16 voces
Rosalind, Trinidad y Tobago
Trinidad y Tobago, Rosalind
De un sueño a la realidad comunitaria
Rosalind es la directora del Consejo Comunitario de Cashew Gardens, un asentamiento que nació en el año 2000 como una iniciativa gubernamental de terrenos de bajo costo para frenar los asentamientos informales en Trinidad y Tobago. Nos atiende con la disposición y la visión clara de quien lidera un movimiento.
Aunque su comunidad surgió con esperanza, el paso del tiempo y la falta de infraestructura básica amenazaron con deteriorar su entorno. “Soñamos, pero, ¿cómo pasas de un sueño a la realidad? Ahí es donde entra Hábitat para ayudarnos”—indica Rosalind.
La alianza del Consejo Comunitario de Cashew Gardens con Hábitat para la Humanidad les ha permitido aplicar y ganar distintas subvenciones para mejorar su infraestructura.
La voz de Rosalind representa a los líderes comunitarios que dedican su vida a construir resiliencia para las comunidades en las que habitan.
Rosalind enfatiza el trabajo conjunto que hemos realizado: “Siempre que nos acercamos a Hábitat, nos ayudan a encontrar un modo. Ya sea que tengan los recursos para hacerlos o que nos ayuden a relacionarnos con otra agencia para obtener el apoyo y hacer las cosas”.
El crecimiento de Cashew Gardens
El Consejo Comunitario comenzó a organizarse para exigir mejoras, pero pronto se dieron cuenta de que debían enfocarse en apoyar a sus residentes. Hábitat para la Humanidad estuvo a su lado desde los primeros pasos de esta lucha hace 26 años. La alianza ha permitido desarrollar seis proyectos comunitarios en Cashew Gardens.
Una de sus primeras grandes victorias conjuntas fue la obtención de una subvención para un centro de computación. Como el consejo no tenía experiencia, Hábitat les ayudó a redactar la propuesta, con lo cual lograron asegurar los equipos y gestionar un espacio donde los niños pudieran hacer sus tareas y los adultos mayores aprender sobre tecnología.
Posteriormente, implementaron un jardín comunitario. Inicialmente, un grupo de mujeres adultas mayores cultivaba al aire libre, expuestas a un sol inclemente. Cuando las lluvias inundaban la zona, perdían sus cosechas completas. Nuevamente, de la mano con Hábitat, lograron construir un invernadero equipado con ventiladores y un sistema de riego automático, lo que ha mejorado drásticamente las condiciones laborales.
El invernadero de Cashew Gardens genera ingresos para el Consejo Comunitario y es una fuente de empleo para personas del lugar.
Mejoras en las viviendas
En Cashew Gardens, como en muchas comunidades en nuestra región, el sueño de una casa propia requiere un esfuerzo enorme, el cual implica sacrificios. En palabras de Rosalind: “Tienes que escoger: ¿alimentas a los niños o construyes una casa?”. Muchas familias recurren a la construcción progresiva, pero, incluso después de veinte años, muchas personas seguían luchando por terminar la construcción debido a las dificultades económicas.
Gran parte de nuestra intervención en la comunidad se relaciona con esta necesidad básica. En algunos casos, hemos logrado construir viviendas completas, mientras que, en otros, hemos ayudado a las familias a añadir una habitación o mejorar las condiciones de sus baños. Gracias a este apoyo continuo, la situación habitacional se ha transformado y el vecindario ha tomado la forma de una comunidad digna.
Un lugar seguro para los niños
Cuando Rosalind habla de su comunidad lo hace con orgullo por el trabajo conjunto. “Una de las grandes fortalezas que he visto es la unión de la comunidad”, nos dice. En ese espíritu, el Consejo Comunitario toma decisiones con el fin de favorecer el desarrollo de los niños.
Cashew Gardens es un entorno donde los menores aún crecen juntos y pueden ser niños. Por las tardes, es común verlos afuera. Juegan fútbol o andan en bicicleta, alejados del encierro y la tecnología. “Tratamos de hacer un espacio seguro para ellos, donde saben que son libres de recorrer las calles y simplemente ser niños” —destaca Rosalind.
Cashew Gardens cuenta con un centro comunitario y espacios de juego para los niños.
Para lograr esta convivencia armónica, el Consejo Comunitario ha implementado campañas contra el acoso escolar, además de organizar campamentos y colectas de libros que fomentan el respeto y la unidad desde la infancia.
Rosalind resalta que la creación de empleos dentro de la comunidad permite que los padres estén en casa cuando sus hijos regresan de la escuela, lo cual les brinda una capa adicional de seguridad y cuidado familiar. Esto es algo que le gustaría fomentar más en el futuro.
Sostenibilidad del proyecto
Los productos que cultivan en el invernadero, como condimentos y cocos, se venden para generar ingresos sostenibles. Estos fondos permiten pagar un estipendio a las mujeres trabajadoras, cubrir la electricidad y el internet del centro de computación, comprar suministros escolares e incluso proporcionar alimentos a los niños.
Para Rosalind, el mayor orgullo ha sido la transición de la comunidad: pasaron de depender de donaciones a enseñar a las personas a generar sus ingresos. Hoy, gracias a su persistencia, Cashew Gardens cuenta con calles pavimentadas y drenaje adecuado.
Las luchas del Consejo Comunitario han permitido las mejoras de Cashew Garden. En la imagen, se observa el camión del programa de reciclaje.
Planes para el futuro
En nuestro cincuenta aniversario, la historia de Rosalind se une a las 16 voces de Hábitat para la Humanidad. Ella nos recuerda que el verdadero significado del hogar se traduce en seguridad, paz, amor y camaradería.
Abramos la puerta a la oportunidad de cambiar sus vidas para más familias. Si quieres apoyar este tipo de proyectos en Trinidad y Tobago, dona en su sitio web.
Si tú o tu empresa quieren apoyar a las comunidades de tu país, contáctanos para contarte de más oportunidades.
La alianza ha permitido desarrollar seis proyectos comunitarios en Cashew Gardens.