16 voces
Kinha, Brasil
Brasil, Kinha
Doble pérdida: doble esperanza
Kinha nos recibe en la casa de su padre, la cual tiene un significado especial para él. Es un lugar donde se alberga su esperanza después de haberlo perdido todo en las inundaciones del 2024 en Asa Branca, Porto Alegre. Los últimos años no han sido sencillos, tuvo que dejar de trabajar por un problema en su rodilla, perdieron la vivienda durante la tragedia y una herida en la pierna de su padre se complicó debido a la diabetes, por lo que tuvieron que amputarlo.
Nuestro programa en Brasil trabajó con Kinha para mejorar la casa de su padre, a quien él se encarga de cuidar. Su testimonio en el proyecto 16 voces habla de entrega, de cuidados y de compromiso. Al final del camino, brilla la esperanza: Kinha ya sido seleccionado para un proceso de mejora de vivienda. Ya no tendrá solo la satisfacción de ver a su padre en mejores condiciones, también recuperará su casa.
Kinha y su padre, Vilmar, nos recibieron en la casa de este último para la entrevista.
La primera casa
Kinha ha vivido siempre en la misma zona.
Cuando era niño, su familia se componía de su madre, su hermana y él.
Gracias a una herencia, la madre fue capaz de obtener un terreno y ahí construyó la casa en la que sacó adelante a sus hijos.
“Era una casa normal, una de esas casas prefabricadas. Tenía dos dormitorios y un baño. No era algo grandioso, pero era algo que habíamos conseguido con mucha lucha.”
Después del fallecimiento de su madre, Vilmar, el padre de Kinha, vino a vivir en esa casa. Aportó algún dinero para arreglarla un poco y contaba con una pequeña jubilación para ayudar con los gastos. Sin embargo, poco después de su llegada, vino la tragedia.
Las inundaciones
Durante las inundaciones en Rio Grande do Sul, el agua cubrió completamente las viviendas.
“Comenzó un sábado. Nunca lo olvidaré, ¿verdad? No hay forma de olvidarlo. Creo que nadie lo olvida. La casa no era cualquier cosa. Era una buena casa. Ocupábamos todo este espacio de aquí.
Recuerdo que, a las siete de la mañana, mi hermana vino hasta el portón, me llamó y me dijo: ‘¡Saca todas tus cosas!’. Pero todo parecía normal. Era como estar sentado aquí, abrir el portón y ver el movimiento cotidiano, igual que ahora. Ella vino y me dijo eso. Yo le respondí que no.
Unos cinco años antes ya había ocurrido una inundación aquí, cuando se rompió el dique del arroyo Feijó. Pero, en aquella ocasión, el agua solo llegó hasta aquel pequeño portón de allá. Era apenas una capa de agua. En mi mente, y creo que todos pensaron lo mismo, esta vez ocurriría algo parecido. Le dije: ‘No, el agua no llegará hasta aquí. Yo no voy a salir. No puede ser’.
Ella vino una primera vez. Vino una segunda vez y yo seguía sin creerle. La tercera vez que vino, ya estaba desesperada. Entonces, fui hasta el portón.
Cuando llegué, parecía una escena de guerra. Veía a las personas corriendo. Venían desde la parte de arriba y corrían en aquella dirección. Pero, hasta ese momento, yo todavía no veía el agua.
Cuando salí por el portón y miré hacia la esquina que conduce al salón, vi algo surrealista. Creo que, aunque viva cien años más, nunca conseguiré explicarlo. Mi hermana volvió a decirme: ‘Saca las cosas. ¿No ves que el agua viene por ahí?’[…]. No hubo tiempo. No hubo tiempo. Fue algo increíble.
Cuando vi que el agua se acercaba, dije: ‘No, ¿qué voy a hacer?’. Entonces, comencé a levantar todas las cosas. Puse ladrillos debajo y levanté el refrigerador. Lo hice todo yo sola. […] Cuando terminé de levantar las cosas, el agua ya estaba en el portón […]. Solo había pasado el tiempo que me tomó mirar hacia la esquina, cuando aquí todavía no había nada, y el agua ya había llegado hasta el portón.
Como ya había levantado todas las cosas, subí a la casa de mi hermana. Para ese momento ya había una multitud de personas allí. Claro, la multitud que estaba allí era la gente de la parte de abajo, que ya había sido afectada.
Mi hermana me preguntó: ‘¿Dónde están tus cosas?’. Le respondí: ‘No, solamente las levanté’. Ella dijo: ‘No, tienes que sacarlas. Tienes que sacarlas’. Yo le respondí: ‘No, no las voy a sacar. El agua no va a subir tanto’.
[…] Y entonces se perdió todo. Todo, todo, todo, todo, todo. Cuando llegué a la parte de arriba, el agua ya estaba antes de llegar al pequeño mercado que está allá. Todo ocurrió muy rápido. Fue algo tan surrealista que no existe manera de explicarlo. No la hay.
Fue como una riada que avanzaba lentamente, ¿sabes? Esas riadas que uno solamente ve en la televisión suelen llegar con rapidez. Esta inundación fue como una riada lenta, de esas que avanzan poco a poco, pero... las personas no lo creían. El agua siguió subiendo.
[…] Después, ya no había nada que hacer. Todo se inundó. Yo venía hasta aquí en bote para revisar la casa. Incluso en medio de aquella desgracia, seguían robando las casas, ¿sabes? Entonces, veníamos en bote. El bote pasó por encima de aquella cerca, nuestra cerca de aquí.
Muchas viviendas perdieron su integridad estructural tras la tragedia.
La enfermedad del padre
Después de la inundación, Kinha huyó con su padre a una casa que él tenía cerca de la playa. Estuvieron esperando ahí tres meses a que el agua bajara. Su vivienda, que estaba en un terreno bajo, había quedado completamente cubierta por el agua. Posteriormente, se mudaron a casa de su hermana. Esa edificación tenía dos plantas y el segundo piso sobrevivió al desastre.
La primera vivienda quedó en muy malas condiciones luego del desastre y la familia visitaba para realizar labores de limpieza. En una de estas jornadas, Vilmar se lastimó y se le abrió una ampolla en una de las áreas afectadas por la diabetes.
“Poco después, él contrajo esa infección. Ya tenía una pequeña herida y, como tiene diabetes, la herida fue creciendo y creciendo, hasta que tuvieron que amputarle la pierna. Fue otra lucha. Estábamos sin casa y él tenía esa infección. En el hospital le iban amputando el miembro poco a poco. Así que la situación fue muy cruel, ¿sabes? Le amputaron la pierna y nosotros todavía no teníamos adónde ir.”
El hospital se volvió la nueva casa por mes y medio. Por aquel entonces, Kinha había dejado su trabajo en una empresa autobusera, porque un problema en la rodilla le impedía permanecer mucho tiempo sentado. Aunque esperaba usar este tiempo como descanso mientras esperaba la cirugía, no pudo hacerlo. Se vio en la necesidad de ayudar a su padre, con el consecuente desgaste en su salud.
“Depende completamente de mí para todo, para todo, ¿sabes? Y yo vivo en esa carrera diaria con él y con la AACD, la Asociación de Asistencia a la Niñez con Discapacidad, porque hace fisioterapia, tiene consultas con el psicólogo y todo lo demás. Así que soy yo quien anda de arriba para abajo con él.”
Abramos la puerta a un nuevo hogar
Kinha y su padre comenzaron la aplicación al proceso para tener una vivienda gracias al apoyo de Aline, quien estaba involucrada en un proyecto de Hábitat. La familia había comenzado un proceso para restaurar la casa de Vilmar, pero el lugar estaba solamente en obra gris.
“Entonces, apareció Hábitat y fue una gloria en nuestra vida. Llegaron y yo hasta me emociono al recordarlo. Porque uno ve muchas cosas que se quedan solamente en promesas, promesas y promesas. Y, de repente, ves que aquello se hace realidad. Fue muy bueno. Es muy bueno. Como siempre digo, hasta el día de hoy solo siento gratitud por este proyecto de ustedes.”
El trabajo con Hábitat incluyó la colocación de las cerchas y el techo.
Con el fin de facilitar la independencia de Vilmar, se hizo un baño accesible, con una puerta apta para el ingreso con silla de ruedas; también la casa cuenta con espacio suficiente para su desplazamiento y una rampa de acceso.
El nuevo baño de la vivienda está adaptado para la discapacidad de Vilmar.
Nuestra intervención en Brasil
Dos años después de las inundaciones históricas de 2024 en Rio Grande do Sul, el derecho a una vivienda digna y segura sigue siendo una de las principales demandas de las comunidades afectadas. Según el IBGE (Instituto Brasileño de Geografía y Estadística), más de 6,3 millones de personas fueron impactadas por el desastre y más de la mitad de los hogares afectados sufrió daños en su estructura, mientras que miles de viviendas quedaron destruidas o gravemente comprometidas.
Frente a esta realidad, nuestro proyecto de respuesta a desastres ha contribuido a la recuperación de más de 170 viviendas desde 2024, apoyando a familias en la reconstrucción de sus hogares y fortaleciendo la resiliencia de las comunidades. Dos años después de la tragedia, seguimos trabajando en la región para garantizar que más personas puedan ejercer su derecho a una vivienda adecuada, segura y resiliente.
Lo que falta por hacer
Si bien la situación de su padre mejoró, Kinha sigue viviendo en la casa que fue destruida por las inundaciones.
“Mi situación allí es precaria. Con cada viento y cada lluvia, el corazón se me acelera. Pero tengo fe en que todo saldrá bien. Todo a su debido tiempo. Aquello fue realmente improvisado, solo para que yo pudiera quedarme allí y para que él no estuviera solo aquí, ¿entiendes?”
Hacia el final de la entrevista, Kinha nos cuenta con entusiasmo que la esperanza también ha llegado para él. Ha aprobado el proceso de selección y pronto comenzarán las mejoras a su casa.
“Hoy él tiene su casita aquí, gracias a Hábitat y a todo lo que hicieron, y yo voy a reconstruirme. Pero, por ahora, siempre quiero darle prioridad a él. Todo está bien. Dios sabe cuál es el momento correcto para cada cosa.”
Juntos, construimos nuevas oportunidades
Kinha es una de las 16 voces que nos representan en el cincuenta aniversario de Hábitat para la Humanidad. Su historia refleja inclusión, resiliencia y valores familiares. Abramos la puerta a la esperanza para él y muchas familias. Si quieres apoyar nuestro trabajo en Brasil, puedes donar o ponerte en contacto con nosotros para gestionar el involucramiento de tu empresa.
“El mensaje es solamente de gratitud. No tengo muchas palabras. De verdad, no hay forma de definir lo que uno siente cuando recibe algo así. Porque nunca imaginamos que recibiríamos lo que recibimos. Nunca imaginamos que, después de todo aquello, llegaríamos a tener lo que tenemos hoy. Nunca lo imaginamos.”