El Niño pone a prueba las viviendas de América Latina

El Niño pone a prueba

las viviendas de América Latina

  • El Niño continúa fortaleciéndose y se prevé que alcance una intensidad fuerte a muy fuerte durante los próximos meses, con efectos que podrían extenderse hasta comienzos de 2027, según la OMM y la OPS.
  • El impacto no será igual en toda la región: Centroamérica y el Caribe enfrentan mayor riesgo de sequía y estrés hídrico, mientras algunas zonas de Sudamérica se preparan para lluvias intensas, inundaciones y deslizamientos; en otras, aumentará el riesgo de incendios y calor extremo.
  • Hábitat para la Humanidad advierte que alrededor de 120 millones de personas viven en asentamientos informales en América Latina y el Caribe, muchas de ellas en viviendas expuestas a inundaciones, lluvias torrenciales, olas de calor y deslizamientos.

América Latina y el Caribe, septiembre de 2026. El fenómeno de El Niño continúa fortaleciéndose y se espera que evolucione hacia un evento fuerte a muy fuerte durante los próximos meses, con efectos que podrían prolongarse hasta comienzos de 2027. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) prevé temperaturas superiores a lo normal en buena parte de las Américas y cambios importantes en los patrones de precipitación, con algunas regiones enfrentando mayor riesgo de sequía y otras de lluvias intensas e inundaciones.

En América Latina y el Caribe, los impactos previstos varían considerablemente según el territorio. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) identifica un mayor riesgo de sequía en partes de América Central, el Caribe y el norte de Sudamérica, mientras que algunas zonas de la costa del Pacífico sudamericano y del Cono Sur podrían registrar un aumento de las precipitaciones. El fenómeno también puede incrementar los riesgos asociados al calor extremo, incendios forestales, inundaciones, inseguridad alimentaria y afectaciones a los medios de vida.

En Centroamérica, uno de los principales focos de riesgo es el Corredor Seco, que atraviesa partes de Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica. Un análisis de la FAO estima una probabilidad de 70% de lluvias por debajo del promedio en esta zona, donde viven alrededor de 10,5 millones de personas, muchas de ellas dependientes de la agricultura de subsistencia.

En el Caribe, las condiciones de sequía ya generan impactos concretos. En Puerto Rico, más del 60 % del territorio se encuentra bajo condiciones de sequía extrema o severa y más de 180.000 personas están sometidas a esquemas de racionamiento de agua. La situación ha llevado a las autoridades a declarar una emergencia por sequía en 26 municipios.

En Colombia, el escenario también ha llevado al Gobierno a adoptar medidas anticipatorias. En julio se declaró una situación de desastre nacional durante un periodo inicial de 12 meses ante el riesgo asociado a El Niño. La información técnica utilizada para la decisión señala una probabilidad superior al 95 % de fortalecimiento del fenómeno durante el segundo semestre de 2026 y del 63 % de alcanzar una intensidad muy fuerte. Entre los riesgos identificados están la reducción de lluvias, el aumento de temperaturas, el estrés hídrico y los incendios.

Ecuador presenta un escenario diferente. Las autoridades identifican simultáneamente un posible exceso de lluvias e inundaciones en la región Litoral y déficit hídrico en las regiones Interandina y Amazónica. Este comportamiento evidencia cómo un mismo fenómeno climático puede generar riesgos opuestos dentro de un mismo país.

En la costa occidental de Sudamérica, el calentamiento del océano también presenta señales relevantes. El Comité Nacional ERFEN de Colombia reportó en agosto anomalías de temperatura superficial del mar cercanas a 5 °C por encima del promedio frente a la costa norte de Perú y el sur de Ecuador, mientras que en el litoral Pacífico colombiano las anomalías alcanzaron hasta 16 centímetros por encima de los niveles climatológicos en el nivel medio del mar.

En el Cono Sur, el escenario es diferente. Las proyecciones indican mayores probabilidades de precipitaciones en sectores de Argentina, Paraguay, Uruguay y el sur de Brasil. Estas condiciones pueden beneficiar determinadas actividades agrícolas, pero también incrementar el riesgo de inundaciones y daños a infraestructura.

La diversidad de escenarios tiene una consecuencia común: los efectos del fenómeno terminan trasladándose a las condiciones de vida de las familias. La OPS advierte que El Niño puede afectar la disponibilidad de agua, la seguridad alimentaria, los medios de subsistencia, la salud pública y las infraestructuras críticas, con consecuencias especialmente importantes para las poblaciones que ya enfrentan pobreza, migración, desplazamiento o acceso limitado a servicios esenciales.

Para Hábitat para la Humanidad, la vivienda constituye uno de los espacios donde estas condiciones se materializan. Alrededor de 120 millones de personas viven en asentamientos informales en América Latina y el Caribe, muchas de ellas en viviendas ubicadas en zonas expuestas a inundaciones, lluvias torrenciales, olas de calor y deslizamientos.

Las condiciones físicas de una vivienda, su ubicación, el acceso a servicios básicos y la posibilidad de realizar mejoras pueden determinar la capacidad de una familia para enfrentar y recuperarse de un evento climático. Una misma inundación, sequía u ola de calor puede tener consecuencias diferentes dependiendo de las condiciones del hogar.

“El Niño no afecta de la misma manera a todas las familias, pero en todos los casos la vivienda cumple un papel fundamental. Una vivienda preparada puede reducir la exposición de las personas y facilitar su recuperación, mientras que una vivienda vulnerable puede aumentar las consecuencias de un evento climático”, afirmó Ernesto Castro García, vicepresidente de Área para América Latina y el Caribe de Hábitat para la Humanidad Internacional.

La vulnerabilidad habitacional ocurre además en un contexto en el que la vivienda todavía tiene una presencia limitada dentro de las estrategias de adaptación climática. Un análisis de Hábitat para la Humanidad de 188 planes nacionales de acción climática encontró que solo 11 países reconocen expresamente los asentamientos informales como una prioridad, mientras que apenas 7 % de los fondos climáticos se destina a vivienda incremental o al mejoramiento de barrios informales.

De los daños a la preparación

Los impactos asociados a El Niño pueden presentarse de formas diferentes. En zonas expuestas a lluvias intensas, las inundaciones, filtraciones, daños en cubiertas, deterioro de materiales y deslizamientos pueden comprometer la seguridad de las viviendas. En territorios afectados por sequías y calor extremo, la falta de agua, las temperaturas elevadas y los incendios pueden afectar las condiciones de habitabilidad y los medios de vida de las familias.

Por ello, la preparación puede comenzar antes de que ocurra un evento. El mantenimiento de cubiertas y sistemas de drenaje, la identificación de riesgos, el reforzamiento de elementos vulnerables, el acceso seguro al agua y la incorporación de criterios de adaptación climática en las nuevas construcciones y en el mejoramiento de viviendas existentes son algunas de las medidas que pueden contribuir a reducir la vulnerabilidad.

La OMM y la OPS han llamado a fortalecer la preparación y la acción anticipatoria frente al actual episodio de El Niño, utilizando los pronósticos climáticos y los sistemas de alerta temprana para tomar decisiones antes de que se materialicen los impactos.

Para Hábitat para la Humanidad, esta preparación también debe incorporar las características de las viviendas y de los territorios donde viven las familias. Esto implica fortalecer las viviendas existentes, promover soluciones adaptadas a las condiciones climáticas locales, ampliar el acceso a asistencia técnica y financiamiento y reconocer la vivienda como parte de la infraestructura necesaria para la adaptación climática.

“Prepararse frente a El Niño no significa esperar a que ocurra una inundación, una sequía o un incendio para actuar. También significa identificar desde ahora las viviendas y comunidades más expuestas y fortalecer su capacidad para enfrentar los impactos que puedan presentarse”, señaló Castro García.

El escenario previsto para los próximos meses muestra que América Latina y el Caribe no enfrentarán un único efecto de El Niño. La combinación de sequías, calor extremo, incendios, lluvias intensas e inundaciones variará según cada territorio, haciendo de la preparación y la adaptación elementos fundamentales para reducir los impactos sobre las familias.

Contacto de prensa:

Natalia Zapata Vásquez

Senior PR & Communications Specialist Habitat for Humanity International - LAC
Oficina de América Latina y el Caribe, San José, Costa Rica
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