Mejoras básicas en vivienda
Mejoras básicas en vivienda reducen el ausentismo escolar infantil hasta 24% en América Latina
Investigación de Hábitat para la Humanidad en seis países demuestra que la sustitución de pisos de tierra y la optimización del saneamiento básico reducen drásticamente el ausentismo y detienen el estigma social.
En Honduras y Guatemala, el rendimiento y la concentración escolar aumentaron un 13% y 5% respectivamente, tras intervenciones de infraestructura domiciliar.
Hábitat para la Humanidad ha reemplazado más de 30.000 pisos de tierra por concreto en la región. Evaluaciones en Honduras, República Dominicana y Guatemala muestran impactos en asistencia escolar, desarrollo educativo, juego, salud y condiciones de aprendizaje en el hogar.
Latinoamérica y el Caribe, Junio de 2026. En América Latina y el Caribe, el déficit cualitativo de vivienda se consolidó como una barrera crítica para el capital humano en la primera infancia. Un análisis multidimensional presentado por Hábitat para la Humanidad revela que las intervenciones básicas de infraestructura en el hogar, como el reemplazo de pisos de tierra por concreto y la adecuación de servicios sanitarios, generan impactos medibles inmediatos en el desempeño escolar, logrando un incremento de hasta el 13 % en el desarrollo educativo general de los menores.
El reporte, que consolida datos cuantitativos y cualitativos de seis países de la región, cruza la precariedad habitacional con las alertas globales del Banco Mundial, la UNESCO y UNICEF sobre el ausentismo crónico, un fenómeno en contextos de pobreza que llega a costar hasta seis puntos en pruebas estandarizadas de matemáticas y triplica el riesgo de deserción del sistema escolar formal.
Evidencia métrica por país en educación y salud
A través de la iniciativa regional “100 mil pisos para jugar”, que ya ha transformado más de 30.000 hogares, la organización demostró que las viviendas adecuadas actúan como plataformas de retención escolar:
Honduras: se registró una reducción del 24 % en el ausentismo escolar y un incremento neto del 13 % en el desarrollo educativo general (medido en variables de concentración, calificaciones y motivación). Asimismo, el tiempo de juego seguro en el hogar aumentó en 1 hora diaria.
Guatemala: la regularidad en la asistencia escolar mejoró un 7 %, mientras que el indicador de desarrollo cognitivo y tareas escolares se elevó en un 5 %. El tiempo destinado a la recreación y la exploración segura creció en 2 horas diarias en promedio.
República Dominicana: la inasistencia a las aulas disminuyó un 15 % y, debido a la erradicación de vectores epidemiológicos (como roedores y parásitos del suelo), los menores ganaron 2 horas más de juego seguro al día dentro de sus viviendas.
Paraguay: la adecuación de saneamiento y acceso a agua corriente facilitó el alistamiento matutino para asistir a clases (factor clave en la retención escolar de adolescentes), y generó una caída del 32 % en enfermedades infecciosas y respiratorias. Asimismo, la percepción de seguridad intradomiciliaria para los menores aumentó un 56 %.
El espacio residencial impacta en la salud mental
Más allá de los indicadores tradicionales de salud física, el diagnóstico de la organización introdujo una variable crítica para la retención escolar: la salud emocional y la eliminación del estigma de la pobreza en la infancia.
Registros cualitativos levantados en Nicaragua evidencian cómo la precariedad extrema de la vivienda, como paredes agrietadas o suelos de tierra, genera un fenómeno de “penalización social” entre los menores. El estudio detectó que los niños evitaban invitar a sus compañeros de clase a sus hogares por sentimientos de vergüenza y baja autoimagen en comparación con sus pares.
Al intervenir la infraestructura básica, este aislamiento social se revierte de inmediato. El entorno digno no solo devuelve la seguridad emocional al estudiante, sino que reactiva el aprendizaje colaborativo en el hogar. Al sentirse seguros y motivados de abrir las puertas de su casa, los menores transforman el espacio domiciliar en un centro de actividades escolares comunitarias, un factor que la sociología educativa considera indispensable para romper los círculos de exclusión y rezago académico en áreas rurales.
“La infraestructura básica residencial no puede seguir siendo tratada de manera aislada como un asunto de ladrillos o cemento; es, en la práctica, una política de competitividad educativa. Invertir en estabilizar el entorno donde el niño duerme, juega y estudia es la base para que cualquier otra inversión en escuelas o conectividad digital realmente prospere”, concluyó Ernesto Castro García, Vicepresidente de Área para Latinoamérica y el Caribe de Hábitat para la Humanidad Internacional.
Contacto de prensa:
Natalia Zapata Vásquez
Senior PR & Communications Specialist Habitat for Humanity International - LAC
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