Vivienda como infraestructura climática
120 millones de personas viven en asentamientos informales en América Latina y el Caribe, mientras la vivienda sigue relegada en la acción climática
Hábitat para la Humanidad advierte que la vivienda continúa fuera del centro de las políticas climáticas, pese a ser la primera línea de protección de las familias frente a inundaciones, huracanes, olas de calor y deslizamientos.
Un análisis que abarca 188 planes nacionales de acción climática encontró que solo 11 países reconocen expresamente los asentamientos informales como una prioridad.
A escala global, apenas 7 % de los fondos climáticos se destina a soluciones de vivienda incremental o al mejoramiento de barrios informales.
Experiencias en México, El Salvador, Honduras y Trinidad y Tobago muestran que el diseño adaptado al clima puede reducir riesgos, mejorar el confort térmico y proteger a las comunidades.
Latinoamérica y Caribe, junio de 2026. Alrededor de 120 millones de personas viven en asentamientos informales en América Latina y el Caribe, muchas de ellas en viviendas expuestas a inundaciones, huracanes, olas de calor, lluvias torrenciales y deslizamientos. Sin embargo, la vivienda continúa ocupando un lugar marginal en las políticas y los mecanismos internacionales de financiación climática.
Durante junio, mes en el que se conmemora el Día Mundial del Medio Ambiente, Hábitat para la Humanidad analiza cómo el cambio climático impacta las viviendas y la vida cotidiana de las personas, y advierte que la adaptación no puede limitarse a grandes obras de infraestructura: también debe comenzar en los lugares donde las familias viven y enfrentan diariamente los eventos extremos.
Un análisis de 188 planes nacionales de acción climática muestra que la mayoría no incorpora la vivienda como un eje central de mitigación y adaptación. Solo 11 países mencionan expresamente los asentamientos informales como una prioridad, aunque más de 1.100 millones de personas viven en estas condiciones en el mundo.
La brecha también se observa en la distribución de recursos. A escala global, apenas 7 % de los fondos climáticos se destina a soluciones de vivienda incremental o al mejoramiento de barrios informales, intervenciones que permiten fortalecer progresivamente las viviendas y reducir la vulnerabilidad de comunidades que difícilmente pueden acceder a proyectos habitacionales completos.
“En América Latina y el Caribe, hablar de adaptación climática sin hablar de vivienda significa dejar fuera de la conversación a millones de familias. La casa es el primer refugio frente al calor, las lluvias y los desastres, pero todavía no recibe la atención que corresponde en la planificación y el financiamiento climático”, señaló Ernesto Castro García, vicepresidente de Área para América Latina y el Caribe de Hábitat para la Humanidad Internacional.
La vivienda como infraestructura climática
Una vivienda resiliente está diseñada para resistir, recuperarse y adaptarse ante condiciones adversas. Esto incluye no solo la solidez de la construcción, sino también su ubicación, el acceso al agua y la energía, la capacidad de evacuación, el manejo del entorno, la adecuación cultural y la posibilidad de mantener condiciones habitables durante una emergencia.
Cuando una vivienda resiste un evento extremo, la familia tiene mayores posibilidades de conservar su patrimonio, permanecer en su comunidad, retomar sus actividades económicas y evitar interrupciones prolongadas en la educación de los niños.
El diseño bioclimático complementa este enfoque mediante soluciones que aprovechan las características naturales de cada territorio. La orientación frente al sol y los vientos, la ventilación cruzada, el aislamiento térmico, la protección solar, la vegetación y las dimensiones de las ventanas pueden mejorar el confort dentro de las viviendas y reducir la necesidad de refrigeración o iluminación artificial.
Estas medidas no siempre requieren tecnologías complejas. Incluso modificaciones progresivas en viviendas existentes pueden mejorar la ventilación, disminuir la exposición a temperaturas extremas, extender la vida útil de la construcción y reducir el consumo de energía.
Soluciones aplicadas en América Latina y el Caribe
En El Salvador, Hábitat para la Humanidad ha desarrollado viviendas bioclimáticas con sistemas de ventilación que permiten la salida del aire caliente y una mejor distribución de la iluminación natural. Estas construcciones han logrado reducir hasta en dos grados centígrados la temperatura dentro de los hogares.
En Chiapas, México, el proyecto Lekil’Na, expresión en lengua tzotzil que significa “vivienda sustentable”, combina criterios ambientales, sociales y culturales. Cada vivienda incorpora 232 kilogramos de RESIN8™, un material elaborado a partir de plásticos no reciclables, y cuenta con certificación EDGE, sistema respaldado por el Grupo Banco Mundial.
En Honduras, viviendas elevadas sobre pilotes, construidas de acuerdo con las condiciones del territorio, resistieron las inundaciones provocadas por los huracanes Eta e Iota aproximadamente una década después de su construcción.
En Trinidad y Tobago, el trabajo en diez comunidades costeras vulnerables permitió capacitar a más de 600 residentes y desarrollar un índice de vulnerabilidad costera y resiliencia comunitaria para mejorar la preparación y la toma de decisiones frente a emergencias.
Los casos muestran que la resiliencia habitacional no responde a un único modelo. Las soluciones deben adaptarse al clima, la cultura, los materiales disponibles, los riesgos del territorio y las capacidades económicas de cada comunidad.
Una decisión de política pública
Hábitat para la Humanidad plantea que los gobiernos, organismos multilaterales, empresas y financiadores deben reconocer la vivienda como infraestructura esencial para la adaptación climática.
Esto implica incorporar la vivienda y los asentamientos informales en los planes nacionales de acción climática, ampliar los recursos para mejoramiento progresivo de hogares y barrios, fortalecer la planificación territorial y promover normas de construcción que respondan a las amenazas específicas de cada zona.
También sugiere que las soluciones climáticas sean accesibles para las familias de menores ingresos, que suelen enfrentar una mayor exposición a los desastres y cuentan con menos recursos para recuperarse.
“La resiliencia no comienza después del desastre. Comienza antes, cuando una familia puede habitar una vivienda ubicada en un lugar seguro, construida para responder a su clima y conectada con los servicios que necesita. Integrar la vivienda en la acción climática es proteger vidas, patrimonio y posibilidades de desarrollo”, agregó Castro García.
Contacto de prensa:
Natalia Zapata Vásquez
Senior PR & Communications Specialist Habitat for Humanity International - LAC
Oficina de América Latina y el Caribe, San José, Costa Rica
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Acerca de Hábitat para la Humanidad Internacional
Hábitat para la Humanidad es un movimiento de personas, tanto a nivel local como global, que trabajan juntas para construir comunidades más prósperas y vibrantes, asegurándose de que todas las personas cuenten con un lugar seguro y digno al que puedan llamar hogar.
Desde nuestra fundación en 1976 como una organización cristiana, hemos ayudado a más de 62 millones de personas en todo el mundo a construir su futuro mediante el acceso a viviendas dignas. Lo hemos logrado colaborando con personas de todos los ámbitos para construir, reparar y financiar sus hogares; innovando en nuevas formas de construcción y financiamiento; y abogando por políticas que faciliten la construcción y el acceso a la vivienda para todos.
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