación de la construcción o planes de desarrollo, los problemas consiguientes resultan evidentes. Una familia de bajos ingresos que no tiene derechos legales seguros sobre su terreno tiene menos probabilidades de invertir esencialmente en una edificación en la propiedad. Esta familia construirá por necesidad un techo, pero será económico, de baja calidad, insalubre e ilegal.

5. Personal idóneo
Si Hábitat y otras organizaciones relacionadas con la urbanización desean desempeñar una función significativa en esta área, será fundamental emplear, contratar o trabajar en forma conjunta con una amplia gama de personal idóneo que comprenda el fenómeno de la urbanización. En general, las organizaciones nacionales han contratado o empleado algunas de estas personas calificadas, pero todavía hay brechas de competencia.

6. Desafíos financieros
No se pueden ignorar los desafíos financieros relacionados con los costosos proyectos urbanos. Trabajar con los pobres en las ciudades implica hacerlo con familias que tienen ingresos constantes, pero bajos o ingresos esporádicos o que prácticamente no los tienen. Pocas familias, si las hay, tendrán acceso a financiamiento, incluido el micro-financiamiento. Este factor, junto con el hecho real que los proyectos urbanos tienden a ser más costosos que los rurales, crea sin embargo otros desafíos.

Como respuesta, es possible que Hábitat y sus socios tengan que recaudar mayores cantidades de dinero y aumentar el nivel de subsidios. Debemos considerar los ahorros de costos diseñando casas más económicas y de buena calidad y aprovechando las economías de escala. Si proveemos micro-préstamos, deberemos adaptarlos a las realidades específicas de ingresos de estas comunidades.

Una compleja transformación social

Todos sabemos que Hábitat para la Humanidad no sólo se trata de construir casas. El objetivo real de lo que hacemos es ayudar a las comunidades a transformarse para mejor y ayudar a las personas a abandonar las viviendas precarias. El proceso de desarrollo comunitario (la interacción comunitaria, la propiedad, la potenciación y otras palabras semejantes que a nosotras, las ONG, nos encantan), son muy importantes para nosotros. Ver simplemente cómo los edificios se construyen no indica en sí mismo el éxito, y éste es otro desafío para Hábitat relacionado con las viviendas urbanas. Las casas para los pobres en las ciudades en general se relacionan con “comunidades” de barriadas nuevas y pobres. A diferencia de las zonas rurales, estas comunidades pueden en realidad no serlo en el sentido más pleno y tradicional de la palabra. Las comunidades rurales están conectadas entre sí por una mezcla de cultura, idioma, valores, religión, relaciones y vínculos sociales comunes que han evolucionado por generaciones. En las comunidades de las barriadas urbanas (formadas por personas que han migrado recientemente de diversas partes del país, o hasta de otros países) la mayoría de estos factores comunes no existe. Son comunidades por omisión, por el simple hecho de que ocupan un espacio en estrecha vecindad.

Trabajar con comunidades heterogéneas, desorganizadas y sin redes sociales y estructuras de liderazgo claras hace que el desarrollo de viviendas sociales sea mucho más complicado y arriesgado. Edificar viviendas urbanas cuando se ignora, o se considera incorrectamente, la participación comunitaria y el desarrollo podría dar como resultado un proyecto de construcción que más tarde se convertiría en una barriada o un gueto con una alta tasa de criminalidad. Hábitat debe definir claramente qué resultados “suaves” se esperan cuando se edifican o transforman comunidades urbanas. Estos se deben incluir en los indicadores de éxito, y nosotros debemos poder medir nuestro desempeño en consecuencia. Esos indicadores deben incluir el nivel de voluntariado comunitario, servicios sociales proporcionados por la comunidad misma, la tasa de criminalidad, el sentido de pertenencia, etc.

Hablar, escuchar y establecer contactos

Comprometer a la comunidad en el proceso de desarrollo comunitario en una ciudad es presentar un factor necesario, pero significativamente complicado en lo que ya es un proceso complejo. Cuando se realiza un proyecto de desarrollo urbano, no es suficiente comprender el proceso de desarrollo desde una perspectiva técnica (inscripción del título de dominio, inscripción de la municipalidad, problemas de cumplimiento legal, provisión e instalación de los servicios, etc.); también se debe comprender cómo hacer participar a los dirigentes de la comunidad local.

En un proyecto de renovación en una zona urbana deprimida en la ciudad de Toliar en Madagascar, tuvimos que hacer participar directa y constantemente al dirigente representante de la comunidad local (conocido localmente como Fokantany) y la municipalidad y organismo de administración urbana regional del lugar. Además de estos actores principales, también consultamos a varios departamentos gubernamentales, otras ONG y posibles donantes. Aunque el proceso es lento, es fundamental. Si no se incluyera a algunos interesados y actores, esto podría significar más tarde el fracaso del proyecto urbano. Algunos gobiernos y sus organismos comienzan a darse cuenta de que un asentamiento urbano y un programa de desarrollo óptimos no solo se trata de una planificación, ingeniería y construcción significativas, sino que es principalmente un proyecto social. De este modo, si Hábitat desarrolla la capacidad y competencia apropiadas para esta área de trabajo, estaremos en una buena posición de hacer una contribución importante a ese proceso, ya que comprendemos y tenemos mucha experiencia en el aspecto social de los programas de vivienda.

Carl Queiros es el Director de Desarrollo de Programas en HFH en África y Oriente Medio. Su dirección de correo electrónico es cqueiros@habitat.org.