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MEDITACIÓN ADVENTISTA #3 LUCAS 2:8-20

   

Un Evento Para Todos

Es muy difícil poder explicarles a los niños qué es y qué hace un pastor. Uno puede hablarles sobre los cuidados que hay que tener con las mascotas, e inclusive comparar a un pastor con un cuidador de zoológico, pero para muchos niños, pastorear es un concepto difícil de entender. Vivir en las afueras con lo animales, sin techo ni ningún tipo de las comodidades que brinda un hogar no es un concepto familiar para los niños.  Sin embargo, ellos sí pueden entender que uno los quiera y que los cuide y proteja, y la Biblia ofrece muchas imágenes de pastores cuidando a su rebaño.

En los tiempos bíblicos, los pastores se preocupaban porque sus ovejas tuvieran buenos pastizales en los cuales poder pastorear, y la cantidad adecuada de agua para que puedan tomar. Las ovejas tienden naturalmente a alejarse y separarse, es por eso que los pastores les enseñan a quedarse juntas, salen en busca de las ovejas perdidas, y las protegen de sus enemigos. Con razón la imagen del pastor es utilizada frecuentemente para describir el amor de Dios por nosotros. 

Abraham, Moisés y David eran pastores y eran venerados por el pueblo de Israel, pero para la época en que nació Jesús, los pastores eran despreciados. Muchos pastores eran incultos y no calificados y eran vistos como personas sucias y deshonestas. Es por eso que resulta asombroso que la noticia del nacimiento del Salvador fuera presentada a ellos primero.

Estos hombres estaban acomodándose para pasar la noche en el campo, simplemente haciendo su trabajo, cuando de repente un ángel del Señor se les apareció, y la gloria del Señor brilló alrededor de ellos. Dios quería que los pastores supieran que las buenas noticias eran para ellos. La Biblia no nos cuenta que la proclamación de que el Mesías había nacido haya sido enviada a todos los reyes de los grandes imperios. No nos cuenta que de repente todos los sacerdotes y líderes de fé supieron que el Mesías había llegado. Fueron los pastores—gente común—que se encontraban haciendo su trabajo quienes recibieron la noticia primero.

Un ángel aparece en la mayoría de nuestras historias favoritas de Navidad, y la reacción es siempre parecida. Zacarías tenía miedo. María era una mujer adolescente que no tenía idea del saludo que el ángel le estaba entregando. José, quien planeaba divorciarse silenciosamente de María, en un sueño se le dijo que no tenía que tener miedo de casarse con María. Los pastores sentían pánico. Pero los ángeles inmediatamente buscaban tranquilizar a cada uno de ellos. La respuesta que siempre a cada uno de ellos fue “No tengas miedo”.

La historia de Navidad es para todos que sienten miedo. Es para adolescentes embarazadas. Es para personas que se sienten ya mayores y que la vida se les ha pasado. Es para aquellos que temen que no podrán afrontar los problemas de la economía actual o problemas con sus hijos, y es también para aquellos que tienen miedo sobre sus empleos o sus relaciones. Es para todos aquellos que están ansiosos o inseguros. La palabra de Dios nos dice constantemente, “No tengas miedo”.

Estas afirmaciones que nos ofrecen las Escrituras no son dirigidas a personas valientes que están a punto de hacer cosas increíbles para Dios. Estas palabras van dirigidas a aquellas personas que están completamente asustadas—porque Dios está a punto de incluirlas en su historia—la historia de la redención. Dos dice: “No tengas miedo. Yo te he elegido”.

A medida que nos acercamos al final de la semana anterior, en la cual celebramos el nacimiento de Jesús, recordemos las palabras que escucharon los pastores asustados: “Les traigo buenas noticias de mucha alegría para todas las personas”. Demos gracias de que el nacimiento del Salvador es un evento para todos. Demos gracias a Dios de que Él nos está llamando para ser parte de su historia. Demos gracias por la certeza de que Dios está con nosotros; no tenemos que temer”.

Gran y misericordioso Dios, nos vemos a nosotros mismos como gente común y ordinaria, pero tus nos ves como tus hijos amados a quienes has llamado a servir. Dios, queremos ser parte de tu historia. Queremos sentir la emoción que sintieron los pastores quienes estaban ansiosos en encontrar a Jesús. Muchas veces sentimos miedo. Muchas veces resulta más fácil quedarnos en el lugar en el que estamos. Dios, guíanos para encontrar aquellas cosas que tienes planeadas para nosotros y que no somos capaces de ver. Dios, danos el coraje para seguirte. Amén.