La vulnerabilidad en una teología de abundancia radical -- Habitat for Humanity Int'l 1

La vulnerabilidad en una teología de abundancia radical

Por Steven Weir

Las estadísticas de la vulnerabilidad son alarmantes: en todo el mundo, un niño muere a causa de una enfermedad evitable cada tres segundos mientras millones de otros niños se acuestan hambrientos cada noche. Este ejemplar destaca el trabajo de Hábitat con las poblaciones vulnerables. Con frecuencia, Hábitat ocupa el espacio entre las promesas de la retórica política y la realidad. Éste es un espacio que solamente una teología de abundancia radical puede llenar, confirmada por una responsabilidad pública y personal, en respuesta a las buenas noticias del Evangelio.

“Poblaciones vulnerables” es un término empleado por las organizaciones para el desarrollo que hace referencia a los grupos sociales discriminados, marginados y desfavorecidos de la sociedad central. Las agencias de servicios sociales usan este término, también, para referirse a los grupos, en particular aquellos que corren un mayor riesgo de ser susceptibles a problemas de salud, cuyas necesidades no son cubiertas completamente por los proveedores de servicios tradicionales. Su vulnerabilidad a menudo se manifiesta en tasas más altas de mortalidad, menor expectativa y calidad de vida y acceso limitado a servicios de salud.1

Las poblaciones vulnerables incluyen minorías étnicas, víctimas de conflictos y los indigentes, discapacitados y ancianos.

Cualquiera sea la definición, estas poblaciones comparten características comunes que los torna aún más susceptibles a “que sean excluidos del sistema”. Las causas de su vulnerabilidad son sus restricciones financieras, su falta de recursos y servicios y la falta de conocimiento público de sus situaciones. Todos tienen dificultades para abogar por –o satisfacer- todas sus propias necesidades y cuentan con otros para suplir sus carencias. Esto contribuye a un estatus social más bajo y la falta de poder en las relaciones personales, sociales y políticas.

El Marco de Referencia para Medios de Vida Sustentables (véase la página 4 para obtener más información) es un modelo dinámico de erradicación de la pobreza que Hábitat para la Humanidad (HFH) utiliza ahora para garantizar que nuestros diseños de programa brinden más que un nuevo techo. Describe la interconexión de los síntomas arriba mencionados.

El modelo sugiere que cada uno de nosotros mejora su capacidad para prosperar a través de tres estrategias independientes para el sustento:

  • Aumentar los bienes,
  • Reducir la vulnerabilidad, y
  • Abordar las desigualdades en las regulaciones gubernamentales y sistemas de la sociedad.

Los diseños de programa que incorporan todas estas tres estrategias causarán el impacto con mayores resultados en una familia a través del refuerzo mutuo.

Esto se puede observar en acción en Sudáfrica, Zambia o Mozambique en aquellas familias en las que un menor es jefe de familia porque los padres han fallecido como consecuencia del flagelo del SIDA. Mediante el amplio proceso de participación comunitaria de HFH, los hogares mejorados dan a estas familias sin padres un bien físico, una vivienda, que contribuye a reducir la vulnerabilidad a las inclemencias climáticas y las enfermedades; al mismo tiempo, una mejor concienciación comunitaria eleva su nivel social, lo que reduce la vulnerabilidad de los hermanos de que sean separados y vendidos para la prostitución infantil. Este trabajo, junto con la defensoría local para el régimen de tierras y las oportunidades de generación de ingresos a través de las organizaciones socias, impide que la gente se hunda en la desesperación y moviliza a toda la comunidad hacia una abundancia radical de esperanza. Creemos que ninguno de nosotros puede vivir dignamente en nuestra comunidad hasta que todos sus miembros vivan dignamente. El programa para huérfanos y niños vulnerables (OVC, por su sigla en inglés) de HFHI es un primer paso fundamental en estos países.

La vulnerabilidad no se limita a los pobres sino que, de muchas formas, es un espacio compartido entre ricos y pobres. Al regresar a los Estados Unidos después de vivir en el extranjero en gran parte en los últimos 15 años, me sorprendió el abrumador sentido nacional de vulnerabilidad y temor del “otro”. Esto se refleja en las políticas de inmigración y protección de las fronteras, la tipificación de la seguridad y los prejuicios religiosos y étnicos, y está exacerbado ahora por la vulnerabilidad económica de las familias de todos los niveles de ingresos, cuando el sistema financiero mundial en crisis afecta los ahorros de toda una vida y la seguridad. El miedo crea un sentido de vulnerabilidad al reforzar la teología de un mundo de suma nula.

Un mendigo me invitó hace poco a su pequeño refugio cubierto en el medio de una lluvia torrencial, ofreciendo su techo con vacilación: “No me tenga miedo, está seco debajo de este toldo”. Apenas cabíamos los dos en ese lugar mientras esperábamos que la tormenta pasara. La generosidad de este hombre me recordó la del pequeño muchacho que vio cómo sus pocas rebanadas de pan y pocos pescados se multiplicaban para alimentar a otros carenciados. Con frecuencia, presenciamos el milagro de una abundancia radical a través de aquellos que casi no tienen nada para dar. El miedo puede impedirnos que reconozcamos y compartamos las bendiciones de Dios que nos alcanzan desde las fuentes más improbables.

Cada familia que el proceso de participación comunitaria de Hábitat transforma reduce su vulnerabilidad al eliminar el miedo de los “otros”; los católicos construyen con los protestantes en Belfast, y los musulmanes, hindúes, budistas y cristianos trabajan todos juntos en una obra de construcción para la paz en Sri Lanka, ricos y pobres, de alta y de baja casta. Trabajar con la población vulnerable siempre ha sido un rasgo distintivo de Hábitat para la Humanidad. Quiera Dios que aquellos de nosotros que tenemos un buen pasar económico aprendamos la vulnerabilidad de espíritu que nos permita ver la abundancia radical que aquellos que consideramos los más vulnerables experimentan a menudo.

Steven Weir ha trabajado con Hábitat para la Humanidad por 14 años y en la actualidad se desempeña como vicepresidente de la División de Asistencia y Desarrollo de Programas Mundiales. Él y su familia se mudaron a Sri Lanka en 1993, cuando fungió como Socio Internacional por dos años. De 1995 a 2007, trabajó como vicepresidente de los programas de HFH en Asia y el Pacífico. Antes de esa fecha, fue uno de los directores fundadores y voluntario activo en HFH East Bay en Oakland, California, EE. UU.


Weir trabajó como arquitecto por 16 años antes de empezar en HFH en 1993. Weir ha publicado y expuesto ponencias sobre varios documentos de investigación en viviendas precarias y problemas del desarrollo.

1 La información en este párrafo fue reproducida de varias fuentes combinadas, entre ellas la Organización Mundial para la Salud (OMS), las Naciones Unidas y varios organismos federales de los Estados Unidos.