Asistencia a grupos vulnerables -- Habitat for Humanity Int'l 1

Asistencia a grupos vulnerables

Por Jonathan Reckford

Hábitat para la Humanidad, en una verdadera asociación con Dios y la gente que nos rodea, ha prestado un servicio a la comunidad durante más de 30 años al producir cambios y transformar vidas y comunidades.

Hemos trabajado "con mi mano en tu mano”, como dice el refrán egipcio, para dar una oportunidad de vivienda a nuestros hermanos y hermanas que tienen una necesidad apremiante de ésta. Con cada paso por ese camino, hemos demostrado nuestro amor por Dios ya que pusimos en práctica nuestro amor y compasión por el prójimo.

En el Libro de Mateo, Jesús menciona esto. Cuando le preguntan, “¿Señor, cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, o sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos huésped y te recogimos, o desnudo y te cubrimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en prisión y fuimos a visitarte?” O bien, podríamos agregar: “¿cuándo te vimos sin un lugar digno donde dormir y te dimos un techo?”

La respuesta: “De cierto les digo que en cuanto lo hiciste a uno de estos, mis hermanos [o mis hermanas] pequeñitos, a mí lo hiciste”.

El llamado a este movimiento es para que podamos “hacer para el más pequeñito” de nuestros vecinos lo que podríamos “hacer” para nuestro Señor. Nuestra misión nos brinda una oportunidad excepcional para expresar dicha compasión mediante una asociación respetuosa los unos con los otros y con aquellos que ayudamos.

Como lo comprobará en las siguientes páginas, esta edición de El Foro analiza algunas de las formas en que los socios de Hábitat en todo el mundo asisten a las familias carenciadas, en particular los grupos vulnerables que necesitan urgentemente un techo.

No tenemos que mirar muy lejos para encontrar hijos y padres que enfrentan situaciones extraordinarias cada día que hacen que la vida sea sumamente difícil, aún más allá de las cargas tan tremendas de una vida de pobreza. Cuando me encontraba en Bucarest, y hace poco tiempo en Macedonia, por ejemplo, visité familias del Pueblo Rom que enfrentan una extrema pobreza y penurias con sus viviendas todo el tiempo y que luchan además con otros factores, tales como la discriminación, la desconfianza y la sospecha. En África, escuché historias de mujeres que, después de haber perdido a sus esposos, perdieron también sus casas porque no tenían derecho de propiedad. Por consiguiente, con relativa frecuencia, ellas y sus hijos terminan en la calle.

En todo el mundo, en particular en África, los niños quedan huérfanos a causa del VIH/SIDA y otras enfermedades y se ven obligados a crecer muy rápidamente y enfrentar a muy temprana edad lo que la mayoría de nosotros no puede imaginar en ninguna etapa de la vida.

Estamos comprometidos a encontrar más formas de llegar a esta gente, a nuestro prójimo “para alimentarlo”, “para darle algo de beber" o "vestirlo" y "visitarlo". Estamos comprometidos a darle una vivienda, a abrazarlo con respeto y compasión, mientras demostramos en todo lo que hacemos el amor incondicional de Jesucristo.

La pobreza crea una crisis diaria, por no mencionar las penurias adicionales que la acompañan, para innumerables familias en todo el planeta. Las familias que luchan con un dólar o dos por día son vulnerables en circunstancias normales, sin mencionar las cargas extra de la discriminación o la falta de derechos humanos básicos. Sin embargo, las soluciones que brindamos al relacionarnos con dichas familias producen cambios. Una pequeña ayuda puede causar un gran impacto.

Tenemos el privilegio de asumir un pequeño rol en esta situación para contribuir a paliar las penurias que la pobreza impone, la vulnerabilidad que genera en tantos niveles; para trabajar a la par del “más pequeñito” de nuestros hermanos y hermanas para que superen las condiciones de sus viviendas precarias que arrojan brutalmente a las familias a situaciones de vida espantosas, inaceptables e intolerables. Al mismo tiempo, debemos tener plena conciencia de que los corazones que más necesitan una transformación son el suyo y el mío.

Me siento agradecido por todo lo que hace para promover estas iniciativas.

Jonathan Reckford es el Presidente y Director Ejecutivo de Hábitat para la Humanidad Internacional.