Preguntas y respuestas de entrevista con la fundadora de Aldea Global

Fundadora de Aldea Global

En 1989, Karen Foreman creó el programa Aldea Global y comenzó a moldearlo hasta alcanzar el éxito del que disfruta actualmente.

Durante los siguientes 30 años, el programa logró conectar a miles de voluntarios y familias de todo el mundo, mientras trabajaban unidos para construir y mejorar lugares a los cuales llamar hogar.

Ahora, como Asesora Senior de la oficina de área de Hábitat América Latina y el Caribe, Karen recuerda sus experiencias con Hábitat y Aldea Global, al tiempo que espera que estos esfuerzos continúen creciendo para ayudar a más comunidades alrededor del mundo.

P: ¿Cuándo escuchó por primera vez sobre Hábitat y qué la impulsó a trabajar con Hábitat?

R: Estudié en la Universidad de Furman en Greenville, Carolina, donde el capellán tenía una estrecha relación con Millard Fuller. Una de mis amigas fue a Americus, Georgia, como voluntaria, y terminó quedándose por tiempo prolongado.

Después de completar mis estudios universitarios, estaba viajando y pasé por Americus para visitar a mi amiga, cuando mi vehículo fue violentado. Mi amiga, Dianne Hall, y su esposo me llevaron a almorzar y comenzamos a charlar sobre Hábitat y sus programas internacionales. Luego pasé el resto del día en la sede de Hábitat conociendo más sobre la organización mientras hacía llamadas tratando de convencer a alguien de aceptar mis cheques de viajero.

Al final todo se solucionó, pero yo no dejaba de pensar en Hábitat y su misión. Yo buscaba una experiencia internacional y sabía que quería incorporar mi fe a ella.  Hábitat me ofreció esta oportunidad tan interesante y única para hacer ambas cosas, así es que hice una solicitud y me convertí en voluntaria internacional.

Fui voluntaria en Zaire [actualmente el Congo], durante 3 años y medio. Cuando mi período de servicio concluyó, se me pidió que regresara a Americus e iniciara lo que hoy se conoce como el programa Aldea Global.

Karen Foreman creó el programa Aldea Global y comenzó a moldearlo hasta alcanzar el éxito del que disfruta actualmente

P: ¿Cómo inició el programa Aldea Global?

En ese momento, no se contaba con un programa o una estructura formal para los viajes. Se nos acercaban voluntarios interesados en viajar al exterior con nosotros, pero debíamos crear un programa oficial – esa era mi tarea. Me enfoqué en el concepto de una Aldea Global y en lo que consideramos debería ser.

Aldea Global nos dio la oportunidad de exponer a las personas de forma breve al trabajo que Hábitat para la Humanidad realiza a nivel internacional y ayudarnos a identificar a las personas que estarían interesadas en convertirse en voluntarios a largo plazo. Todo lo que necesitábamos era un flujo constante de voluntarios y una fuerza impulsora que nos ayudara a hacer crecer el programa y alcanzar las dimensiones que tiene hoy.

P: ¿Por qué considera que el programa Aldea Global ha logrado mantenerse durante 30 años? ¿De qué forma le gustaría ver su impacto crecer?

R: Aún tiene esa identidad de “arróllate las mangas y haz algo”. Aldea Global le ofrece a las personas la oportunidad única de una participación práctica, al tiempo que les permite tomar acciones y dejar de ser un espectador.

Ahora el mundo es más global de lo que solía ser cuando Aldea Global inició – la sensibilización y el conocimiento han crecido. Las personas están más dispuestas a  ir y tienen deseos de ir, y los países a los que van se están tornando más asequibles. La visión inicial fue esta idea de proyectos patrocinados – enfocarse en cómo aquellos con acceso a recursos ayudan a los que no lo tienen. Pero, ahora, Aldea Global trata también de “cómo lograr que las personas vean la necesidad dentro de su propio país”.

Crea un ambiente de igualdad, para los voluntarios y la comunidad anfitriona. Muchas personas acuden pensando que van a dar, pero regresan de su viaje percatándose de que realmente fue más lo que recibieron.

Da a la comunidad anfitriona la oportunidad de interactuar con personas de distintos países y dar la bienvenida a estos voluntarios entrantes como iguales, al compartir sus estilos de vida y alimentos con ellos. Es una experiencia transformadora.

Todas estas piezas de promover dignidad, esperanza y desarrollo transformador que constituyen los principios de la misión de Hábitat pueden encontrarse en la experiencia Aldea Global. Cada persona debería tener esta oportunidad.